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Camila y Fabián: los profes de Suba que convierten a niños en guardianes del Río Bogotá

En un aula al aire libre, a 10 metros del río Bogotá, dos jóvenes del barrio Villa Cindy (Suba) han logrado que niños, entre 9 y 15 años, expliquen con orgullo la importancia de este afluente y la necesidad de protegerlo.

María Angélica García Puerto

12 de mayo de 2026 - 12:34 p. m.
Suba es una de las cinco localidades donde bordea este afluente. Aquí los alumnos de la Escuela al lado del Río Bogotá.
Foto: Cortesía Escuela Popular
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La conciencia sobre el Río Bogotá crece en la ciudad de a poco. Antes del fallo del Consejo de Estado, que ordenó recuperar el afluente, la ciudad solo lo veía como una cloaca, pero hoy no solo existe una fecha como el 12 de mayo, para recordar por qué vale la pena protegerlo, sino que hay quienes siembran este mensaje en las nuevas generaciones. Es el caso de Camila Velandia y Fabián Ramírez, dos jóvenes del barrio Villa Cindy (Suba), a quienes hoy se les conoce como los “profes” de la Escuela Popular Guardianes del Río.

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La historia de estos profesionales de ciencias sociales, de la Universidad Distrital y Pedagógica, comenzó en pandemia, cuando se solidarizaron con el hambre de sus vecinos, que con trapos rojos en sus ventanas pedían ayuda. Ellos respondieron desinteresadamente con una olla comunitaria y mientras ayudaban, al calor del fuego y el alimento, reconocieron que esto era una de tantas problemáticas que afectaban a su barrio.

Las conversaciones los llevaron a un punto común: la mala relación de la comunidad con el Río Bogotá, al cual solo veían como un afluente maloliente y sucio, que colindaba con su barrio. Fue cuando optaron no solo por visibilizar ese secreto a voces, sino buscar cambios trabajando con los más niños. “Los ríos se han vuelto canales de agua residual sucia. No se consideran cuerpos de agua viva”, cuenta Camila.

Identificaron que detrás de esa relación distante había desconocimiento. “¿Cómo se llama?”, “¿por qué tiene un color diferente?”, “¿de dónde viene y para dónde va?”. “Solo sé que aquí hacen cosas malas y la gente echa todo lo que no quiere”, eran algunas de las frases más recurrentes que escuchaban los profes. Para resolverlas, había que partir de dos preguntas clave: ¿cómo cambiar la relación con el río y por qué hacerlo?

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Enseñarlo implicaba un reto, en especial si sus alumnos solo tenían entre los 9 y 15 años. La estrategia parecía tener un solo camino: el arte. Con su experiencia y su pasión por el teatro, la música y el baile nacieron ideas como el ‘Carnaval Ríos por la Paz’, con personajes que recorren el barrio contando una historia; jornadas de limpiezas en la ronda del río; espacios de lectura, y más.

El profe Fabián Ramírez durante el Carnaval Ríos por la Paz.
Foto: Cortesía

Hoy, con dos clases por semana, en un espacio abierto, cubierto por carpas y a escasos 10 metros del río, gracias al juego y al arte han logrado que los niños y niñas de la comunidad expliquen con propiedad de dónde nace el afluente, dónde desemboca y quiénes lo han contaminado. Un cambio definitivo para quienes crecieron viéndolo como algo sucio y ajeno a ellos. “Es poderoso ver cómo los niños no son sujetos pasivos. Tienen una voz y un criterio frente a problemáticas ambientales. Nuestros alumnos han sido, incluso, ejemplo para los niños de otros barrios”, resalta Ramírez.

¿Y el Río Bogotá para qué?

Gracias al Acuerdo Distrital 667, desde 2017, cada 12 de mayo se conmemora el Día del Río Bogotá. Una fecha para generar agenda y conversación sobre la importancia de este cuerpo de agua; generar conciencia sobre su estado crítico de contaminación y movilizar esfuerzos para su recuperación. Con una extensión de 380 kilómetros, que recorren 47 municipios de Cundinamarca y el Distrito Capital, es uno de los afluentes más importantes del país, pues en su ronda y en las zonas aledañas se desarrollan actividades agrícolas, pecuarias e industriales, que representan un 30 % del PIB a nivel nacional.

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Aunque el Río Bogotá nace limpio y puro en el páramo de Guacheneque, municipio de Villapinzón (Cundinamarca) y pasa por cinco localidades de Bogotá: Suba, Engativá, Fontibón, Kennedy y Bosa, a medida que avanza se convierte en referente de suciedad y contaminación. De sus 380 kilómetros, se estima que apenas 11 tienen una buena calidad de agua.

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Vertimientos de curtiembres, minería extractiva, disposición de escombros, los afluentes que lo alimentan (ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo) y el peso de sostener las aguas negras que producen cerca de 10 millones de personas terminan por teñir sus aguas, que desembocan en el río Magdalena, en el municipio de Girardot.

"Proteger nuestro entorno es proteger la infancia", dice uno de los carteles hechos en la Escuela Popular.
Foto: Cortesía

“La deforestación, la ocupación en la ronda del río y la contaminación son factores que continúan. Por ejemplo, la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Salitre (Ptar) costó COP 2,6 billones y lo que recibe son toallas higiénicas, pañales, condones, colillas de cigarrillos, aceite usado”, denunció Ricardo Rodríguez, exgerente del Río Bogotá y actual director del proyecto Fondos para la Vida y la Biodiversidad del Ministerio de Ambiente.

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¿Qué hemos hecho por recuperarlo?

El 28 de marzo de 2014, el Consejo de Estado dictó una sentencia histórica que ordenó acciones inmediatas para mitigar una “catástrofe ambiental, ecológica y económico-social”, producto de décadas de negligencia institucional. Pese a que, en 2019, el entonces secretario de Ambiente de Cundinamarca, Eduardo Contreras, proyectó un río descontaminado para 2026, la realidad actual plantea retos mayúsculos por la ya mencionada carga pesada de desechos orgánicos e industriales o incluso la inacción de 29 municipios de la cuenca hidrográfica que, según la Contraloría de Bogotá (2025), continúan sin acoger la sentencia.

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El río Bogotá que atraviesa al barrio Villa Cindy
Foto: Cortesía Escuela Popular

No obstante, organizaciones comunitarias y entidades adscritas al Consejo Estratégico de la Cuenca Hidrográfica del Río Bogotá (CECH) han adelantado acciones e inversiones concretas para recuperar el afluente. Desde la Secretaría de Ambiente hablaron de la inversión de COP 53 mil millones para el cumplimiento de la sentencia que incluyó, durante 2025, 674 monitoreos para saber qué tan limpia está el agua, 541 actividades de control a vertimientos generados por el sector productivo y 290 monitoreos a canales y ríos de la ciudad, para entender mejor qué está contaminando y en qué cantidades.

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“Estamos optimizando nuestro seguimiento y control de las descargas de aguas residuales no domésticas (las que provienen de fábricas, industrias o comercios) hacia el alcantarillado público. Nuestro objetivo es vigilar que estos establecimientos cumplan estrictamente con las normas ambientales y traten adecuadamente sus descargas”, destacó la entidad distrital a El Espectador.

Por su parte, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca – CAR resaltó que han financiado al menos 40 Plantas de Tratamientos de Aguas Residuales (Ptar) en varios municipios de Cundinamarca, incluidas las de Salitre y Canoas; además de la compra de predios y la ampliación del cauce para evitar desbordamientos e inversiones de COP 100 mil millones en juntas de acción comunal o juntas de acueducto, para que sea la misma gente la que ejecute las acciones de reforestación y restauración.

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“Cuando la sentencia salió, exigió que se realizara una descontaminación, pero también una adecuación hidráulica, porque el río se desbordaba. Hoy lo que más nos preocupa es el tema de la seguridad hídrica y es donde creo tenemos el mayor reto de invertir en compra de predios, acciones de restauración y recuperación ambiental”, señaló su director, Alfred Ballesteros.

La Escuela busca que la comunidad de Villa Cindy evite arrojar desechos que terminen en el río.
Foto: Cortesía

El éxito de este avance recae en la anhelada Ptar Canoas, que tratará el 70% de las aguas residuales de la capital y el 100% de Soacha. Aunque su construcción sigue en veremos, desde la Empresa de Acueducto de Bogotá señalaron que el 17 de diciembre de 2025 se dio apertura oficial a la segunda fase del proceso de selección, antes de la adjudicación de la obra. Agregaron que la Ptar Salitre mantiene un caudal medio de tratamiento de 5.53 m³/s de aguas residuales del norte y centro de la ciudad, evitando que toneladas de materia orgánica lleguen al cauce principal.

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Mientras tanto, durante 2024 y 2025, la Empresa indicó a este diario que corrigieron al menos 811 conexiones erradas en la ciudad, para reducir la carga contaminante que llega a los cuerpos de agua. Y durante el año pasado, evitaron que llegaran 1,5 millones de metros cúbicos de residuos sólidos ordinarios y de construcción al río Bogotá, a través del mantenimiento de humedales.

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Para Camila Velandia, profesora de la Escuela Popular Guardianes del Río, se necesitan más proyectos de largo alcance, con la comunidad, para generar procesos de sensibilización constantes. “Nosotros lo hacemos de manera voluntaria, desde la educación popular. No tenemos apoyo institucional. A pesar de ello, nuestro objetivo es seguir haciendo un llamado de cuidado del Río Bogotá, porque estamos ante una crisis climática que obliga replantear nuestro relacionamiento con la naturaleza y entender que hacemos parte de ella”.

“Profes” como Camila y Fabián son el ejemplo de cómo las mismas comunidades no se han quedado de brazos cruzados y han tomado acciones propias, incluso involucrando a las nuevas generaciones, con el fin de luchar no solo por un Río, sino por restaurar la memoria de una ciudad que por décadas le ha dado la espalda a esta fuente de agua.

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De izquierda a derecha de pie, los profes: Viviana Bocanegra, Juan Carlos Sánchez, Cristian López, Juan Márquez, Nabila Tavolieri, Carlos Gonzáles, Fabián Ramírez y Diego Alvarado. Segunda fila de izquierda a derecha: Stefania Quimbay, Leidy Ortiz, Jennifer Martinez, Lina Moreno, Camila Velandia y Katherin Rojas.
Foto: Cortesía Escuela Popular

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por María Angélica García Puerto

Cubre temas de seguridad, primera infancia, educación, movilidad, derechos humanos y género.@_amariag
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