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5 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Bogotá: La pandemia no pudo apagar la fiesta a los organizadores de eventos

Las familias que dependen de los matrimonios, fiestas de 15 años y grados tuvieron que cerrar las puertas de sus negocios por más de un año. no obstante, tras varios meses de reactivación, demuestran que son ejemplo de lucha y perseverancia.
Diego Ojeda

Diego Ojeda

Periodista
Diana Vargas  - Jesus Urquijo Adminiostradores de  eventos tu fiesta .com
Diana Vargas - Jesus Urquijo Adminiostradores de eventos tu fiesta .com
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Paola Ávila y Jesús Urquijo son uno de tantos hogares que en Bogotá dependen de las celebraciones para obtener un sustento. Que el bautizo, que el grado, que el matrimonio, fiestas de fin de año, festejos a quinceañeras, despedidas de soltero… Entre la rumba, la preparación de mesas y la decoración han visto pasar los mejores momentos de su vida.

Sin embargo, la pandemia los castigó como a ningún otro, siendo ellos parte de los gremios que tuvieron la desdicha de ser calificados por el Gobierno como “los primeros en cerrar y los últimos en abrir”. Por meses sobrellevaron la incertidumbre de ver cómo otros renglones de la economía iban reaperturando a su alrededor, mientras ellos seguían acumulando deudas y necesidades.

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Y es que según un reporte de la Asociación Colombiana de Organizadores de Eventos (ACOE), en la pandemia se han registrado por lo menos 12 casos de suicidio, de personas que formaron parte de este gremio, así como de otros 18 que en momentos de crisis intentaron quitarse la vida. Este es un dato que va más allá de una simple cifra, pues deja ver la desesperación por la que atravesaron miles de hogares en el país.

Entre los recuerdos más complejos, Paola comenta el momento en el que les cortaron la luz. “Fue muy duro explicarle a nuestra hija de cuatro años que, por no tener dinero, nos habían quitado el servicio”, relata. No obstante, la respuesta de la niña fue contraria a lo que se esperaban: “¡Qué lindo que nos hayan quitado la luz, porque ahora podemos hacer sombras en la pared!”, contestó.

Lejos de romantizar la escasez, que también se reflejó en días en los que no había qué poner en el plato, lo que Paola resalta con esta historia es que en los momentos más duros, la familia es un tesoro. Entre ella y su esposo se daban ánimo cuando el uno veía decaído al otro. Y cuando la incertidumbre los agobiaba a ambos, eran sus hijos los que les sacaban una sonrisa e infundían aliento.

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“Paola me decía que estaba que renunciaba. Yo le respondía: ¡Ánimo!, que no nos podía quedar imposible conseguir al menos para comer. Una vez le dije, que incluso le dio risa, que más allá del monte, como a cinco kilómetros (porque viven en el barrio San Luis, vía a La Calera), está el río Teusacá. Que si era el caso, me iba a buscar pescado para nosotros. Y esa fue una de nuestras voces de aliento. No nos dejamos desfallecer”, recuerda Jesús, quien se la rebuscó junto a su esposa vendiendo pollo crudo, arepas y prestando servicios de cerrajería.

Aunque ese apoyo de familia les ayudó a mantenerse de pie (en momentos en los que ni siquiera llegaron las ayudas que prometió la alcaldesa Claudia López) hubo una red de apoyo adicional, que nació en la pandemia y con la que han construido lazos fraternales: ACOE. Paola recuerda que aquella “noche de sombras” subió a un grupo de Whatsapp el video de su hija feliz, porque les habían cortado la luz. “A los minutos, nos llamaron de ACOE para preguntarnos que cuánto debíamos, para pagarnos el servicio. Nos dio pena, pero aceptamos la ayuda”.

Y no es que ACOE esté dirigido por personas que tengan millones guardados bajo el colchón. No, son personas con necesidades a quienes también la pandemia los golpeó con todo, pero que de lo mucho o poco comparten con sus colegas. Se ayudan entre todos. Esa fraternidad se vio reforzada cuando decidieron encadenarse, en la Plaza de Bolívar, como un acto de protesta ante la falta de ayudas del Distrito y su negativa a permitir la reactivación de los eventos.

Fueron días de resistencia, en la que de forma pacífica encararon a las autoridades que, en reiteradas ocasiones, se acercaron para pedir que levantaran la manifestación. Denuncian que en uno de esos días, uniformados del Esmad maltrataron a una de las integrantes y le quitaron una lechona que llevaba para compartir.

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Los días siguientes fueron de movilizaciones, enmarcadas en el paro nacional. Para la alcaldesa no tenía sentido que unos permanecieran en casa, mientras que otros se aglomeraban en la calles, razón por la cual decidió ir levantando las medidas más restrictivas. Al cabo de unas semanas (ya con la mitigación del impacto del virus con la vacunación), la noticia que aparecía en los títulos de los medios era que todo el grifo de la economía se había abierto.

Pero esto fue el inicio de otra lucha que tuvieron que encarar, ya que, como lo denuncia la presidenta de ACOE, Francy Salazar, algunos policías quisieron aprovecharse del desconocimiento normativo de algunos para pedir sobornos a cambio de no cerrar establecimientos. Desde la asociación enviaron herramientas jurídicas a los dueños de los negocios, para que argumentaran que sí tenían el permiso para trabajar.

Los organizadores de eventos poco a poco se han ido recuperando tras el duro coletazo de la pandemia. Muchos siguen pagando deudas y aseguran que los ingresos no se comparan con los que percibían antes de la emergencia. Su esperanza está en que ya pasaron lo más difícil, y que el encierro no solo les dejó malas experiencias, pues sin este tal vez nunca hubieran conocido a esa otra familia, los miembros de ACOE, quienes demostraron la importancia de la unidad en momentos de crisis.

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