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Los siniestros viales no terminan en los límites de una ciudad o municipio. Los viajes cruzan Bogotá, Soacha y Cundinamarca todos los días y, con ellos, también se trasladan los riesgos. Por eso, varias entidades comenzaron a construir una Agenda Regional de Seguridad Vial para coordinar acciones y reducir las muertes en las carreteras y vías urbanas de la región.
La iniciativa reúne a la Agencia Regional de Movilidad (ARM), las secretarías de Movilidad de Bogotá, Cundinamarca y Soacha, y WRI Colombia. El punto de partida es una cifra que refleja la magnitud del problema: cada año, 615 personas pierden la vida en las vías de Bogotá y 17 municipios de la región, según los datos compartidos por la ARM.
La apuesta busca dejar atrás las intervenciones aisladas y avanzar hacia medidas coordinadas que permitan actuar sobre problemas comunes, especialmente en los corredores con mayores niveles de siniestralidad.
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Un laboratorio para probar soluciones en las vías
Uno de los principales planteamientos es crear un “Laboratorio Regional” de seguridad vial.
La idea consiste en identificar corredores críticos y concentrar allí las capacidades de Bogotá, Cundinamarca, los municipios, la Región Metropolitana, autoridades de tránsito y Gobierno Nacional.
En esos puntos se podrían implementar medidas, evaluar sus resultados y establecer cuáles funcionan mejor antes de replicarlas en otras zonas.
“Tenemos un problema que es regional y la respuesta también tiene que ser regional. Queremos que esta Agenda nos permita llevar la articulación a las vías: identificar corredores críticos, probar soluciones, medir sus resultados y aprender de lo que funciona”, señaló Claudia Mercado, directora general de la Agencia Regional de Movilidad.
Velocidad, infraestructura y datos: las primeras prioridades
Las entidades identificaron cinco frentes iniciales para construir la nueva agenda. El primero será mejorar y compartir los datos sobre siniestros para entender con mayor precisión dónde ocurren y cuáles son sus causas.
También se buscará priorizar los corredores con mayor siniestralidad y avanzar en un Plan Regional de Gestión de la Velocidad, que combine pedagogía, controles, señalización y tecnología.
A esto se suma la identificación de condiciones de infraestructura que puedan representar riesgos para los usuarios de las vías y una mayor coordinación entre los programas que ya desarrollan Bogotá, Cundinamarca y los municipios.
Entre las estrategias existentes se encuentran Ruta Segura, Puntos Seguros Regionales y Entornos Seguros, además de los planes locales de seguridad vial.
La meta: pasar de los acuerdos a las intervenciones
El reto ahora será convertir la coordinación entre entidades en acciones concretas sobre las vías.
Para Fernando Páez, director ejecutivo de WRI Colombia, la seguridad vial debe dejar de depender de intervenciones separadas y avanzar hacia corredores más seguros, con capacidades fortalecidas y responsabilidades compartidas.
La construcción de la Agenda Regional apenas comienza. Su siguiente paso será definir una hoja de ruta que permita intervenir puntos críticos y medir qué soluciones consiguen reducir realmente los riesgos en las vías de Bogotá y la región.
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