24 Jul 2013 - 10:00 p. m.

Un ambientalista y un palmero frente a frente

Alberto Galán Sarmiento, director del Fondo Patrimonio Natural, y Juan Carlos Espinosa, director ambiental de Fedepalma, hablaron sobre coincidencias y desacuerdos en torno al desarrollo de la Orinoquia.

Redacción Vivir

La Orinoquia colombiana es uno de los últimos territorios del planeta donde es posible expandir la frontera agrícola y producir una fracción de los alimentos para una población mundial que podría llegar a los 9.000 millones antes de 2015.

La que fue una tierra olvidada y lejana por décadas, de repente se ha convertido en una apetitosa apuesta económica para grandes, medianos y pequeños productores y en una preocupación constante para conservacionistas y ambientalistas por su riqueza biológica e hídrica.

Alberto Galán Sarmiento, director del Fondo Patrimonio Natural, y Juan Carlos Espinosa, director ambiental de Fedepalma, se sentaron frente a frente para detectar puntos en común y desacuerdos sobre esta vasta región de más de 13 millones de hectáreas.

Comencemos con la polémica en torno a Riopaila y la compra de tierras en Vichada. ¿Qué opinan del caso?

Espinosa: hay dos interpretaciones a tener en cuenta aquí: el acceso a las tierras y las actuaciones particulares de una empresa. Como Fedepalma opinamos sobre lo primero. La discusión importante es que aquí estamos en un limbo. Desde hace varios años el Gobierno viene planteando desarrollos a gran escala en la Orinoquia, pero después de que se montan las inversiones se comienza a hablar de un tema de acceso a tierras y de retroactividad de una ley. Uno se pregunta dónde está la confianza inversionista.

Galán: el sector empresarial siempre pide reglas claras y en ese sentido el Estado debe ser riguroso. Si el Estado pone unas reglas en torno a la Unidad Agrícola Familiar, pues tiene que hacerlas respetar. Y eso no sólo le da confianza al sector empresarial sino a la comunidad en general. Buena parte del conflicto ha estado en torno a la tierra en este país. Se tiene que ser particularmente cuidadoso porque se puede alimentar más fuentes de conflicto. De 13 millones de hectáreas que hay en la altillanura de la región, 6,5 millones ya fueron tituladas. Se debe ser consecuente con eso. Y eso incluye abrir oportunidades de desarrollo empresarial a pequeños y medianos propietarios.

¿Fedepalma está de acuerdo con un modelo pensado para los pequeños y medianos productores?

Espinosa: por supuesto, cualquier modelo que se piense debe respetar la historia de los títulos. Eso nadie lo puede negar. Y un gremio como el palmero, con interés en la Orinoquia, lo que menos quiere es repetir otros casos del país donde las tierras se han adquirido con toda clase de vicios. Ese no es el modelo que quiere Fedepalma. Lo que busca el sector palmero, si bien requiere cierta escala, no significa que sea un modelo de grandes propietarios. Se necesitan ciertos núcleos palmeros en los que uno tenga una planta de beneficio y cierta área sembrada que pueda suplir esa planta y la haga competitiva. Eso no quiere decir que esa área sembrada sea de un solo propietario.

Galán: el gobierno colombiano está a tiempo de hacer un ordenamiento de la altillanura y la Orinoquia en general. Donde busque armonizar la actividad productiva con objetivos de conservación, que son fundamentales porque la Orinoquia tiene un suelo sensible y tiene grandes humedales. Hacer compatibles los dos objetivos es posible si se cumple con los mejores estándares de producción. Eso implica que los empresarios reconozcan el territorio en el que están. Pero hay un precedente que es preocupante. En 2011 se sacó un decreto que elimina la exigencia de licencias a proyectos de gran escala. En esta región se necesita al Estado para que las cosas funcionen. Si hay algo que no tiene la Orinoquia es Estado.

Espinosa: en eso coincidimos. Esta es un área con un gran potencial productivo y de conservación, pero es poco el ordenamiento que uno ve desde el Estado. Es una zona que se estudia mucho, pero al sector productivo no le llegan indicaciones claras de las zonas donde puede y no puede hacer un desarrollo agrícola o forestal. Otra cosa importante es que es una zona donde hay grandísimas distancias y poca infraestructura. Hoy están sembradas de palma todas las áreas que se necesitan para suplir el mercado nacional. Es decir, cada hectárea de palma que se siembre es para exportar. Pero hoy vale más traer una tonelada de aceite de Indonesia a Santa Marta que de Villavicencio a Santa Marta.

Galán: yo tengo una diferencia en ese punto. Creo que todo empresario, por interés personal y responsabilidades sociales, no puede delegar en otro el buen manejo del territorio propio. Entonces es responsabilidad de los empresarios saber qué pueden y qué no pueden hacer en su territorio. Tenemos que construir una mentalidad distinta. No es el Estado por allá y los empresarios por acá. Es un territorio de todos y lo tenemos que manejar inteligentemente.

Espinosa: coincido parcialmente. Uno debe ser responsable con su entorno ambiental y social. Eso es clave. Desde Fedepalma estamos empujando en esa dirección. Pero también creo en el refrán de zapatero a tus zapatos. Si bien los palmeros deben incorporar en su gestión el tema ambiental, otra cosa es detectar las zonas de conservación prioritaria para el país, pues eso le corresponde al municipio, a la corporación, a los institutos y ONG ambientales.

Galán: hay herramientas que benefician al sector productivo y al sector ambiental. Entre ellas las evaluaciones ambientales estratégicas. Ahí usted consigue anticipar la sumatoria de impactos por distintas actividades. Y el Estado debe hacer esas miradas estratégicas. No se puede mirar mina por mina o finca por finca. Usted tiene que entender no las consecuencias de una mina sino de 500. Y no de una hectárea de palma sino de 100.000. Pero recordemos también que aquí no se han cobrado tasas retributivas al sector agropecuario, y éste no se ha preocupado por que se cobre. Y ahora que llegó la amenaza minera sabe que es algo que le habría convenido.

¿Creen que los palmeros están dispuestos a escuchar a los ambientalistas?

Espinosa: depende. Hay muchas clases de ambientalistas. Yo soy ambientalista. Pero también creo que ambientalismo a ultranza no lleva a ningún lado. Porque hay que ser realistas en cuanto a la sociedad en que vivimos. Quiero referirme a algo clave que es el tema estratégico regional. Es la única forma de ver un territorio en conjunto. Siempre habrá intereses sobrepuestos.

Siendo realistas, pensando en la historia del país, ¿cómo se imaginan la Orinoquia en 20 años?

Galán: a mí esa palabra realismo me parece interesante porque la gente la asocia con ser práctico. Se piensa que hemos sido de una manera y no podemos ser diferentes. Ahora el Gobierno tiene una gran responsabilidad y oportunidad para ver a la Orinoquia de forma diferente. Si hay algo en lo que debemos estar de acuerdo los empresarios y quienes nos preocupamos por la conservación es que se necesita un Estado más fuerte en esa región. En esa zona donde hay 6 millones de hectáreas tituladas, es ridículo que se recoja sólo $6.000 millones de predial. No quiero imaginarme una Orinoquia que sea el desastre que hemos vivido antes por la violencia o el capitalismo empresarial desbordado.

Espinosa: cuando uno habla de 13 millones de hectáreas es la oportunidad de ser estratégicos. No sólo en conservación, sino en servicios públicos, infraestructura, todos aquellos temas que deben acompañar a una actividad productiva. Me imagino en 20 años una región bien planificada.

Nos acercamos a los 9.000 millones de seres humanos. Eso hace que la Orinoquia deje de ser una discusión local.

Espinosa: es un tema clave. Si uno ve cuántas personas nacen al año y piensa que la dieta de esas personas corresponde en un 25 a 30% a aceites y grasas, entonces la demanda de alimentación simplemente va a seguir creciendo. El aceite de palma y palmizcle es el más productivo a nivel mundial, comparado con cualquier oleaginosa. De una hectárea salen en promedio 4 toneladas de aceite. Ninguna da ese rendimiento. No llegan ni siquiera a una tonelada.

Galán: el Gobierno debe tener unos objetivos de país bien definidos. El concepto de la soberanía alimentaria va a adquirir más fuerza con el tiempo. Debemos tomar decisiones estratégicas y saber cuánto autoabastecernos y cuánto depender de otros países.

Comparte:
X