
Foto: El Espectador
“Si no puedes con ellos, funda una iglesia”. Eso pareció haber pensado el rey Enrique VIII de Inglaterra, para disolver su matrimonio con Catalina de Aragón, su primera esposa. Algo que la Iglesia católica romana se negó a autorizar en su momento.
Y cualquiera creería que, seguro, eso sirvió como precedente para todos los que querían separarse. Pero, en realidad, fue más un privilegio que una regla. No había muchas vueltas para darle al asunto: casado era casado hasta que uno de los dos partiera del plano terrenal.
En 1534 se creó...

Por Paula Andrea Baracaldo Barón
Comunicadora social y periodista de último semestre de la Universidad Externado de Colombia.@conbdebaracaldopbaracaldo@elespectador.com