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13 Aug 2020 - 3:00 a. m.

Cerco epidemiológico y entrega de cenizas, retrasos en época de coronavirus

Al drama de perder un ser querido por sospecha de COVID-19 se suma la larga espera que tienen que soportar las familias para recibir las cenizas, que puede llegar a ser de hasta 40 días.
Diego Ojeda

Diego Ojeda

Periodista
A la izquierda, Ornella Bonilla, nieta de Flor del Carmen Ramírez; a la derecha, familiares de Héctor Manuel Martínez.
A la izquierda, Ornella Bonilla, nieta de Flor del Carmen Ramírez; a la derecha, familiares de Héctor Manuel Martínez.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Bogotá concentra más de 141 mil casos confirmados de COVID-19, cifra que podría ser más alta debido a las denuncias de las familias que dicen experimentar demoras en la realización del cerco epidemiológico, es decir, el seguimiento a personas que tuvieron contacto cercano con quienes tienen la enfermedad o fallecieron bajo la sospecha de haber estado infectados.

Demoras en el cerco epidemiológico

Tal es el caso de los parientes de Héctor Manuel Martínez, quien falleció el 29 de junio, según sus familiares, producto de un cáncer en los huesos y pulmón. Aunque ellos dudan que tuviera COVID-19, pues lo mantuvieron aislado, el reporte clínico muestra que sí tenía la enfermedad, por lo que se hacía necesario practicarles pruebas a quienes tuvieron contacto cercano.

Según el Distrito, en Bogotá las personas sospechosas de tener la enfermedad pueden solicitar la prueba a su respectiva EPS o practicársela en los puntos que han establecido las subredes de la Secretaría de Salud. Julián Parra, el yerno de Héctor Manuel, le dijo a El Espectador que, junto con su familia, llamaron a Compensar para solicitar la prueba y así descartar que tuvieran la enfermedad. Eso fue el 4 de julio, y hasta la segunda semana de agosto no habían acudido a su vivienda para cumplir con el cerco epidemiológico.

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Este medio recibió pruebas de la familia donde superaron las cuatro horas al teléfono intentando que la EPS respondiera su solicitud, hasta que les contestaron la llamada. “Nos dijeron que supuestamente aparece despachado en el sistema, es decir, que en cualquier momento venían a hacernos el examen”, menciona Parra. Ante las demoras, los familiares de Héctor Manuel decidieron aprovechar una campaña que hizo el Distrito en su barrio para hacerse la prueba. No obstante, les llama la atención que Compensar no se volviera a comunicar con ellos.

Al consultar a la EPS qué pasó en este caso, no se obtuvo respuesta. Solo se conoció, de manera extraoficial, que esta EPS estaría lidiando con un alto volumen de solicitudes de pruebas, que alcanzan las 2.500 diarias no solo de sus afiliados, sino de otras que pide el Distrito. Al 31 de julio, las 10 EPS agremiadas en Acemi han realizado 822.096 pruebas de COVID-19 en el país.

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Según Salud Data (base de datos del Distrito), solo en Bogotá se han analizado 619 mil pruebas, de las cuales el 61,02 % se han realizado por la red privada y el porcentaje restante, por la red pública. Se estima que el 34,6 % de contagiados del país están en Bogotá.

La espera de las cenizas

A este proceso de luto e incertidumbre se suma otro dolor: las semanas que “por protocolo”, según las funerarias, deben esperar las familias para recibir las cenizas de sus parientes fallecidos por COVID-19 o por sospecha de haber portado el virus. Este es el caso de la familia de Flor Ramírez, quien falleció el 13 de julio y fue declarada como sospecha de COVID-19, a pesar de que su nieta, quien además es médica, nunca vio que tuviera síntomas de la enfermedad.

Más allá de las quejas por haberles impedido darle cristiana sepultura, están los 30 o 40 días que, según les informó la funeraria Los Olivos, debían esperar para recibir las cenizas. “No sé si eso es así con las demás funerarias. Al principio nos dieron a entender que eran 15 días, que la cremación se demoraba cinco días y que nosotros podíamos mantenernos en comunicación. Días más tarde llamamos, pero no nos contestaron. Luego se comunicaron con nosotros, para decirnos que no nos preocupáramos, que ellos tenían la custodia de las cenizas en el cementerio de la 80. Ahí nos dijeron que, por protocolo, debíamos esperar todo ese tiempo”, comenta su nieta.

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Al consultar a Los Olivos sobre el manejo que les están dando a estos casos en medio de la emergencia, reiteraron que los protocolos de bioseguridad sugerían 30 días después de la cremación para la entrega de las cenizas. “Esto se hace atendiendo el principio de precaución establecido en la guía de orientaciones para el manejo, traslado y disposición final de cadáveres por COVID-19 y como medida preventiva básica para evitar contagios de los deudos e incluso nuestro talento humano, lo cual ha sido prioridad a escalas nacional e internacional”, dijo el director jurídico de Los Olivos, Juan Pablo Castro.

No obstante, Castro señala que las familias pueden solicitar la entrega de las cenizas en un período inferior. Si ese es el caso, asegura que la funeraria tiene la capacidad de hacer la entrega bajo “estrictos protocolos de bioseguridad”, que no pongan en riesgo la salud de los usuarios. Sobre el caso puntual de los familiares de Flor Ramírez, Los Olivos aseguran que el 12 de agosto los hornos crematorios del Cementerio Serafín realizaron la entrega de las cenizas a la funeraria, por lo que procederán a hacer la respectiva entrega. La esperanza de esta familia es que, una vez se las entreguen, puedan hacer una velación y luego trasladarlas a Jardines del Recuerdo, donde la abuela quería que descansara su cuerpo.

Estos dos casos permiten ver cómo, con la “nueva normalidad”, el duelo que se experimenta por causa del COVID-19 es más sentido, no solo por la incapacidad que tienen las familias de despedir, como muchas quisieran, a sus seres queridos (el protocolo establece la cremación como primera opción), sino por los trámites que se tienen que hacer después de la defunción y las largas que, eventualmente, pueden presentar las empresas encargadas del cerco epidemiológico y de la entrega de las cenizas.

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