Desde este martes, los bogotanos deberán pagar $350 más por viaje para utilizar cualquiera de los servicios del sistema de transporte público de la ciudad: TransMilenio troncal (buses rojos), zonal (buses azules) y TransMiCable. El incremento tarifario desató reacciones en distintos frentes, desde el Gobierno nacional y la administración distrital, hasta usuarios y trabajadores del propio sistema.
En medio de la polémica, un conductor del componente zonal, cuya identidad no fue revelada, difundió un video en redes sociales en el que denunció el deterioro del bus que le asignaron para operar su ruta diaria.
Las imágenes, al parecer grabadas luego de que el vehículo se varara durante el recorrido, muestran un avanzado desgaste en la cabina del conductor y la ausencia de una de las piezas que cubre la parte inferior de la caja de cambios, dejando expuesta la estructura interna del automotor.
Mientras graba, el conductor expresa su inconformidad con el aumento del pasaje que pagan los usuarios, al tiempo que cuestiona que, según él, los concesionarios privados no realizan el mantenimiento adecuado ni la reposición de buses que ya superaron su vida útil.
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“Este carro ya les tuvo que haber dado para que se compraran por lo menos cinco más, plenos, de los Fase V”, señala el conductor en el video, en referencia a los modelos más recientes del sistema.
Dado que el registro se grabó en primera persona, no fue posible identificar ni al conductor ni al concesionario responsable del vehículo. Sin embargo, el video se convirtió en un catalizador de la inconformidad ciudadana, justo en un momento en el que el aumento de la tarifa vuelve a poner bajo la lupa la calidad del servicio y el rol de los operadores privados.
¿Cómo funciona el sistema de concesiones en TransMilenio?
El sistema TransMilenio opera bajo un modelo de concesiones, en el que la empresa pública TransMilenio S.A. no es dueña de los buses ni los conduce directamente. En su lugar, contrata a empresas privadas, conocidas como concesionarios, que se encargan de adquirir los vehículos, operarlos, mantenerlos y ponerlos en circulación durante un periodo definido por contrato, que suele oscilar entre 10 y 15 años, dependiendo de la fase del sistema.
Estos concesionarios reciben su pago a través de un esquema técnico-financiero, que se alimenta principalmente de la tarifa que pagan los usuarios y de aportes del Distrito para cubrir el déficit del sistema. A cambio, los contratos les exigen cumplir estándares de mantenimiento, seguridad, frecuencia y calidad del servicio, así como retirar los buses cuando cumplen su vida útil, que suele fijarse en kilómetros recorridos y no únicamente en años de operación.
Cuando los concesionarios incumplen estas obligaciones, TransMilenio S.A. tiene la facultad de imponer sanciones económicas, exigir correctivos o incluso terminar contratos, aunque estos procesos suelen ser complejos y prolongados. Por eso, cada vez que se anuncia un aumento en la tarifa, el debate vuelve a centrarse en una pregunta clave para los usuarios: si el pasaje sube, ¿por qué persisten las quejas sobre el estado de los buses y la calidad del servicio?
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