28 Sep 2018 - 12:32 p. m.

Un oasis de agua líquida preservó la vida marina durante la última Edad del Hielo

La vida microscópica sobrevivió gracias a un oasis polar, un agujero en el hielo antártico llamado polinia, que se mantuvo abierta durante al menos 5.000 años, cuando el entorno estaba cubierto en gran medida por hielo.

Beatriz de Vera / Agencia N+1

Durante la última Edad de Hielo, la vida microscópica sobrevivió gracias a una especie de oasis polar, un agujero en el hielo antártico que recibe el nombre ruso de polinia, que proporcionó alimentos a peces y mamíferos que no habrían podido conseguir de otra manera durante este período. Evidencias de este espacio abierto de agua entre los continentes congelados y el océano, han sido encontradas por científicos del Geological Survey of Norway (NGU) y las universidades Ártica de Noruega y de Plymouth (Reino Unido).

La polinia se mantuvo abierta durante al menos 5.000 años, cuando el entorno estaba cubierto en gran medida por hielo, y la circulación oceánica mundial era mínima, según el estudio, publicado en Nature Communications. Sus autores creen que los hallazgos son de importancia internacional, ya que muestran la vulnerabilidad de los ecosistemas marinos en los océanos del norte a los períodos de cambio climático rápido, pero también su adaptabilidad a diversos estados climáticos extremos.

Los investigadores recuperaron un núcleo de sedimentos del fondo del océano en el suroeste del mar de Barents, una región al norte de Noruega de gran importancia para la industria pesquera actual. Mientras que los noruegos fechaban el núcleo y analizar restos fosilizados de organismos biológicos preservados en su interior, el grupo de Plymouth realizó un análisis de las huellas dactilares químicas de las algas que vivían en la región en el pasado. "Buscando evidencia de vida biológica en los sedimentos en el fondo del océano, encontramos que entre los océanos cubiertos de hielo marino y las capas de hielo en la Tierra, debe haber habido un corredor libre de hielo que se extendía a lo largo de cientos de kilómetros hacia el Ártico", cuenta Jochen Knies, investigador científico de NGU y la Universidad Ártica de Noruega, y autor principal del estudio.

Trágica desaparición

Sin embargo, durante un período posterior de cambio abrupto del clima hace unos 17.500 años, el agua dulce fría derritió los casquetes de hielo causando que todo el océano septentrional quedara cubierto por un grueso hielo marino y la polinia desapareció. Esto resultó en una disminución dramática en la vida marina y tardó hasta 2.000 años en recuperarse. (Lea: Este es Dickinsonia, el primer animal conocido que pobló la Tierra)

Estos agujeros en el hielo antártico son en realidad bastante frecuentes. Según contaba a Bustle Rob Sherrell, profesor del Departamento de Estudios Marinos y Costeros de Rutgers, hay alrededor de 40 "polinias recurrentes que se abren cada verano alrededor de la costa antártica. Son, en su mayoría, el resultado de los cambios estacionales en los vientos”. Tales polinias son comunes en la Antártida y en Groenlandia y se forman a través de una combinación de vientos marinos que soplan desde las capas de hielo cercanas y aguas cálidas que se elevan desde las profundidades oceánicas. En áreas de frío extremo y poco acceso a los alimentos, las polinias proporcionan un oasis para que los mamíferos marinos puedan sobrevivir y también son fundamentales para la circulación oceánica mundial.

Durante esta última Edad de Hielo, una enorme capa helada ocupó la mayor parte del norte europeo, extendiéndose desde las lejanas islas británicas hasta el Ártico Siberiano. Con solo pensar en sus dimensiones y blancura interminable, podríamos darnos una idea de la hostilidad del panorama europeo durante aquella época. El año pasado, un equipo de científicos noruegos logró construir en detalle el colapso de la Capa de Hielo Euroasiática al final de esta era: el colosal derrame hizo estragos en toda la península europea, ocasionando, entre otros eventos, que Gran Bretaña se separara del continente europeo (esta vez, físicamente), hace 10.000 años. (Puede leer: Los primeros depredadores tuvieron dientes que se regeneraban)

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