11 Mar 2017 - 3:04 p. m.

¿Tomaría agua del Ártico a $280.000 la botella?

Los expertos alertan sobre las graves consecuencias medioambientales de derretir trozos de icebergs para vender ‘agua de lujo’ y promover una nueva industria.

Redacción Medio ambiente

La empresa Svalbardi comenzó a vender este año agua sacada de icebergs del archipiélago de Svalbard, en el Ártico, que pertenece a Noruega. Cada botella de 750 mililitros tiene un costo aproximado de $280.000. ¿La compraría?

Esta poderosa industria cada vez va cogiendo más fuerza. España, Alemania y Estados Unidos fueron los primeros países en hacer parte de este mercado de ‘agua de lujo’ donde los restaurantes costosos y los famosos son los principales compradores.

Aunque el agua es un derecho humano, también es cierto que puede tener precio. La discusión radica en cuánto es el valor razonable, de dónde se está obteniendo el recurso y cuáles serían las consecuencias ambientales de ello.

Detrás de esta ambiciosa idea está el empresario de Wall Street, Jamal Qureshi, quien después de visitar en 2013 el archipiélago, regresó a su país con agua derretida de un iceberg para que su mujer pudiera prepararse el té. Ahora su empresa utiliza grúas y una gran red para sacar 30 toneladas de hielo al año, que luego se venderán, en exclusiva, a los almacenes de lujo Harrods, en Londres, y a través de su página web.

La compañía pretende vender entre 25.000 y 35.000 botellas de agua glaciar con “el sabor de la nieve en el aire” cada año, y aunque algunos expertos, como el glaciólogo Francisco Navarro, aseguran que es una porción “insignificante comparada con el volumen anualmente por glaciares del archipiélago”, lo que sí es grave es la contaminación “generada por los barcos”, le dijo a El País de España.

Toda la cadena de producción que significa llevar a la mesa de algún restaurante, de cualquier país del mundo, un trozo de iceberg derretido es lo que podría generar consecuencias nefastas, más si la industria se sigue expandiendo. La energía necesaria para recoger el hielo, transportarlo, producir las botellas de plástico o de vidrio, distribuir el producto a las tiendas y los residuos producidos al final, son tan solo algunos de los puntos que podrían acelerar el deshielo en el Ártico dado que aumenta la huella de carbono en el planeta.

Sin embargo, Qureshi le dijo a El País que ellos cuentan con “el certificado de empresa libre de carbono. Además, solo utilizamos icebergs que ya están flotando en el mar y que, por lo tanto, no podrían ser usados por los osos polares u otros animales”. También ha dicho, para tranquilidad de sus críticos, que un porcentaje de sus ganancias las dona a Global Seed Vault, un centro que guarda todas las variedades de semillas que existen en el mundo para garantizar su supervivencia en caso de un desastre natural.

A largo plazo las consecuencias podrían ser mayores. En enero de este año, el hielo del océano Ártico registró las cifras más bajas de los últimos 38 años. Los 13,38 millones de kilómetros cuadrados de superficie que estaban contabilizados suponen una pérdida de 260.000 kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la del Reino Unido.

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