12 Sep 2020 - 4:45 p. m.

COVID–19: Preguntas sin respuesta

En una columna reciente, la alcaldesa de Bogotá afirmó que la crisis del COVID es la mayor crisis sanitaria, económica y social de la humanidad en los últimos cien años. La historia la desmiente. Veamos tres ejemplos de crisis con costos sanitarios, económicos y sociales mayores a la crisis del COVID.

Carlos Eduardo Hernández Castillo, Universidad de los Andes

COVID–19: Preguntas sin respuesta

El VIH ha matado 32 veces más personas en el mundo que el COVID. La Segunda Guerra Mundial también mató más personas que el COVID: 70 veces más. A continuación, presento un ejemplo más extremo: solo en China, la hambruna de 1962 mató 4 mil veces más personas que el COVID de 2020. Sí: entre 1962 y 1966, entre 18 y 45 millones de chinos murieron de hambre durante la dictadura comunista de Mao.

Veamos los datos para el COVID. En el mundo, el virus ha matado a 900mil personas, es decir, al 0.01% de la población. En Colombia, al 0.04%. En Bogotá ha matado al 0.08% y en Soacha al 0.03% de la población. Como punto de comparación, cada año se muere el 0.4% de los bogotanos por cualquier causa. Es decir, las muertes por COVID representan el 20% de las muertes en un año normal en Bogotá.

¿Justifican estos porcentajes las draconianas medidas que la alcaldesa tomó en Bogotá? ¿Justifican estos porcentajes futuras medidas? Epidemiólogos, economistas, sociólogos y filósofos debatirán estas preguntas por años. Los electores también.

Cuatro preguntas serán protagonistas de este debate. ¿Cuántas personas hubieran muerto sin las medidas? ¿Cuánto desempleo, pobreza y destrucción de empresas hubiera ocurrido sin las medidas? ¿Cuánto vale una vida humana? ¿Cuánto vale la libertad de los ciudadanos?

La respuesta a las dos primeras preguntas es similar: es imposible saber con seguridad, pues no podemos observar la realidad dos veces: una sin cuarentenas y otra con cuarentenas. Tendremos respuestas imperfectas que dependerán de supuestos implausibles. Mis recomendaciones son: (i) desconfiar de respuestas entregadas con certeza y (ii) tomar cualquier respuesta con sano escepticismo.

La ciencia no nos puede dar la respuesta a las dos últimas preguntas. Habrá que escuchar con cuidado a los filósofos – y a nosotros mismos.

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