21 Aug 2020 - 12:16 a. m.

Abel Rodríguez: adiós al maestro de maestros en Bogotá

Luego de un sinnúmero de luchas, a sus 72 años no pudo ganar la más importante: la batalla contra el COVID-19. Docentes, políticos y sindicalistas lo rememoran como el principal gestor de grandes transformaciones a favor de la educación.
El profe Abel Rodríguez Céspedes promovió el Estatuto Docente.
El profe Abel Rodríguez Céspedes promovió el Estatuto Docente.

“La educación es la principal herramienta para combatir la pobreza”. Esta fue la máxima de vida del profe Abel Rodríguez Céspedes, que lo llevaron a dar grandes batallas que generaron cambios a favor de los docentes y los estudiantes en los últimos 50 años en el país, que sentaron las bases en las que hoy se apoyan quienes continúan su legado. De ahí los múltiples mensajes de pesar por su muerte, a los 72 años, tras perder este jueves su última lucha: contra el COVID-19.

Profesor, líder sindical, concejal, constituyente, viceministro y secretario de Educación de Bogotá fueron parte de sus actividades a lo largo de su vida. Y siempre, desde donde estuvo, su misión fue generar transformaciones. El Estatuto Docente, el Movimiento Pedagógico Nacional, concretar la gratuidad de la educación y mejorar las condiciones de los estudiantes con infraestructuras dignas, alimentación y transporte para evitar la deserción son algunos de sus logros.

Su historia, recogida por varios documentos y entrevistas, muestra un recuento de luchas. Nació en 1948 en Tolima, donde comenzó sus estudios en una escuela del municipio de Piedras. Gracias a su talento obtuvo una beca oficial, que lo llevó a estudiar en la Normal Nacional de Varones de Ibagué, donde se graduó como maestro en 1965. Al ser de una familia humilde y sin la posibilidad de ir a una universidad, empezó a ejercer la docencia en una escuela rural de Algeciras (Huila), de donde saltó después a trabajar en una escuela del barrio San Pablo, en Bogotá.

Con trabajo asegurado, Rodríguez aprovechó para iniciar estudios en la licenciatura de español y literatura en la Universidad Pedagógica. El mundo académico, combinado con la experiencia basada en su historia, la de sus compañeros y la de sus primeros alumnos (llenas de desigualdades y limitaciones) lo llevaron por un camino sin regreso: a pesar de su juventud, se convirtió en un destacado líder en el sector educativo.

Con apenas 22 años, Abel ya era un líder reconocido entre los maestros de la capital. Eso lo llevó en 1970 a la presidencia de la Asociación Distrital de Educadores (ADE), sindicato de los maestros en Bogotá, cargo que lo catapultó un año después a la presidencia del principal sindicado de docentes en el país: la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), siendo quizás el presidente más joven en su historia. Desde allí y durante 10 años batalló por mejorar las condiciones de la educación en el país.

Los logros

Quienes lo conocieron o han escrito sobre su obra, como Luis Eduardo Celis, aseguran que no hay profesor en el país, “ya sea uno de los comprometidos con el Movimiento Pedagógico o con el derecho a la educación, o que haya luchado por los derechos y las garantías de los docentes, que no lo conociera”. Y es que en las batallas de los docentes resulta casi imposible no conocer sus logros.

“Abel Rodríguez fue más que un dirigente sindical que luchó por el derecho a la educación en condiciones dignas y una política educativa para llevar al país a una educación avanzada. Él fue la columna vertebral de toda esa construcción. Si bien no fundó Fecode, sí consolidó la organización junto a un equipo de valientes hombres y mujeres, que sacaron adelante un proceso que tuvo varios hitos”, dijo Miguel Ángel Pardo, secretario de Asuntos Pedagógicos de Fecode.

Desde la presidencia de la Federación de Educadores se le reconocen dos grandes logros a Rodríguez. El primero, y uno de los que hoy siguen agradeciendo, fue la concertación del Estatuto Docente en 1979, el cual no solo estableció condiciones salariales justas para los maestros, sino que fue “pilar de la libertad de cátedra, del ingreso por concurso y la profesionalización de la docencia, que antes era visto como un oficio. Eso fue un avance enorme”, agregó Pardo.

El segundo fue en 1981, cuando impulsó y se puso al frente del Movimiento Pedagógico Nacional, que se convirtió en el sustento para que Fecode propusiera en los 90 la Ley General de Educación, que se concretó en 1994. “Aunque quedamos en la mitad de la tarea frente a la lucha del Movimiento Pedagógico para un proceso educativo más desarrollado, debemos seguir el legado que nos dejó Abel”, expresó William Agudelo, presidente de la ADE.

En la política

Tras dejar Fecode quedó al frente del Movimiento Pedagógico y de paso promovió la creación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), en1986. Gracias a ese liderazgo, terminó en el camino de la política y en 1988 resultó electo como concejal de Bogotá, de la mano de la dirigente liberal Consuelo Salgar de Montejo.

Sin muchos registros de su labor como cabildante distrital, saltó a un escenario nuevamente de protagonismo nacional: participó en la Asamblea Nacional Constituyente, donde su principal apuesta fue la financiación de la educación. En 1995 fue designado gerente del primer Plan Decenal de Educación y luego viceministro de Educación.

Tras su paso por el Gobierno regresó a la cátedra, “esta vez como formador de docentes en maestría en la Universidad de la Salle. Estando allí su alma máter, la Universidad Pedagógica, le confirió el título de Doctor Honoris Causa con el respaldo de los más destacados académicos y pedagogos del país”, escribió Celis.

En 2004 volvió a la escena pública, cuando Luis Eduardo Garzón asumió la Alcaldía de Bogotá y lo nombró secretario de Educación. “Creo que es el último capítulo importante, porque le dio impulso a la educación en la capital. Logró la gratuidad plena, el transporte y la alimentación escolar digna, para garantizar la permanencia, y un salto en la infraestructura educativa. Luego de casi 40 años sin un colegio nuevo, la ciudad construyó 50 y reconstruyó o remodeló más de 200”, agregó Pardo.

Y complementa Agudelo, presidente de la ADE: “Como secretario de Bogotá hizo los mayores aportes y construcción de colegios dignos y se reivindicó la memoria de muchos dirigentes asesinados como Manuel Cepeda y Leonardo Posada. Fue un compañero que hizo grandes aportes para la educación y la defensa de los derechos de los educadores.

El profe Abel salió de la escena pública luego de una investigación que, dicen sus amigos y conocidos, fue promovida por haber pisado callos cuando quiso acabar con los colegios en concesión. “Por la construcción de un colegio en el Mochuelo Bajo, le abrieron un proceso por la compra del lote. Aunque al final lo absolvieron de los cargos penales, le quedó un impedimento para cargos públicos.

A pesar de eso se dedicó a trabajar con un grupo de profesionales a seguir asesorando en políticas educativas. “Hasta el último día de su vida trabajó por la educación, a pesar del destierro al que lo condenaron. Era un hombre de una sencillez profunda. Los nuevos maestros conocen de Abel a pesar de no haber sido testigos de sus luchas. Se nos fue el maestro de maestros en el país. Generaciones enteras de niños, maestros y trabajadores del sector educativo le debemos mucho”, concluyó Pardo.

Su última batalla comenzó a principios de agosto, cuando le confirmaron que tenía COVID-19 y lo tuvieron que hospitalizar. Casi 20 días después perdió la lucha. A pesar de su muerte, queda su legado, el cual tanto los sindicatos como los maestros se comprometieron a mantener vivo por la educación en el país.

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