Bogotá

25 Sep 2009 - 10:39 p. m.

Belleza cautiva

Fue elegida la reina de la simpatía en El Buen Pastor.

Laura Juliana Muñoz

Sonia Vergara camina de un lado para otro sobre unos tacones de ocho centímetros. Posa para las cámaras de distintos medios mostrando su vestido de fantasía. Se sienta nuevamente frente a uno de los estilistas más reconocidos del país, Luis Alfonso Llano, para que la consienta, la retoque, vuelva a pasarle el cepillo por su cabellera rubia. Siete candidatas más esperan ansiosas el momento triunfal para salir en sus trajes de garotas para que cientos de personas las admiren y un jurado conformado por varias personalidades de la farándula criolla decidan quién llevará este año la corona del Reinado de la Simpatía. 

Muchas lo repiten: este es el mejor día del año en la cárcel El Buen Pastor en Bogotá. Entre los paredones de diez patios la rutina es el verdadero castigo para las presas. Jueves de visita, desayuno a las cinco, almuerzo a las 10,  ejercicios inventados en el pabellón y las peleas por la droga y, sobre todo, por el amor desgarrador entre mujeres. “Por riñas pasionales hasta se dan puñaladas”, cuenta una de las guardias. La droga la ingresan las visitas, pues no hay una requisa minuciosa, y los puñales los elaboran artesanalmente con los alambres de los zapatos.

El día del reinado es diferente. Todas se unen para cantar en coro las barras que animen a la candidata de su pabellón. Algunas se fuman un cigarro. Y nunca, en los 10 años en los que se realiza el certamen, se han presentado riñas por la que se lleve la corona. Además, este día las reinas se toman fotos con los famosos que harán las veces de jurados: Carla Giraldo, Andrés Toro y Katherine Porto.

Desde una semana antes todas se preparan: los estilistas las tinturan, el diseñador (Ferney Rodríguez) les toma medidas para conseguir sus trajes y se hacen el manicure. “¿Dieta? Huy, eso no se puede porque aquí sólo nos dan papa, arroz, plátano y sopa de almuerzo. Pura harina”, dice Viviana Hoyos, una de las candidatas.

Sonia Vergara camina de un lado para otro, sobre sus tacones, bajo su corona. Las demás presas la aplauden y sacuden sus pancartas. Tal vez es la mejor despedida, piensa, pues está esperanzada en que pronto recibirá el fallo de un juzgado para que después de cuatro años y medio tras las rejas sea absuelta por el delito de extorsión. Su drama se inició el 15 de abril de 2005, cuando fue secuestrada, junto con el embajador de la Unión Europea y otros colaboradores, por las Farc en Arauca. “De víctima a victimaria”, sentencia con pesar. Un desmovilizado, que nunca llegó a las audiencias, la acusó de estar aliada con la guerrilla. Estando en la cárcel murió su padre y un sobrino. Tiene un hijo de 19 años cuya adolescencia se perdió. Ahora sonríe, está segura de que pronto saldrá de allí, con todo y corona.

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