Cuando el cuerpo lee una situación intensa, ya sea una “buena” o “mala”, —categorías que solemos utilizar para describirla—, activa una respuesta que puede sacarnos de una zona segura. Qué buena comparación podríamos hallar en el momento exacto en el que una montaña rusa o un columpio descienden por completo y, al instante, vuelven a pasearse por los aires: el vértigo y el cosquilleo asustan tanto como divierten.
El Instituto Español de Formadores de Salud explica que esta reacción está regulada por el sistema nervioso simpático y prepara al organismo para actuar. Para eso, aumenta el ritmo cardiaco, se tensan los músculos y el flujo sanguíneo se redirige hacia zonas prioritarias como el corazón y las extremidades.
Pero, ¿alguien quiere pensar en el sistema digestivo?
Al reducirse temporalmente el flujo sanguíneo en el estómago y los intestinos, se altera su funcionamiento. Digamos que deja de ser prioritario, y esa disminución tan repentina de actividad digestiva —además de las evidentes señales nerviosas que llegan desde el cerebro—, producen la sensación de aleteo o vacío abdominal. Sí: las populares “mariposas en el estómago”.
La académica Diana Patricia Guízar Sánchez, citada en Revista UNAM Global en el artículo ¿Por qué sentimos «mariposas en el estómago»?, de Michel Alejandra Olguín, advierte que este “paradójicamente, es el mismo sistema que se activa cuando nos da miedo y queremos huir”. Durante el enamoramiento, explica, se libera adrenalina y ocurre un proceso similar: más sangre hacia músculos y menos hacia órganos como el intestino y el estómago.
En otras palabras, el cuerpo está reaccionando como si tuviera que correr o escapar del amor. Quién lo diría.
Tal vez no lo sabía, pero el sistema digestivo tiene su propia red neuronal. Se trata del sistema nervioso entérico que, según la explicación, es una estructura con más de 100 millones de neuronas que recubre el tracto gastrointestinal y que, aunque funciona de manera autónoma, mantiene comunicación constante con el cerebro.
Cuando experimentamos situaciones que provocan nervios o que simplemente son nuevas, se activan reacciones en el estómago porque existe un intercambio permanente de señales entre ambas estructuras. Esa comunicación bidireccional explica por qué no solo sentimos las emociones (aunque suene un tanto obvio), sino que también las trasladamos al plano físico.
Y aunque está claro que una de las culpables es la adrenalina, no es la única. Durante el enamoramiento intervienen neurotransmisores como serotonina, noradrenalina y dopamina. Pero, si quiere leer más al respecto de cómo vivimos nuestros romances, le compartimos: La química del corazón: las hormonas que hacen que nos enamoremos
Las mariposas no son tan simbólicas, al parecer, pues también se indica que la serotonina está relacionada con alteraciones gastrointestinales e, incluso, con cambios inmunológicos. Y, como ellas, la intensidad que provoca el enamoramiento tampoco es permanente. De acuerdo con el mismo artículo, “todo lo nuevo de la relación genera una expectativa y conforme se conoce a la persona se sabe qué esperar, y con el tiempo ya no se liberan esas mismas sustancias que surgen cuando hay miedo”, explica la profesional.
Por eso, nuestra lectura recomendada para usted es, en esta ocasión: ¿Cuánto dura la fase de enamoramiento en una relación?
¿Existe alguna forma de poder controlar las mariposas?
No es posible eliminar por completo esta reacción porque forma parte de un mecanismo automático del organismo. Es como si pudiéramos evitar la piel de gallina o la nariz roja cuando hace mucho frío.
Aún así, el Instituto Español de Formadores de Salud, que también mencionamos al inicio, asegura que las técnicas como la respiración consciente, la meditación, el ejercicio o la preparación previa ante situaciones “estresantes” pueden disminuir la activación del sistema nervioso simpático. Un aleteo a la vez.
¿Recuerda cuándo fue la última vez que sintió esas mariposas en el estómago? Lo leemos en los comentarios.
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