¿Qué tan preparada está Bogotá para soportar un terremoto de gran magnitud? Tras revisar información técnica del IDIGER, el Sistema de Modelación de Amenazas y Riesgo Sísmico de Bogotá (SISMARB), el Servicio Geológico Colombiano y el Cuerpo Oficial de Bomberos, el concejal Juan David Quintero lanzó una alerta sobre las características constructivas de buena parte de las edificaciones de la capital, que amerita debate.
De cerca de 945.000 edificaciones incluidas en la base de caracterización del IDIGER, alrededor del 75 % (unas 708.000) corresponderían a construcciones con mampostería simple (35,6 %) y en mampostería semiconfinada (39,4 %), sistemas que presentan una mayor vulnerabilidad relativa frente a un evento sísmico severo, según expuso el cabildante.
Quintero aclaró, sin embargo, que la cifra no significa que tres de cada cuatro edificios de Bogotá necesariamente vayan a colapsar durante un terremoto. Para el concejal, el dato sí evidencia la necesidad de identificar con mayor precisión las construcciones y zonas que podrían requerir intervenciones preventivas.
El concejal señaló que estos sistemas son frecuentes en sectores de la denominada “ciudad autoconstruida” y sostuvo que su comportamiento puede representar mayores desafíos frente a movimientos sísmicos fuertes. “La técnica constructiva debe ser flexible para soportar un sismo. La mampostería simple y semiconfinada (…) son sistemas rígidos que, ante un episodio sísmico, podrían romperse como una galleta”, señaló.
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La antigüedad de los edificios, otra preocupación
El análisis también pone el foco sobre la edad del parque inmobiliario de Bogotá. Según Quintero, el 74 % de las edificaciones de la ciudad fueron construidas entre 1960 y 1999, periodo que antecede a varios de los avances normativos en materia de sismorresistencia que posteriormente fueron incorporados en el país.
Para el cabildante, esto abre una pregunta sobre cuántas de esas construcciones han sido reforzadas o cumplen actualmente con los estándares necesarios para enfrentar un sismo de gran magnitud. Por eso propuso que Bogotá avance hacia un sistema de certificación o sellos visibles que permita a residentes, trabajadores y usuarios conocer las condiciones de sismorresistencia de los inmuebles que ocupan.
“Hoy no contamos con una herramienta que le permita a un ciudadano saber si la edificación en la que vive o trabaja está preparada para resistir un terremoto. ¿Cómo saberlo? Por ello es indispensable que se adopte una política de sellos o certificados”, afirmó.
¿Qué zonas tendrían mayor vulnerabilidad?
Otro de los puntos planteados por el concejal tiene que ver con las condiciones del suelo de Bogotá. Según explicó, algunos sectores con presencia de arcillas, arenas y sedimentos saturados de agua pueden presentar comportamientos que aumenten los efectos de las ondas sísmicas o fenómenos como la licuación del suelo.
Quintero aseguró que, ante un evento de gran magnitud, sectores de Kennedy podrían registrar hundimientos que comprometan la estabilidad de algunas construcciones. Además, señaló como localidades que podrían registrar mayores niveles de afectación a San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme, Rafael Uribe Uribe, Bosa, Kennedy, Fontibón, Engativá y Suba.
También pone la lupa sobre la capacidad de respuesta
La alerta no se limita al estado de las edificaciones. Quintero también cuestionó la capacidad operativa que tendría Bogotá para responder ante una emergencia de gran escala. Según las cifras citadas por el concejal a partir del Plan Anual de Vacantes de 2026, el Cuerpo Oficial de Bomberos cuenta con 726 cargos operativos, de los cuales 90 permanecían vacantes.
Ante este panorama, anunció la creación de una subcomisión en el Concejo de Bogotá para hacer seguimiento a la gestión del riesgo, la prevención y la capacidad de respuesta de la ciudad ante un eventual terremoto.
La discusión que abre el informe, más allá de determinar cuántos edificios podrían sufrir daños, apunta a una pregunta de fondo: qué tanto conocen los bogotanos sobre la seguridad estructural de los lugares en los que viven, trabajan o estudian y qué está haciendo el Distrito para reducir esa vulnerabilidad antes de una nueva emergencia.
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