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Un carro eléctrico gasta más batería cuando mantiene velocidades altas, especialmente en carretera. No existe una velocidad única que aplique para todos los modelos, pero los datos disponibles muestran que la pérdida de autonomía se vuelve más evidente cuando el vehículo pasa de velocidades moderadas, como 80 km/h, a ritmos de autopista, por encima de 100 o 110 km/h.
La explicación no está solo en la batería ni en el aire acondicionado. A mayor velocidad, el carro necesita más energía para vencer la resistencia del aire. Por eso, aunque un conductor sienta que va “estable” en carretera, el vehículo puede estar consumiendo mucha más energía que en un trayecto más lento.
La velocidad pesa más de lo que parece
La diferencia puede ser grande. Una furgoneta eléctrica con batería de 65 kWh, a 30 °C y con aire acondicionado encendido, puede tener una autonomía aproximada de 230 kilómetros si circula a 80 km/h. Si sube a 96 km/h, baja a 195 kilómetros. A 113 km/h cae a 166 kilómetros y a 129 km/h queda en 142 kilómetros. Es decir, entre 80 y 129 km/h, la autonomía baja 39 %.
El patrón también aparece en sedanes eléctricos, aunque con menor impacto por su diseño más aerodinámico. En ese caso, la autonomía pasa de 446 kilómetros a 80 km/h a 404 kilómetros a 96 km/h, 364 kilómetros a 113 km/h y 322 kilómetros a 129 km/h. La caída entre la velocidad más baja y la más alta es de 28 %.
Los datos son de Geotab, empresa especializada en telemática, vehículos conectados y gestión de flotas. Su análisis se basó en informaciónde más de tres millones de viajes de vehículos eléctricos ligeros.
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¿Por qué se gasta más batería al ir rápido?
La razón principal es física. La resistencia aerodinámica aumenta con el cuadrado de la velocidad. En palabras sencillas, cuando el carro va más rápido, no solo avanza más rápido; también debe hacer mucho más esfuerzo para abrirse paso contra el aire.
Por eso, el salto de consumo no se siente de forma lineal. Pasar de 80 a 100 km/h puede notarse, pero acercarse a 120 o 130 km/h puede afectar mucho más la autonomía, sobre todo en vehículos grandes, altos o menos aerodinámicos.
Geotab también encontró, en otro análisis sobre temperatura y velocidad, que la autonomía máxima de un sedán eléctrico podía alcanzarse cerca de 30 km/h y la de una furgoneta cerca de 26 km/h, a una temperatura de 20 °C. Sin embargo, la propia fuente advierte que esas velocidades son poco prácticas para la conducción diaria.
Ese dato sirve para entender que la velocidad más eficiente no siempre coincide con la velocidad real a la que se maneja en ciudad o carretera.
Ciudad, carretera y frenado regenerativo
Un carro eléctrico puede aprovechar mejor algunos recorridos urbanos porque recupera parte de la energía al frenar. En ciudad hay más paradas, desaceleraciones y arranques, lo que permite usar el frenado regenerativo.
En carretera, en cambio, el vehículo suele sostener una velocidad alta durante más tiempo y frena menos, así que esa recuperación de energía pesa menos.
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De hecho, la eficiencia de un eléctrico puede superar el 94 % en ciudad cuando se considera la energía recuperada por frenado regenerativo, mientras que en carretera llega al 77 %, según explica FuelEconomy.gov, portal especializado en eficiencia vehicular del Departamento de Energía y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Eso no significa que la ciudad siempre sea mejor para la batería ni que todos los trayectos urbanos consuman poco. La aceleración brusca, las pendientes, el peso del vehículo, la presión de las llantas, el tráfico y el uso de climatización también influyen. Pero sí ayuda a entender por qué la carretera a alta velocidad suele castigar más la autonomía.
Algunas recomendaciones
En la práctica, la recomendación más útil no es buscar una cifra exacta, sino entender el rango. Si la prioridad es cuidar la autonomía, conviene evitar velocidades altas sostenidas, especialmente por encima de 110 o 120 km/h. Bajar de 112 km/h a 96 km/h puede aumentar la autonomía entre 10 % y 20 %.
También ayuda conducir con suavidad, evitar aceleraciones y frenadas bruscas, preacondicionar el habitáculo mientras el carro está conectado, usar el aire acondicionado de forma eficiente y revisar la presión de las llantas.
La batería no se acaba solo por encender el aire o por hacer un viaje largo. Muchas veces, la diferencia está en el pie derecho, ya que sostener velocidades altas obliga al carro eléctrico a gastar más energía para vencer la resistencia del aire.
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