El urbanista británico Peter Bishop es uno de los referentes internacionales en procesos de regeneración urbana y diseño de ciudad. Por más de dos décadas trabajó en gobiernos locales de Londres y fue el primer director de Design for London, donde lideró proyectos de transformación urbana a gran escala. Ahora llega a Bogotá como asesor del Distrito en un momento clave: acompañar la articulación entre grandes proyectos de transporte, la producción de vivienda y la revitalización urbana.
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¿Qué lo motivó a asumir este rol como asesor del Distrito?
Vine en noviembre, conocí al alcalde y quedé impresionado con lo que está pasando en la ciudad, en especial las oportunidades alrededor del metro. Llegaré para trabajar varios días con el Distrito, entender los retos de regeneración urbana y explorar cómo el Metro puede generar un impacto importante. La idea es pensar estrategias urbanas que permitan integrar los proyectos.
¿Qué debe entender y qué no debe copiar Bogotá antes de emprender una transformación de gran escala?
Las ciudades nunca deberían copiar. Se pueden tomar ideas, pero las respuestas para Bogotá tienen que venir de Bogotá. No se puede construir un King’s Cross, ni replicar proyectos. Así no funciona. Ahora bien, hay aprendizajes. El primero es que la regeneración urbana toma tiempo. Un año adicional de reflexión vale la pena cuando se trata de proyectos que van a durar 100 años.
¿Cuál es la decisión más difícil para una ciudad en estos procesos?
No apresurarse. Siempre hay presión —en especial política— por avanzar rápido. Es natural: los políticos quieren resultados. Reflexionar por meses marca gran diferencia. Lo importante es que las decisiones respondan al largo plazo y no a la inmediatez.
¿Cuál es el principal obstáculo para transformar una ciudad?
Lo difícil no es diseñar, sino entender cómo funciona la ciudad. Puedes tener un gran diseño, pero si no comprendes los mecanismos políticos y económicos, no se materializará. Es clave entender las dinámicas de la ciudad y ver cómo integrarlas al proceso.
¿Qué papel juega el espacio público?
Es fundamental. Los desarrolladores construyen edificios, pero el espacio público es donde ocurre la vida urbana: la gente se encuentra, los niños juegan, se desarrollan actividades culturales. De hecho, se puede medir la calidad de una ciudad por sus calles y espacios públicos. En proyectos como el Metro hay una oportunidad para crear nuevos espacios alrededor de las estaciones, que activen la vida urbana.
¿Cómo lograr que los ciudadanos sientan suyos estos proyectos?
Es un desafío global, en un contexto donde hay menor confianza en los gobiernos. El buen diseño parte de una conversación con la gente. En Londres, comenzábamos alquilando un local en el barrio, instalando al equipo de diseño e invitando a los vecinos a conversar. Hay que entender cómo funciona el lugar. Algo clave es que hay que incorporar las preocupaciones de la gente, incluso si no son de diseño, como seguridad o convivencia.
¿Cómo articular el sector público, el privado y la comunidad?
El Estado tiene recursos y capacidades, pero no puede hacerlo todo. Gran parte del cambio urbano lo ejecuta el sector privado. Por eso el diálogo es clave: encontrar objetivos comunes y entender que un buen desarrollo —con calidad urbana y equilibrio social— beneficia a todos. Esto toma tiempo y requiere construir confianza, pero cuando funciona, como en King’s Cross, se logran buenos resultados.
¿Qué papel juega la vivienda en la transformación urbana?
La vivienda es un reto global, especialmente la vivienda asequible. Las ciudades exitosas atraen población y eso genera presión sobre el mercado. En Bogotá he visto programas interesantes como Mi Casa en Bogotá y estrategias para reconvertir edificios que se alinean con buenas prácticas internacionales. Pero debo profundizar en el contexto local para dar una opinión completa.
¿Cómo enfrentar riesgos como la gentrificación en estos procesos?
Es clave entender bien el contexto antes de proponer soluciones. Hay un riesgo real cuando expertos externos plantean ideas simplificadas. Lo que sí es claro es que capturar los beneficios de la inversión y evitar procesos de gentrificación masiva es clave para una ciudad exitosa.
¿Cómo legitimar los procesos de participación ciudadana?
La participación debe ser en todos los niveles. El que haya interés mediático es un buen punto de partida, pero lo más importante es el trabajo local: involucrar a la gente desde el inicio. No funciona llegar con proyectos terminados y esperar que la gente los apruebe. Las ideas deben construirse a través del diálogo. Y en Bogotá percibo que hay un gran interés ciudadano por debatir el futuro de la ciudad. Eso es positivo.
¿Qué decisión urgente debería tomar Bogotá?
Ya ha tomado decisiones importantes. Invertir en transporte público ha sido clave. Su sistema de buses es uno de los más efectivos del mundo. Además, la ciudad está avanzando en integrar transporte, vivienda, espacio público y desarrollo urbano. Más que decisiones nuevas, diría que hay dos cosas a cuidar: no copiar modelos sin entender el contexto y mantener la confianza en la inversión de largo plazo.
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