6 Mar 2021 - 2:00 a. m.

Bogotá propone montar centro de producción de vacunas COVID-19

Después de un año de superar retos, con la vacunación en marcha, la ciudad se alista para afrontar el segundo año de la emergencia. Radicó una propuesta formal a cuatro países y tres farmacéuticas. Balance y proyecciones.

Alexánder Marín Correa

Editor sección Bogotá

No ha sido un año fácil. Ni para los ciudadanos, que han visto cómo la pandemia afectó todas sus esferas, ni para los gobernantes, que han tenido que hacer maromas para tratar de mantener el equilibrio entre la salud y la economía. Y Bogotá no ha sido la excepción. Por su tamaño, quizá, refleja lo que han soportado todos los municipios. La alcaldesa Claudia López ha tenido que capotear los retos de la emergencia. Ahora, tras un año del primer contagio en la ciudad y con la vacunación en marcha, tiene su balance y hace planes para que la capital asuma un papel protagónico en esta nueva etapa. Su idea, ofrecerla como territorio para instalar una planta de producción de vacunas.

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¿Cómo describe este año en lo personal y en lo profesional?

Nos ha tocado ejecutar dos planes de gobierno: el que propuse y el que me impuso la pandemia, ambos igual de urgentes, con el mismo equipo y las mismas 24 horas. En lo personal, ha sido difícil ver gente enferma, familias en duelo, al personal haciendo un trabajo sobrehumano. Ha sido duro, doloroso y angustiante. Pero también nos hizo crecer. Hay momentos que nos obligan a dar más, porque no hay otra opción. Pero creo que vamos a salir bien y mejores, pero eso, tal vez, lo vamos a ver el año entrante.

¿Cuál ha sido el reto más difícil?

Buscar el balance entre proteger la vida y el empleo, porque esta pandemia tiene esa dificultad: lo que protege la vida afecta el empleo y lo que protege el empleo afecta la vida. También lo pedagógico, pues la pandemia implica cambiar hábitos y ser capaces de explicarle a la gente por qué lo que estamos haciendo tiene sentido, que no es un acto caprichoso ni abusivo, sino necesario.

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Y el financiero…

Es el tercero. Hemos tenido que sacrificar cosas. Nos estamos endeudando por $10 billones, pero es un acto de confianza en Bogotá. Así lo entendimos en el Concejo y la Alcaldía. Si lo resumiera, hemos sacrificado inversión en malla vial, cultura, recreación y deporte para atender la expansión en salud, la renta básica para 831.000 hogares y $600.000 millones para salvar nuestras empresas. Nos ha tocado dejar de tapar los huecos en las calles para evitar los huecos en los estómagos.

¿Y para este año?

El político. No sé qué va a ser más difícil este año, si manejar la pandemia o la campaña. Por ejemplo, la Alcaldía es incapaz de responder las mentiras que, por minuto, se difunden y se masifican. Que compramos tapabocas a $150.000, que no hay UCI, que colapsó el sistema hospitalario, en fin. La campaña exacerba las mentiras por oportunismo político, y es muy difícil.

Hubo críticas a cada decisión. ¿Cómo enfrentar lo que viene entonces?

Es distinto. El control, la crítica, la explicación es el desafío permanente de la democracia, con pandemia o sin pandemia, y lo asumimos con gusto. Otra cosa es el oportunismo mentiroso con propósitos electorales. Y tengo que escoger si quiero ser alcaldesa o estar en campaña, y yo quiero ser alcaldesa.

Pero sus choques con el Gobierno los tildaron de acciones de cara a futuros procesos electorales.

No sé si voy a estar viva mañana. No entiendo la obsesión. La preocupación de los políticos era saber si iba a renunciar para ser candidata a la Presidencia. Los que están haciendo política son los que están en campaña, yo estoy gobernando y debo hacerlo bien para honrar lo que propuse. El año pasado, cada cosa que decía, era porque me iba a lanzar a la Presidencia, pero no. Han quedado notificados de que no voy a renunciar. Entonces eso puede que calme una parte.

¿Por qué tantos choques?

Han sido en defensa de la ciudad, no de intereses míos. No permitiré que nos quiten el metro a Suba y Engativá o que nos sigan cobrando peajes, para invertir la plata afuera. A la ciudad la exprimen de una forma… La plata la producimos aquí y la invierten por fuera. Con todo el amor, subsidiamos a Colombia, pero tienen que reinvertir en la calle 13, en las ALO Centro y Sur, en la séptima, en el metro, en mantener la renta básica, porque si no la pobreza permanecerá más tiempo. A esta maquinita hay que reinvertirle, no solo sacarle plata.

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En acciones concretas, ¿cuál es el balance en este año de pandemia?

El programa COVID implica atención en salud, pobreza y reactivación. El sistema hospitalario nunca colapsó: pasamos de 935 UCI a 2.448, y eso quiere decir que entrenamos al doble del personal de cuidado intensivo o lo reentrenamos. Esto no era solo comprar ventiladores, sino llevar al personal de la salud al máximo que podía dar. Hoy somos la ciudad que más pruebas hace, que mayor rastreo y aislamiento hace y de mayor eficiencia en la vacunación.

¿Este esquema de UCI seguirá o terminará con la pandemia?

Esa capacidad física se queda, pero se programa y se usa dependiendo de la demanda, que esperamos no sea tan alta. Porque tener abierta una UCI sin pacientes cuesta una fortuna.

¿En pobreza?

Me posicioné en una ciudad donde estaba creciendo la pobreza, y la pandemia la duplicó. Lo que hicimos fue pasar plata de malla vial a renta básica. Literalmente sacrificar huecos en las calles para tapar huecos en los estómagos. Hoy toda familia pobre ha recibido bimensualmente un giro de $240.000, toda familia vulnerable, $160.000, y con recursos del Gobierno Nacional hemos podido cubrir 300.000 más. En total 831.0000 familias.

¿Y en empleo?

El año pasado generamos 100.000 empleos con nuestra inversión pública y apoyamos a 35.000 microempresas. Nos concentramos en las empresas pequeñas, porque el Gobierno Nacional apoyó en su mayoría a las empresas grandes, algo necesario, porque si no iban a despedir gente. Hoy completamos un subsidio de $500.000 millones vía exenciones tributarias. Bogotá es la única ciudad que tiene seis beneficios tributarios para sus empresas y ciudadanos.

¿Cuáles planes van a tener que ser sacrificados y no se van a poder ejecutar?

Por lo menos estos dos años no podremos tapar huecos o pavimentar vías locales como quisiéramos, porque esa plata la mandamos a renta básica. Sacrificamos el construir más parques, más centros de desarrollo comunitario o de felicidad o nuevos centros de cultura, recreación y deporte. A duras penas logramos mantener lo que ya está construido. Tuvimos que hacerlo para no sacrificar colegios ni hospitales.

¿Qué no está dispuesta a sacrificar?

La expansión del metro Suba-Engativá. Es una necesidad apremiante de la ciudad. Todo el paquete de la primera línea del metro, corredor verde, la Cali, la Caracas, la 68. Eso lo tenemos que cumplir, porque es una ilusión de la ciudad y una necesidad. Entonces había inamovibles. Los 35 colegios, los hospitales, los CAPS.

Una de las medidas este año fue la centralización del manejo de las UCI a través del CRUE. ¿Funcionó? ¿La van a mantener?

Si me preguntan cuál fue la decisión que más ha salvado vidas fue esa, porque no era solo tener más UCI, sino tenerlas disponibles para quien la necesitara, independiente de la EPS. Fue clave, porque si no, eso hubiera estado lleno de barreras, de permisos, de trámites. Asumimos el control como en mayo. Al principio hubo un poquito de resistencia de las EPS, pero llegamos a un acuerdo. Luego el Ministerio reglamentó cómo se les pagaría. Ya cuando pasó el primer pico les dijimos que retomaran el control y dijeron que no. Que así estaba funcionando bien. Eso se quedó así y se va a quedar. Otra cosa que nos sirvió fueron los equipos de atención domiciliaria, cuando llegamos había cuatro y ahora tenemos más de 140.

¿Qué deben hacer para mantener esos servicios?

Eso implica una inversión pública. Al CRUE lo tuvimos que triplicar en personal, computadores y líneas, porque la demanda era enorme, pero es una inversión muy útil. Hay que hacer lo que sea necesario para mantenerla, porque ya recuperamos esa inversión en calidad y oportunidad de servicio.

¿Cómo va el proceso de seguir la primera etapa de la vacunación en Bogotá?

Está el anuncio general del Gobierno de que van a llegar 2,3 millones de dosis de Sinovac, pero no nos han confirmado cuántas le van a dejar a Bogotá. Aspiramos a medio millón, porque las necesitamos para cubrir primera y segunda dosis de los mayores de 80 y porque hemos demostrado que tenemos la capacidad de hacerlo bien y rápido. Este domingo habremos terminado todas las primeras dosis que nos entregaron, y desde el 11 de marzo empezaría la segunda dosis. Hemos cumplido lo que nos propusimos. Empezamos con nueve hospitales y ya tenemos 400 puntos de vacunación. Bogotá tiene la capacidad de crecer al ritmo que lleguen las vacunas. Bogotá ha sido la única ciudad de Colombia que demostró que de verdad estaba lista, que nos entregan las vacunas y las ponemos.

Hablando de vacunación, ¿en qué va su propuesta de que no sean solo las EPS las encargadas de citar a sus afiliados, sino que se haga de forma masiva?

El Ministerio de Salud diseñó un esquema en el que cada EPS agenda a sus afiliados y eso es ineficiente. Bogotá siempre ha hecho vacunación sin barreras. El problema no es que se haga en las EPS e IPS, sino que vacune a cualquiera. Nosotros no podríamos vacunar sin ellas. Lo que hemos insistido es en que toda la infraestructura pública o privada se pueda usar para vacunar a cualquier ciudadano. El agendamiento lo pueden seguir haciendo, pero necesitamos que sea universal.

¿En qué han avanzado?

Tuvimos un primer acuerdo en la Mesa Distrital de Vacunación con las EPS. Ellas nos dicen que no es que se nieguen, porque saben que el esquema que proponemos es más eficiente, pero ellos se rigen por la directriz del Ministerio. Lo que acordamos fue hacer esta primera fase como está planteado, y para la segunda pedirle a la nación que nos autorice hacer por lo menos un piloto en Bogotá, que tiene la capacidad de hacer vacunación sin barreras.

¿Qué es lo que viene en el manejo de la pandemia?

Les presentamos a cuatro países y a tres compañías farmacéuticas una propuesta formal para instalar la capacidad de producir vacunas en Bogotá. Lo hicimos al gobierno británico y a AstraZeneca; al ruso, que produce Sputnik V; al chino, que produce Sinovac, y al norteamericano, que produce Johnson & Johnson. Con nuestro equipo científico determinamos que con esas tendríamos mejor chance de instalar con nuestros laboratorios de salud pública, nuestro instituto de biotecnología, la industria farmacéutica local y las facultades de química farmacéutica, esa alianza público-privada capaz de invertir en conjunto para ser uno de los sitios de producción de vacunas para el mundo. Bogotá está dispuesta a invertir recursos para hacer uno de los centros de producción mundial de vacunas contra el COVID-19.

¿Qué tan factible ve esa propuesta?

Hablé con los cuatro embajadores. El mundo hizo una cosa asombrosa al producir una vacuna en un año, pero la capacidad de producción es limitada. Necesitamos instalar en diferentes países esa capacidad, porque si no, no vamos a vacunar a toda la humanidad en el tiempo que se necesita. Vamos a ver con cuál logramos llegar a un acuerdo, este año ojalá. Pero el acuerdo apunta a dos cosas: para que Bogotá se sume a Argentina, a Brasil y a México, que están haciendo algo parecido, y en el corto plazo contribuir a incrementar la producción global de vacunas, y en el mediano plazo para que Bogotá y Colombia vuelvan a recuperar la capacidad de producir vacunas. No necesariamente la del COVID-19, sino otras también. Colombia producía ciertos tipos de vacunas hasta el año 2001. Dejamos de invertir en ciencia, tecnología y conocimiento, que nos permitía hacer eso, y estamos pagándolo carísimo.

¿La propuesta va en conjunto con el Gobierno Nacional o solo es una iniciativa del Distrito?

La estamos haciendo directamente desde Bogotá, pero obviamente es con el Gobierno Nacional en el sentido de que, de concretar un acuerdo, involucra contar con su anuencia. Sin embargo, la iniciativa la toma Bogotá al decirles a esos cuatro países y a esas compañías farmacéuticas que la ciudad está dispuesta a invertir en conjunto con su sector académico y el privado para montar un centro de producción de vacunas.

Tengo una lucha frontal contra el abuso policial

La alcaldesa aclaró que su pelea no es contra la institución, sino contra el abuso policial. “Soy hija de una maestra, ciudadana activa, comparto las causas de la gente que marcha. No voy a dejar que la golpeen, que le quiten un ojo o le agredan la vida”.

Por eso, insiste en que no tolerará actos de corrupción ni de abuso. “No tengo líos con la Policía, trabajo con ellos todos los días. Solo tengo respeto y reconocimiento, pero como ciudadana y alcaldesa no toleraré abusos”.

Y concluye: “este es un año de agitación social y electoral, como todos los años preelectorales. En esta ciudad se reactiva todo, también la vida política. Bogotá en promedio tiene cinco movilizaciones diarias y los protocolos dicen que el Esmad puede intervenir cuando hay violencia, es un recurso de última instancia. Eso lo dicen los protocolos, pero lo que necesitamos es que se cumpla, que haya una reforma policial estructural que evite el abuso policial y que cuando ocurra los sancione. Hoy ni se evita ni se sanciona, lo que reina es la impunidad”.

Más hospitales, atención domiciliaria y formalización, otros logros

Según la alcaldesa, Claudia López, una de las metas es dejar un sistema de salud público robustecido. “Estaba el proyecto de hacer tres hospitales nuevos: el nuevo San Juan de Dios, el hospital de Bosa y el de Usme. Conseguimos recursos para hacer otros tres: una torre en el hospital de Kennedy, otra en El Tunal y otra en Meissen. Vamos a dejar una infraestructura de salud espectacular”.

A este plan se suma el de revivir Salud a su Hogar, conformado por equipos con médicos y enfermera con capacidad de hacer exámenes y atender a la gente en su casa. Se hizo un piloto con 50 equipos y la idea es dejar 150. Finalmente, está la formalización del personal de salud para que tengan condiciones dignas. “El año pasado vinculamos a planta, en su mayoría, a mujeres, enfermeras, que llevaban años como contratistas en hospitales públicos con contratos a seis meses, sin vacaciones. Vinculamos a más de 500 a planta y para 700 pedimos vigencias futuras para vincularlos al menos dos años mientras se define y termina el estudio de ampliación de la planta”.

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