Bogotá

29 Sep 2013 - 9:03 p. m.

Adiós al sobreviviente del Bronx

Javier Molina murió este sábado en la noche a manos de sicarios que le dispararon en su casa, en el sur de la ciudad. No se descarta que su muerte esté relacionada con el trabajo social que desarrollaba como funcionario de la Secretaría de Integración Social en este foco del microtráfico.

Verónica Téllez Oliveros - vtellez@elespectador.com

Cuando estuvo al filo de la muerte, después de tres tiros que recibió de un jíbaro en la desaparecida calle del Cartucho de Bogotá, hace 14 años, su vida le abrió paso al renacer. Óscar Javier Molina llegó mal herido a un centro de la Secretaría de Integración Social en la carrera 35 con calle 10. Allí se recuperó de sus heridas y recibió el impulso para la nueva vida. Abandonó sus noches de delincuencia y robos, y se internó en un proceso de nueve meses para salir del laberinto de las drogas.

El momento en que Javier llegó herido a uno de los centros de la Secretaría coincidió con la apertura del programa de hogares de paso para los habitantes de la calle. Los funcionarios de la entidad pensaron que podía ser el líder perfecto para que el Distrito pudiera acercarse a esta población. Ese que les hablara a sus parceros y los animara a recibir apoyo, alimento y, por qué no, a rehabilitarse como él lo había hecho.

Después de pasar seis años dedicado a la delincuencia tuvo su primer empleo como trabajador de la Secretaría de Integración Social. Entonces se convirtió en el ‘sobreviviente’, como varios lo llamaban en el Bronx y en cientos de esquinas.

“Me di cuenta de que el habitante de la calle no sólo es un drogadicto, que su condición se debe a un problema de desigualdad y pocas posibilidades”. Esto le dijo Javier a este diario hace ocho meses en un intento por explicar cómo tuvo el tesón para persistir en su trabajo por esos desesperanzados a los que rara vez miramos a los ojos. Dijo también que lo que le agradaba de su tarea como parte del Equipo de Contacto Activo y Permanente de la Secretaría era cuando podía reunirlos con sus familias.

El sábado fue el último día en el que este hombre  estuvo con los habitantes de la calle del Bronx, foco del microtráfico de la ciudad. Hacia las 11 de la mañana cuatro sujetos se le acercaron y le lanzaron huevos, materia fecal y le advirtieron que no lo querían ver nunca más por allí. “Él se bañó en el jardín infantil del sector y después habló con la directora del proyecto, quien le dijo que mejor se fuera para la casa, que la situación estaba muy difícil y que luego revisarían si era conveniente que él continuara en el proyecto”, cuenta Jorge Rojas, secretario de Integración Social.

Pero Javier decidió seguir con sus actividades de ese día y les repartió aguadepanela a los habitantes del Bronx. En la tarde se fue a su casa, en el barrio La Aurora, al sur de la ciudad. Alrededor de las 9 de la noche un hombre se bajó de una motocicleta con un casco en su cabeza, entró a la vivienda y le propinó tres disparos. Tres disparos como aquellos que recibió en el Cartucho. Esta vez no sobrevivió. Murió a sus 40 años en el Hospital de Meissen.

Esta es la versión preliminar que se maneja sobre la muerte de Javier, el hombre que se había convertido en el principal enlace con la gente del Bronx para el Distrito. Aunque aún no hay relaciones directas entre las amenazas que recibió Molina en la mañana del sábado en el Bronx, la hipótesis que se maneja es que por hacer su trabajo social lo mataron.

“Alguien está interesado en evitar que continuemos nuestro trabajo con habitantes de la calle. Estoy seguro de que aquí estamos hablando de mafias con mucho poder, del narcotráfico. Nos quieren sacar, pero vamos a permanecer”, dijo el secretario de Integración Social, Jorge Rojas, al hablar acerca de las motivaciones que podría haber tras la muerte de Javier. 

Además de este reprochable hecho, hay otros funcionarios del Distrito que han sido amenazados por su labor. Desde que el alcalde Gustavo Petro comenzó en febrero de este año la intervención integral en la deprimida zona del Bronx, atendiendo a cerca de 1.500 habitantes de la calle, fueron hostigadas varias personas como la entonces  secretaria de Integración Social teresa Muñoz y John Jairo Álvarez, operador del comedor comunitario, quien desde marzo tuvo que salir de la zona.

Hoy habrá un consejo de seguridad distrital en el que la administración analizará medidas luego del asesinato de Javier. Sin embargo, Rojas descartó la suspensión de los servicios básicos de Integración Social en el Bronx y dijo que reclamará más garantías para sus funcionarios.

—Es tenaz que la gente no se dé cuenta de que estamos haciendo un bien, pero nos tratan como lo peor. Él trabajó mucho por tratar de sacar a estos seres humanos de la condición en la que están y mire cómo nos pagan.

Así resume una antigua habitante del Cartucho y hoy funcionaria de Integración Social la tragedia del asesinato de Javier. Uno de los hombres que difícilmente olvidarán los habitantes de las calles.

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