20 Sep 2015 - 6:35 p. m.

Tras una búsqueda ecoteológica

Los alcances de la encíclica papal Laudato si’ y la relación que tiene con la espiritualidad, la vida en la ciudad y la deuda de los países más contaminantes se debatirá también durante el encuentro por la Justicia Climática, que se realizará a partir de este domingo en Bogotá.

Redacción Bogotá

En junio de este año, el papa Francisco publicó una encíclica trascendental. Y lo es no sólo por la importancia que para los católicos tienen estos escritos, máximas que marcan nuevas direcciones espirituales y cierran ciclos, sino porque está dirigida a todos aquellos que sin importar sus creencias puedan contribuir a detener la degradación del mundo, “la casa común que Dios nos ha confiado”, dice.

“Urgentes e imperiosas” son las estrategias contra el cambio climático que debemos adoptar según la encíclica Laudato si’ (Alabado seas), la primera que ha escrito Jorge Bergoglio. Un llamado histórico que propone una “audaz revolución cultural” por la protección del medio ambiente. Una urgente revisión de los modelos económicos y de la deuda ecológica que tienen los países más ricos y más contaminantes con los países pobres que sufren los impactos de ese “desarrollo”.

Una responsabilidad ética y moral que requiere regulaciones más allá de los discursos y que, como era de esperarse, no ha dejado de suscitar controversia, en especial entre algunos políticos, empresarios y medios conservadores de Estados Unidos y Europa, que creen que el papa Francisco no le compete opinar sobre el tema.

Para quienes consideran, en cambio, que la realidad del cambio climático nos afecta y pertenece a todos, los alcances de esta encíclica papal y la relación que tiene con la espiritualidad y la vida en la ciudad se debatirán durante el Encuentro por la Justicia Climática, que se realizará en Bogotá, del 20 al 23 de septiembre.

La encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de nuestra casa común, marca un hito que refleja la responsabilidad ambiental que deben tener las religiones e incorpora nuevos horizontes de sentido en la Tierra. Una dimensión espiritual, ética y teológica que debe ser considerada para enfrentar la vida, que va más allá de ser un asunto técnico o político, porque empieza desde un cambio de cultura y de búsqueda de la felicidad, donde se cuestione qué se compra y qué se consume.

Esto cree el profesor Alirio Cáceres, coordinador de la Mesa Ecoteológica Interreligiosa de Bogotá, quien buscará ahondar sobre este asunto en su charla introductoria: “El cambio climático en perspectiva de lo sagrado”.

Y es que esta encíclica papal, guardando las proporciones, es también una versión contemporánea del Cántico de las criaturas. Un cántico religioso que compuso el más reconocido ambientalista de la Iglesia católica: San Francisco de Asís. Poco antes de su muerte, a finales de 1224, Francisco, enfermo y casi ciego, lo compuso para alabar a todas las criaturas y fuerzas terrenales. Una obra de agradecimiento a la naturaleza, cuya vigencia no puede ser mayor en estos tiempos, afirma el sacerdote y filósofo colombiano José Eriberto Parra.

¿Qué tan estrecha es esa relación entre teología, cambio climático, ciudades y justicia climática? Será el tema que varios expertos internacionales, invitados a este encuentro en Bogotá, buscarán enriquecer. Allí estarán Manuel Guzmán Hennesey, profesor y director de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamerica Network; Arianne van Andel, teologa protestante coordinadora del Área Justicia Ambiental del Centro Ecuménico Diego de Medellín (de Santiago de Chile) y Neddy Astudillo, ecoteóloga y pastora de la Iglesia presbiteriana en Estados Unidos (PCUSA), entre otros.

Al cierre de este seminario se harán aportes a la declaración final del encuentro por la Justicia Climática, que busca multiplicar un mensaje renovador sobre la importancia del cambio climático. Un mensaje clave, sobre todo este año, cuando se realizará, a finales de noviembre y comienzos de diciembre, la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que va detrás de un nuevo acuerdo internacional, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC y buscar reemplazar el Protocolo de Kyoto, suscrito en 1997.

Hay quienes creen, por lo pronto, que todo empieza con voluntad política, aunque a veces ni eso es suficiente. A finales de julio, tras su viaje al Vaticano, precisamente durante un evento sobre medio ambiente y desafíos para enfrentar el cambio del clima, el alcalde Gustavo Petro afirmó que en el mundo se está forjando una red de ciudades y movimientos sociales, políticos y religiosos que trabaja para salvar al planeta.

Una red en la que ha participado Bogotá, pese a que no se pudo implementar en ésta el Plan de Ordenamiento Territorial alrededor del agua, suspendido por decisión judicial. Sin embargo, el debate, por su importancia, se seguirá dando en varios escenarios, seminarios, conferencias e iglesias, como propone este Encuentro por la Justicia Climática.

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