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Bogotá resistió el sismo y envió ayuda: ¿qué tan expuesta está la ciudad?

La capital no reporta daños graves y movilizará 100 rescatistas a las zonas afectadas. Pero responder no es lo mismo que prevenir.

Camilo Tovar Puentes

10 de agosto de 2026 - 06:30 p. m.
Alrededor de 100 bomberos de Bogotá, especializados en rescate, partieron rumbo a las zonas de mayor desastre tras el terremoto de este 10 de agosto de 2026.
Foto: Alcaldía de Bogotá
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A las 7:34 de la mañana de este lunes Bogotá sintió el prolongado sismo que sacudió por casi cuatro minutos buena parte del país. Mientras en municipios de Caldas, Quindío, Risaralda, Chocó y Valle del Cauca se reportaron 111 muertos, personas atrapadas y graves daños estructurales, en la capital el reporte fue alentador: “No tenemos daños estructurales graves, por lo que nuestras capacidades están al servicio del país”, señaló el alcalde Carlos Fernando Galán.

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Justo después del balance y de que se declarara la situación de Desastre Nacional, la capital confirmó el desplazamiento de 100 rescatistas especializados a los sitios más afectados del país. La decisión demuestra la experiencia de sus socorristas, que hace poco también apoyaron las labores de rescate en Venezuela. Sin embargo, a nivel local, cada temblor fuerte reabre la misma pregunta, ¿realmente Bogotá está lista para enfrentar un terremoto? El hecho de que la ciudad haya soportado sin daños graves el sismo de este lunes, si bien genera tranquilidad, no significa que esté exenta del riesgo. Esto dicen los expertos.

Prevención y capacidad de rescate

El primer equipo de socorristas partió rumbo a Cali: 60 rescatistas, dos caninos y personal médico partieron desde el aeropuerto de Catam para sumarse a las labores de rescate. El contingente es el primero de los 100 miembros del Cuerpo de Bomberos de Bogotá que anunció el alcalde. Se trata de un equipo experto en búsqueda y rescate urbano, conocida como USAR, especializada en escenarios como estructuras colapsadas y en la ubicación y extracción de personas atrapadas. Los integrantes de este equipo han prestado asistencia en emergencias como el terremoto de Haití, el colapso del edificio Space, en Medellín, y terremotos en Ecuador, México y recientemente en Venezuela.

Este despliegue muestra que Bogotá no solo tiene el personal especializado para atender grandes emergencias en la ciudad, sino tal experiencia que puede apoyar a otras regiones cuando los desastres superan las capacidades locales. Pero ¿qué ocurriría si este equipo tuviera que actuar en la ciudad? Acá una diferencia clave: los equipos USAR entran en acción cuando ya ha ocurrido parte del daño, por lo que, el éxito de no tener que actuar en la capital, es producto de una acción que empieza mucho antes: la prevención. Y esa es una tarea que se recalca tras cada sismo que sacude la ciudad, en especial por la zona donde se construyó.

Carlos Alberto Vargas, profesor de Geociencias de la Universidad Nacional y experto en sismología, explica que la amenaza sísmica de Bogotá es real, al estar sobre múltiples fracturas y estructuras geológicas, que obliga a aprender a convivir con el riesgo y, de paso, con la incertidumbre de no saber cuándo la naturaleza golpeará a la capital, pues no existe una única falla que explique por sí sola la amenaza.

La estadística no es una cuenta regresiva

No obstante, el geólogo Juan David Rodríguez Torres advierte que los registros históricos permiten sí estudiar la amenaza, pero deben leerse con prudencia. La estadística sirve para calcular probabilidades y reconocer zonas con mayor o menor posibilidad de registrar determinados eventos, no para predecirlos. Por ejemplo, si un registro muestra seis sismos de determinada magnitud en 500 años y de allí se obtiene un promedio de unos 80 años, eso no significa que ocurra uno exactamente en ese periodo. Pudo haber intervalos de 50, 120 o 200 años.

La acumulación de energía tectónica tampoco permite establecer una fecha. Las placas continúan moviéndose y esa energía puede liberarse mediante sismos pequeños o eventos de mayor magnitud. La configuración geológica, el fracturamiento, las fallas y la composición de las rocas hacen que sean demasiadas las variables involucradas para convertir la estadística en una cuenta regresiva. Por eso, el sismo de este lunes no permite afirmar que Bogotá esté “más cerca” de un terremoto.

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No todos los suelos responden igual

El riesgo tampoco depende de la magnitud o de la distancia al epicentro. Bogotá está asentada sobre terrenos con características diferentes. Mientras en sectores de los cerros orientales predominan materiales rocosos, más consolidados, buena parte de la Sabana está conformada por depósitos sedimentarios. “las características del suelo condicionan el diseño y el método de construcción. Por eso son riesgosos los edificios altos en ciertas zonas, por ejemplo”, advierte el profesor Vargas.

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Estas condiciones pueden modificar la manera en que se propagan y amplifican las ondas sísmicas. Por eso, un mismo terremoto puede sentirse de manera diferente en distintos sectores. Las características del terreno, junto con las de cada edificación, determinan buena parte de la respuesta ante el movimiento. Bogotá cuenta con estudios de microzonificación que permiten caracterizar esas diferencias y establecer parámetros para la construcción.

La norma reduce el riesgo, pero no lo elimina

Colombia también ha aprendido de sus terremotos. El desastre de Popayán de 1983 impulsó la primera norma nacional de construcción sismorresistente, expedida en 1984. Posteriormente, la Ley 400 de 1997 estableció el marco para actualizar la regulación, y en 2010 entró en vigencia el Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente, NSR-10. Bogotá está clasificada dentro de la zona de amenaza sísmica intermedia, establecida por la normativa nacional. Pero esa categoría no significa que todos los sectores o edificios tengan el mismo riesgo.

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Hay que diferenciar entre amenaza, vulnerabilidad y riesgo. La primera está relacionada con las características y posibilidad del fenómeno; la segunda, con qué tan susceptible es una estructura o población a sufrir daños; y el riesgo incorpora también la exposición. Además, la norma no funciona como un certificado único que diga que un edificio es o no “sismorresistente”. El cumplimiento se verifica mediante diseños estructurales, estudios técnicos, licencias de construcción y, cuando corresponde, revisión independiente y supervisión técnica.

La norma oficial, la NSR-10 entró en vigencia en 2010. En Bogotá, como en todo el país, miles de viviendas, oficinas, colegios, hospitales y otras edificaciones fueron levantadas bajo normas anteriores, lo cual, no indica que todo edificio antiguo sea inseguro, pero sí que la ciudad reúne estructuras diseñadas bajo estándares diferentes. Para Vargas, el cumplimiento de las normas y el seguimiento a las construcciones son fundamentales. Una regulación puede establecer parámetros técnicos para responder a un terremoto, pero su eficacia depende de que los diseños sean adecuados, las obras se ejecuten conforme a ellos y exista supervisión. “No podemos controlar dónde ni cuándo ocurre un sismo, pero sí podemos intervenir las condiciones que determinan cuánto daño produce”, resume Rodríguez.

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Los 100 rescatistas que Bogotá envía este lunes al occidente del país muestran una capacidad especializada construida durante años. Es una fortaleza que permite a la capital convertirse, en medio de una emergencia nacional, en parte de la solución para otras regiones. La preparación ocurre en varias capas: normas de construcción, estudios del suelo, control y supervisión de las obras, evaluación y reforzamiento de edificaciones existentes, protección de infraestructura crítica, protocolos de emergencia y preparación ciudadana.

El terremoto de este lunes tampoco debería convertirse ni en una falsa tranquilidad ni en una profecía. Bogotá vive en un territorio sísmico y los terremotos han estado presentes en este territorio durante siglos. Lo que la ciencia no puede decir es cuándo pueden ocurrir.

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Por eso, la pregunta de fondo no es cuándo sino cuánto daño puede evitar antes de que esos rescatistas tengan que entrar en acción. La verdadera preparación de una ciudad frente a un terremoto no se mide únicamente por cuántas personas puede rescatar después de un colapso, sino por cuánto puede evitar que colapse antes de que llegue el momento del rescate.

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

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