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Bogotá lleva arte y movimiento a jóvenes con ideación suicida

En Bogotá, una alerta por ideación suicida en un colegio puede llevar a un adolescente, no solo a una ruta de salud, sino también a un taller de arte o movimiento. Desde 2024, el Distrito prueba esta apuesta para acompañar a jóvenes en riesgo y fortalecer su bienestar.

Ana Rodríguez Novoa

03 de septiembre de 2026 - 06:00 p. m.
En Bogotá, el arte, la cultura y el movimiento se suman a las estrategias de bienestar para acompañar a adolescentes con alertas de salud mental.
Foto: Secretaría de cultura
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Cuando un colegio de Bogotá detecta que un adolescente presenta ideación o riesgo suicida, la respuesta no termina necesariamente en el consultorio. Mientras las instituciones activan las rutas de atención, el Distrito está probando otra herramienta para acompañar el bienestar de algunos jóvenes: espacios de arte, cultura y movimiento.

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La apuesta se llama EstarBien Bogotá, estrategia que comenzó en 2024 y trabaja principalmente con adolescentes identificados por los equipos de orientación de colegios distritales y con personas mayores que enfrentan soledad no deseada.

No reemplaza una intervención psicológica o psiquiátrica y tampoco pretende hacerlo. La idea es otra: trabajar sobre factores como el aislamiento; la dificultad para expresar emociones; la pérdida de vínculos, o la baja percepción de bienestar mediante laboratorios de 12 sesiones, acompañados por profesionales en arteterapia y danza movimiento terapia.

“Cuando aparece una situación que requiere atención especializada, se activan las rutas correspondientes”, explica el secretario de Cultura, Santiago Trujillo Escobar. El programa, insiste, no realiza atención clínica del riesgo suicida. Ahí está precisamente uno de los puntos centrales de la estrategia: intentar intervenir antes y alrededor de la crisis, y no únicamente cuando una persona necesita atención médica.

¿Qué tiene que ver la cultura con la salud mental?

La discusión hace parte de una tendencia más amplia conocida como prescripción social, que busca incorporar actividades comunitarias, culturales, recreativas o sociales a los procesos de bienestar.La médica Adriana Garza, especialista en medicina funcional y nutrición clínica y participante de la Semana del Bienestar que realiza Bogotá, explica que la diferencia frente a recomendar simplemente que una persona “salga más” o busque un pasatiempo está en convertir esa actividad en un propósito concreto.

“La prescripción social es literalmente prescribir con intención, horario, rutina y establecimiento de metas aquello que la persona busca hacer para tener mayor interacción con su comunidad, con su barrio o con sus relaciones cercanas”, señala. Es decir, no se trataría únicamente de sugerirle a alguien que baile, pinte o participe en un grupo, sino de identificar junto con esa persona qué actividad puede ayudarle a fortalecer sus vínculos y cómo incorporarla de manera constante a su vida cotidiana.

Garza asegura que el interés por este tipo de intervenciones aumentó después de la pandemia, cuando el aislamiento y sus efectos sobre la salud cobraron mayor relevancia en la investigación. La médica señala que sentirse acompañado, escuchado o parte de una comunidad se ha asociado con mejores indicadores de bienestar y menor aislamiento. Por eso, dice, una de las preguntas actuales de la medicina es cómo recuperar deliberadamente esos vínculos.

En adolescentes, sin embargo, esa intervención tiene límites particularmente sensibles. Un laboratorio artístico no sustituye una valoración del riesgo suicida, una psicoterapia ni cualquier tratamiento que determine un profesional de salud. Y el propio Distrito reconoce esa frontera.

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Doce sesiones para hablar de lo que cuesta decir

En los colegios, Educación prioriza instituciones a partir de sus sistemas de alertas y son los equipos de orientación quienes identifican a los estudiantes que podrían beneficiarse de EstarBien. Después vienen los laboratorios. Durante 12 sesiones, los jóvenes realizan actividades asociadas al movimiento y distintas expresiones artísticas. El propósito no es formar bailarines, actores o pintores.

Según la Secretaría de Cultura, los ejercicios buscan que los participantes encuentren otras formas de reconocer lo que sienten, expresar emociones, fortalecer su autoconfianza y relacionarse con otras personas. Esa diferencia es importante. Mientras una actividad extracurricular puede concentrarse en aprender una técnica, EstarBien intenta usar esa práctica como vehículo para trabajar dimensiones del bienestar.

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Desde que comenzó la estrategia, en 2024, 9.927 personas han participado en alguna de sus actividades en 17 localidades de Bogotá. De ellas, 2.692 adolescentes y personas mayores participaron directamente en los Laboratorios de Cultura para el Bienestar y la Salud, mientras otras 7.235 asistieron a encuentros comunitarios y eventos masivos. Pero la cifra de beneficiarios apenas cuenta una parte de la historia. La pregunta más relevante es si algo cambia después de las sesiones.

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Los primeros resultados

El Distrito creó un denominado Índice EstarBien para medir distintas dimensiones antes y después de los laboratorios. Entre los adolescentes participantes, ese indicador mejoró cerca de 18 % entre el inicio y el cierre del proceso, según cifras entregadas por la Secretaría de Cultura. También encontraron cambios en preguntas específicas. Al comenzar los laboratorios, 17,5 % de los jóvenes evaluados no se reconocía como una persona valiosa. Al finalizar, la proporción bajó a 12,66 %.

Algo similar ocurrió con la expresión emocional: quienes reportaban dificultades para expresar lo que sentían pasaron de 38 % a 27 %. Son resultados favorables, pero tienen una limitación importante: todavía no permiten concluir que EstarBien sea la causa de esos cambios. La propia Secretaría lo admite.

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“Tenemos mediciones antes y después de los laboratorios que muestran cambios favorables en distintas dimensiones del bienestar, pero todavía no contamos con una evaluación de impacto que permita atribuir causalmente estos cambios únicamente a EstarBien Bogotá”, explica el secretario Trujillo.

Un adolescente puede recibir simultáneamente apoyo de su familia, orientación escolar, atención psicológica, intervención de Salud o experimentar cambios en sus relaciones personales. Separar el efecto de cada factor requiere una evaluación más robusta. Por eso, el Distrito asegura que está fortaleciendo su sistema de medición para identificar no solo cuánto cambia el bienestar, sino por qué ocurre y bajo qué condiciones.

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Ese será uno de los principales retos de la estrategia si Bogotá quiere llevarla más allá de una experiencia piloto o complementaria: demostrar qué funciona, para quién funciona y cuáles son sus límites.

No esperar hasta la crisis

EstarBien también trabaja con personas mayores que enfrentan aislamiento o soledad no deseada. En ese grupo, las mediciones del Distrito muestran que la percepción de soledad persistente disminuyó 16 puntos porcentuales y que 96 % de los participantes reportó un fortalecimiento de sus vínculos o una mayor sensación de acompañamiento.

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Aunque adolescentes y adultos mayores enfrentan problemas distintos, la apuesta pública encuentra un punto común: la conexión con otras personas como factor de bienestar. Para Garza, allí está buena parte del valor de la prescripción social. Una persona puede cumplir recomendaciones tradicionales de salud y, aun así, sentirse profundamente aislada. Incorporar actividades que reconstruyan vínculos y sentido de pertenencia intenta intervenir justamente en esa dimensión.

El reto está en no confundir una herramienta complementaria con un tratamiento. En el caso de un adolescente con ideación suicida, la prioridad continúa siendo valorar el riesgo y activar las respuestas especializadas necesarias. El arte puede abrir una conversación, ayudar a expresar una emoción o recuperar un vínculo, pero no reemplaza esa atención.

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La discusión que está planteando Bogotá es, más bien, qué ocurre antes, durante y después de ella. Durante décadas, las respuestas institucionales a los problemas de salud mental estuvieron concentradas principalmente en el sector sanitario. Estrategias como EstarBien parten de otra idea: que una parte del bienestar también se construye en el colegio, en un grupo, en una actividad cultural, en el movimiento y en la posibilidad de sentirse acompañado.

“Los grandes desafíos de una ciudad no caben dentro de una sola Secretaría”, sostiene el secretario de Cultura. Bogotá ahora tendrá que demostrar hasta dónde puede llegar esa apuesta. Los primeros datos muestran cambios positivos entre quienes completan los laboratorios, pero todavía falta saber cuánto de esa mejoría corresponde al programa y, especialmente, qué capacidad tiene para sostenerse en el tiempo.

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Porque frente a una alerta tan delicada como la ideación suicida, contar personas atendidas es apenas el comienzo. La verdadera medida será saber si esas intervenciones logran fortalecer de manera duradera las redes, el bienestar y las herramientas con las que los jóvenes enfrentan una crisis.

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Por Ana Rodríguez Novoa

Periodista y profesional en Opinión Pública desde 2021, formada en la Universidad del Rosario. Con especial interés en temas sociales y culturales de Bogotá. Ha trabajado en redacciones universitarias y proyectos editoriales, con experiencia en reportería y escritura narrativa. Actualmente hace parte del equipo de Bogotá en El Espectador.amrodriguez@elespectador.com
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