Entre los paisajes montañosos y verdosos de los municipios de Cundinamarca, el avistamiento de osos andinos es una peculiar imagen que aún presencian las comunidades campesinas de Manta (Cundinamarca) marcando una convivencia que, aunque asombrosa, no siempre es armónica. Así, tras analizar los impactos de esta cohabitación, la región trazó varios acuerdos con veredas de esta zona, convirtiéndolas en las primeras en adaptar sus fincas para reducir los conflictos con el oso andino y proteger esta especie, considerada clave para los ecosistemas.
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La estrategia contempla acuerdos de conservación entre la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), la Gobernación y las Juntas de Acción Comunal (JAC) de tres veredas.
¿En qué consiste el cambio?
Como parte del proceso, las comunidades recibieron materiales e insumos para transformar sus sistemas productivos. Entre las acciones previstas están la renovación de praderas, preparación de bioinsumos, instalación de bebederos, aislamiento de áreas y construcción de corrales. También se entregó material vegetal y elementos para instalar cercas de protección, establecer sistemas agroforestales y restaurar zonas degradadas.
Nidia Clemencia Riaño Rincón, subdirectora de Cultura y Gobernanza Ambiental de la CAR, indicó: “la conservación del oso andino requiere del compromiso de las comunidades que habitan el territorio. Con estos acuerdos fortalecemos la participación y el conocimiento ambiental, mientras entregamos herramientas para impulsar prácticas productivas sostenibles que ayuden a prevenir conflictos con la fauna silvestre”.
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Educación ambiental, la otra clave
La iniciativa también incluye un componente de educación ambiental. Más de 104 habitantes de las tres veredas, entre niños, jóvenes, docentes y otros integrantes de la comunidad, participaron en talleres sobre biodiversidad, ecología, dinámicas productivas y prevención de conflictos con la fauna silvestre.
El proceso hace parte de un convenio firmado en noviembre de 2024, que cuenta con una inversión total de $460 millones. De este monto, cerca de COP 110 millones fueron destinados a cada una de las JAC vinculadas. En total, las acciones benefician 29 predios de las zonas intervenidas.
Con la inclusión de las comunidades en estos procesos, las autoridades buscan que la conservación del oso andino no dependa únicamente de medidas de protección de la especie, sino que trascienda a una convivencia armónica.
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