Tres artistas por el medio ambiente

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Dos artistas y un colectivo artístico realizan intervenciones para generar conciencia sobre la problemática ambiental.

Pensar el agua como oro
 
El cuarto está oscuro y en el centro está suspendida una atarraya. Pero no una común, sino una que está tejida con hilos de acero, para que el tiempo no la olvide. Detrás, proyectado sobre la pared, hay un video de un ciclo monótono que cambia del día a la noche. La instalación la creó la artista antioqueña Marina Sánchez, Marla, como una propuesta para concientizar sobre el recurso del agua.
 
“La atarraya, con su presencia de tejidos amistosos, impactó la supervivencia del hombre desde su creación. Hoy podría verse como un medio romántico para obtener los frutos del mar, ríos y otras masas de agua… La atarraya es sostenible y la necesitamos para poder seguir teniendo los mares”, explica la artista contemporánea frente a su obra.
 
Lo suyo siempre ha sido concientizar sobre la importancia del agua. Junto con la instalación Atarraya presentó la obra El agua es oro en la exposición El arte al natural, que se llevó a cabo entre mayo y junio de este año en el Museo de Arte y Cultura de Colsubsidio. En ella intervino 28 botellones de agua, de 25 litros cada uno, para que pareciera que estaban compuestos de oro.
 
“En este montaje lo visual funciona mucho, porque el brillo de los botellones es lo único que está iluminado”, explica Marla. La metáfora, si así se puede llamar, parte de que la gente se dé cuenta de que el agua es tan preciosa como el oro. En la instalación se puede jugar con los botellones, cargarlos e interactuar con ellos para que esa escena de galones de agua pintados en oro se quede grabada en la cabeza.
 
El ecoteatro de Vagones
 
En 50 años va a existir una familia que ya no tendrá recursos naturales y la única solución que encontrará es sembrar y cultivar latas. Con esta crítica de lo que podría ocurrir en el futuro, el colectivo artístico Vagones S.A. pone en escena una problemática que preocupa a los siete fundadores de la compañía desde que empezaron en 2012: el deterioro del ambiente.
Por eso, en su obra Jardín de lata, que se estrenará el 18 de septiembre en Danza Teatro, todo será reciclado. Desde la escenografía, hasta los vestuarios, e incluso las boletas.
 
“Cuando estábamos creando los estatutos del grupo, el punto en común era lo que estaba ocurriendo con el planeta y los animales. Teníamos esa preocupación y terminamos asesorándonos con un ecólogo”, explica Alejandra Benavides, directora del colectivo.
 
Como tradición tienen establecido que los asistentes a la obra lleven alguna donación. Y aunque muchas veces piden cosas que los niños puedan utilizar, en el caso de la obra Jardín de lata los miembros del colectivo quieren recoger cosas que les sirvan a los animales.
 
Además, durante la Semana por la Paz, que también se desarrollará en septiembre, el colectivo realizará una intervención en la Zona T con 70 artistas en escena. “Imagínese 10 músicos tocando en la calle y que, de repente, empiecen a llegar primates de un lado y aves por el otro, reptiles que escalan”, es como Benavides describe el escenario que se vivirá con su obra Zoológico humano.
 
La expedición botánica de las calles
 
La expedición botánica de Bogotá, de la artista Catalina Gómez comenzó hace cuatro o cinco años. Caminó y se metió en las quebradas escondidas de la ciudad, pero terminó interesándose más por la flora escondida en las calles de Teusaquillo, La Soledad y Palermo, barrios que frecuenta. Se podría decir que su trabajo ha estado enfocado en las “malas hierbas”, esas que nacen peleando contra el cemento, moho en los muros, y que cualquier jardinero arrancaría porque se ven mal. Dibujándolas en papeles que encuentra en la calle ha buscado darles un nuevo significado.
 
“Intento rescatar las exposiciones de la tradición botánica y dibujo en vivo, no de copias y de fotos, usando tinta china, estilógrafo y esfero. Las plaquetas son en blanco y negro porque de alguna manera son plantas que se han quedado en mundo”, explica la artista de Medellín sobre su proyecto Expedición Urbánica.
 
En su obra, que ha sido expuesta en Casa Tomada, la primera edición de la Noche en Blanco y en el Centro Local de Artes para la Niñez y la Juventud en Kennedy, dirigido por Idartes, no sólo dibuja las plantas olvidadas, sino que les da un nuevo nombre distinto al científico o de uso común. Por ejemplo, al diente de león lo bautizó “mata pinuda”, y entre sus plaquetas también se encuentran el “siempregato” y la “margaritus estrellatus del marus”.
“Lo que quiero generar principalmente es la conciencia de la flor urbana en la ciudad. Muchas tienen usos y no los conocemos. No hay que ignorar lo que el hombre impide que crezca”, afirma Gómez.
 

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