Bogotá

21 Mar 2021 - 2:00 a. m.

Cuestión de método: clases virtuales, profesores y coronavirus

La pandemia llevó a la educación por completo a la virtualidad, lo que hizo que no solo se tuvieran que replantear las clases y formas de evaluación, sino a resaltar el esfuerzo de maestros que hicieron de sus clases experiencias únicas.

Uno de los sectores más golpeados por la pandemia sin duda ha sido la educación. Además del cambio que representaron las clases virtuales y a distancia, uno de los retos fue garantizar la calidad, en especial en instituciones como las distritales, donde las vulnerabilidades son mayores y son necesarias múltiples herramientas para mantener el contacto con los estudiantes.

El Distrito desarrolló la estrategia “Aprende en casa”, a través de canales diferentes a la internet. Aparte de la entrega de guías físicas a quienes no tienen acceso a la tecnología, se habilitaron programas de televisión y radio. Además, capacitaron a los profesores para cambiar sus esquemas en la virtualidad. Algunos se salieron de los esquemas y cumplieron un papel importante, que hicieron de sus experiencias únicas.

Esto ocurrió en el colegio Cultura Popular, en Puente Aranda, donde la profesora de informática, Yadira Rivera, fue fundamental para garantizar que los más vulnerables tuvieran acceso a las plataformas virtuales. Ella ya era reconocida antes de la pandemia, pues desde 2016 estuvo a cargo de los programas Saber Digital, que le sirvieron para crear un club, en el que con los estudiantes han producido videos, realidad aumentada y trabajan plataformas digitales, como la que promovió el año pasado para que estudiantes de grado once se prepararan para las Pruebas Saber.

Pero su valor va más allá: la pandemia evidenció que en el colegio tan solo el 50 % tenían facilidades tecnológicas y el 15 % no tenían ni dispositivos ni capacidad para conectarse. Por lo que lo primero que hizo fue buscar alternativas dentro de la institución y así logró que se prestaran 50 tabletas de la clase de informática a los más vulnerables. Luego pensó en pedir un préstamo, pero en compañía de su esposo, hijos y compañeros repartieron volantes y corrieron la voz en busca de ayudas. Lo que lograron fue inesperado, pues así como algunos maestros ayudaron a pagar planes de internet, la comunidad no solo donó elementos tecnológicos, sino que se ofrecieron a dar asistencia técnica y a reparar equipos, con lo que pudieron dar soluciones a 24 familias.

“Teníamos muchas dificultades para hacer las tareas, porque solo teníamos mi celular y no dábamos abasto con tanta tarea de mis tres hijos”, señaló Katherine Ballesteros, una de las madres beneficiadas, en uno de los videos que Rivera hizo para mostrar lo que han entregado, y en los que además ha quedado registrada la felicidad de los que lucharon por garantizar que sus hijos no perdieran clases o entregaran a tiempo sus trabajos, pese a no tener el acceso tecnológico.

En el colegio Alfonso López Michelsen, lo que hicieron Juan Camilo Díaz y Yolanda Dueñas fue crear su propio mundo, el Escape room, una serie de narraciones, acertijos y pódcasts en los que sus estudiantes deben salvar a Hipatia del agujero negro, que en pandemia no es más que el COVID-19. Es un juego que sus estudiantes han resuelto hasta cinco veces, pero que a la par ha servido para enseñarles sobre química, filosofía e historia a través de una aventura digital. “Estamos ofreciendo otras posibilidades que el aula no tiene y te limita, y que además rompe completamente el esquema de poder del profesor frente al alumno”, dijo Dueñas.

En el juego hay cuatro roles que evocan las propiedades del oro, mientras que las actividades dinámicas combinan a culturas indígenas, con historias como las de la esclavitud y los compuestos que pueden llegar a tener mundos extraterrestres, por lo que sus estudiantes lo que más valoran es que no tienen límites para dejar volar la imaginación y encontrar nuevas formas para enseñar.

Aunque no todo es fácil. La cuarentena hizo más difícil la educación para niños con algún tipo de discapacidad. Además del acceso, encontrar la manera de interactuar en una pantalla es de mucho trabajo, pero en el caso de Sindey Bernal, parece que la vida la hubiera preparado para este momento.

Desde que estaba en la universidad se interesó por la educación, en entender mejor la discapacidad, a tal punto de que para su tesis de pregrado desarrolló un dispositivo que captura la voz y la convierte en lenguaje de señas, mientras que en su maestría desarrolló el sistema inverso. “Quise integrar la tecnología con la inclusión. Cuando se dio la oportunidad, una de mis maestras me dijo que si realmente quería hablar de inclusión, debía ampliar mi panorama, pues la inclusión es para todos. Y ahí, en el colegio, creé el semillero de investigación, y en la universidad empezamos a crear recursos tecnológicos para todos”, afirmó Bernal en uno de los reconocimientos que le ha hecho el Distrito.

Y no se quedó ahí. En los últimos 10 años ha hecho cerca de 100 proyectos con audiocuentos, que incluyen braille y lengua de señas con realidad aumentada; un teclado de computador con braille, y hasta un giroscopio, que reconoce los movimientos de la cabeza, como los del ratón de un computador. Además, ha diseñado materiales didácticos y aulas virtuales, que no solo la han convertido en maestra de maestros durante la cuarentena, sino que la hicieron una de las 50 finalistas de los Global Teacher Prize 2020, logro que solo han alcanzado junto a ella otros dos bogotanos.

Pero para Sindey, al igual que para Rivera, Dueñas o Díaz, al final su meta no es el reconocimiento, sino lo que alcancen con sus estudiantes, pues en el método está la capacidad de enseñarles y de superar retos como los que impuso la pandemia.

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