20 Apr 2020 - 2:00 a. m.

“Debemos crear nuevo impuesto al patrimonio”: Claudia López

La alcaldesa dice que la ciudad se debe preocupar por bajar la curva de contagios, pero también la del desempleo. Plantea el impuesto como opción para resolver las necesidades económicas de la ciudad.

Mónica Rivera Rueda @Yomonriver

Claudia López asegura que por cuenta de la emergencia cambiará el transporte, la educación y el trabajo. / Gustavo Torrijos
Claudia López asegura que por cuenta de la emergencia cambiará el transporte, la educación y el trabajo. / Gustavo Torrijos

No hay discusión. La emergencia por el COVID-19 partirá la historia de la capital. Y eso lo sabe la alcaldesa, Claudia López, quien tiene claro que el libreto de su administración ya no será el mismo con el que se hizo elegir y lo tendrá que adaptar para tratar de contener los efectos de la pandemia a corto, mediano y largo plazo.

De entrada, tiene claro que este año Transmilenio no volverá a ser masivo y máximo operará al 35 %; se extenderá la educación virtual y el teletrabajo tendrá más protagonismo que nunca. En entrevista con El Espectador, la mandataria habla de cómo ha enfrentado esta coyuntura, las decisiones y los sacrificios para proteger la vida de los ciudadanos, así como los cambios que se avecinan para mantener la ciudad a flote.

¿Qué tanto cambió sus planes la emergencia del COVID-19?

Más que cambiarlos, me plantea es la necesidad de anticipar nuestro nuevo contrato social. De hecho, pensábamos implementar un subsidio para las familias más pobres este año, pero tocó hacerlo en dos semanas. Cuando la gente me preguntaba qué era “un contrato social”, pues es redistribuir las rentas, el patrimonio y los ingresos de quienes más tienen con quienes menos tienen. Estamos aprendiendo mucho y francamente creo que nos va a tocar ir a una especie de empadronamiento.

¿Y cómo se hará esa tarea?

Revisando la estratificación, que en Bogotá es una desgracia, porque no está conectada con los ingresos de la gente. Hay personas estrato dos que ganan más que alguien de estrato tres o cuatro. Por ejemplo, a mí me da vergüenza, porque vivo en un edificio viejito, que es estrato tres, pero aquí vivimos la alcaldesa y una senadora, que vía servicios públicos recibimos subsidio. Es absurdo. Tendremos que hacer un censo general, para saber exactamente quién vive en cada casa y focalizar las ayudas, según los ingresos y la vulnerabilidad económica, y no en función de los estratos.

¿Se hará con el censo o el Sisbén?

La fortuna es que el censo se hizo hace poco y el Sisbén, en diciembre; por lo que están actualizados. Lo que necesitamos es una encuesta por hogar, que actualice los ingresos del grupo familiar y su vulnerabilidad. Una nueva multipropósitos que incluya ingresos por familia y en función de eso poder cobrar, pero también ayudar. El primer reto es ese: caracterizar las familias. El segundo es bancarizar, pues la gran demora ahora con las ayudas es que quienes más las necesitan no están bancarizados. Hemos tenido semanas de bancarización gratuita, para eso la tecnología nos ha ayudado mucho. Ese es el principal cambio que se avecina.

El COVID-19 cambia las prioridades...

Acabamos de hacer un cambio drástico. De los fondos de desarrollo local pasamos $500.000 millones a “Bogotá Solidaria en Casa”, por lo que algunas obras no se harán, pero se usarán para apoyar a las familias y a las pequeñas y medianas empresas. Ahora, nuestra prioridad es salvar vidas y por eso hemos peleado para que la cuarentena se extienda. El coronavirus puede matar mucha gente y no podemos correr ese riesgo. Pero, de otro lado, tendremos una pequeña recesión y subirá el desempleo. Entonces también tenemos que salvar empleos y por eso debemos ver con cuidado qué puede arrancar y qué no, sin que se disparen las muertes masivas.

¿Eso no va en contra del aislamiento?

Podríamos contratar obras que trabajen con personas del mismo sector, para que las personas no se tengan que mover largas distancias. Eso mismo les va a pasar a los privados. Para bajar la curva del desempleo, nos sirve que se reactive, pero tenemos que hacerlo con cuidado, con normas de bioseguridad, evitando el transporte largo y esto nos va a cambiar la vida, porque algunos sectores van a arrancar con una forma de contratar y operar muy distinta.

¿Y Transmilenio?

Prácticamente no volverá a operar al 100 % este año, porque si las personas están cerca se contagian, no podemos correr el riesgo de que TM sea un factor de contagio masivo. Esta decisión nos está generando un hueco en el sistema de $140.000 millones al mes, porque está operando con 25 % de los usuarios, pero es la única manera segura. Nuestros estudios dicen que podríamos prestarlo hasta 35 %, no más. Hay contratos como la renovación y ampliación de 25 estaciones de TM y ahora sí que las necesitamos. Ese es el tipo de cosas que debemos sacar con la urgencia manifiesta más rápido.

¿El metro estaría en riesgo?

No. El metro tiene que arrancar, para tener otra alternativa de transporte segura. Lo que ya está contratado va a arrancar. Con el presidente seguimos firmes con que todo el sistema de transporte masivo de Bogotá salga adelante. Los estudios que ya habíamos contratado para llevar el metro a Suba arrancaron en marzo y no han parado. Por fortuna, son cosas de estructuración que las pueden hacer desde casa. Tuvimos un traspié, porque antes del coronavirus estuvo la crisis del dólar, que estuvo a $4.300 y eso revienta el contrato del metro. Tuvimos que hacer un acuerdo, aplazar la contratación de la interventoría y sin eso no puedo empezar la obra. Entonces nos tocó hacer un acuerdo con la nación y los contratistas para reprogramar el inicio, para que vaya al tiempo.

También cambiará la educación…

En un mes se hizo el programa “Aprender en Casa”, con los maestros; guías para los niños, y volvimos Canal Capital un medio de difusión del programa, para que los niños sigan aprendiendo. Tenemos el desafío de ver cómo con las empresas logramos digitalizar hogares que necesitan internet. Hay como 30.000 niños de colegios públicos sin acceso. Haremos una reunión para ver cómo conseguimos tabletas e internet, pero toca buscar soluciones.

¿Cómo será la evaluación? El reto está en mantener la calidad.

Lo sé, pero es peor estar en casa desocupado. Debemos ir estudiando y ver cómo lo vamos evaluando. Hay muchas cosas que la respuesta, honestamente, no sé cómo va a ser, si igual o peor, pero la peor decisión es no hacer nada.

¿Cómo se hará lo de los 20.000 cupos universitarios?

Este programa, por ejemplo, hay que adelantarlo, pero virtual. Y no todos serán en la Distrital, porque será con el programa que nos ofrezcan. Por convicción, se los ofreceremos a las universidades públicas y si resultan todos, magnífico. Si algunos no pueden ofrecer ciertos programas que los jóvenes quieran, miramos qué hacer.

¿Cuál es el balance de la cuarentena?

La vida nunca volverá a ser normal. Eso quiero que la gente lo tenga en cuenta. Por lo menos este año nos tocará cambiar muchas cosas. Ha sido una lucha evitar que colapse el sistema hospitalario; porque si colapsa, no hay economía que resista. Bogotá tiene 36 hospitales, públicos y privados, de buena capacidad. Entre todos tiene 492 unidades de Cuidados Intensivos para COVID-19, entonces por ahora vamos bien. El problema es que cuando se acabe la cuarentena, el contagio volverá y subirá.

¿Cuál es el plan para ese momento?

Nos organizamos para tener 400.000 pruebas. Entre abril y mayo trataremos de hacer 5.000 diarias. Vamos a intentar un testeo masivo, pero cada solución trae su maldición, porque lo primero fue conseguir las pruebas y ahora habilitar los laboratorios, porque máximo puedo procesar 2.000 al día. Toca ir avanzando, habilitar camas y monitorear las UCI. Cuando se nos cope el 70 % de las UCI hay que volver a cerrar y eso puede pasar en dos semanas o en tres meses. Tenemos que hacer ese acuerdo social, vamos a ir abriendo actividades, con mucho cuidado, para que no se pierdan muchos empleos, pero será como si todos estuviéramos hospitalizados y nos vamos a cuidar para que no todos lleguemos a cuidados intensivos. Todo el año será así.

¿De dónde saldrán los recursos para recuperar la ciudad y continuar el programa de Bogotá Solidaria?

Lo de Bogotá Solidaria, por ahora, lo cubrimos con recursos de la Alcaldía, pero vamos a hacer una solicitud a la nación, de todo lo que necesita Bogotá, porque la ciudad termina atendiendo a todo el país y es nuestro deber. Por ejemplo, si se copan las UCI del Meta, terminan aquí. De hecho, estamos trabajando con los departamentos de la Región Administrativa y de Planificación Especial (RAPE), porque nos toca juntos. Las pruebas de laboratorio y la expansión de Corferias las pagamos con recursos de Bogotá, pero de ahí en adelante nos debe ayudar la nación. Es parte de lo que estamos viendo con el Gobierno.

Hacienda habló de ampliar el cupo de endeudamiento. ¿Qué otras cosas se piensan tomar del presupuesto?

Nos toca. Ya nos ha tocado hacer traslados presupuestales, a salud y a integración social, que ha estado vigilando que nadie quede sin techo. Nos tocará seguir haciéndolo, pero creo que desde el punto de vista económico toca hacer un gran plan nacional y es lo que quiero discutir con el Gobierno, porque eso sí que depende de ellos.

¿En qué consiste ese plan?

Francamente, creo que tenemos que crear un impuesto al patrimonio. Cuando el virus se llamaba las Farc, se hizo y fortalecimos la defensa, al igual que con la ola invernal. Hoy necesitamos lo mismo: un impuesto al patrimonio, que afecta a muy poquitos, como mil entre personas naturales y jurídicas. Debemos buscar que las pequeñas, medianas y microempresas no tengan que pagar impuestos y puedan acceder a créditos, y que a los hogares (que es mi otra discusión) que no van a poder pagar servicios públicos les podamos reprogramar la deuda. Pero eso necesita apalancamiento, como cupo de endeudamiento nacional y local, impuesto al patrimonio y líneas de crédito para pequeños empresarios.

¿Cuál es el plan en política social?

Sabemos que hay 500.000 personas en condición de pobreza, pero hay un millón más de hogares pidiendo ayuda y atenderlos cuesta mucha plata, pero hay que sacarla de dónde sea. Estamos trabajando en conjunto y nos ha servido para probar las políticas sociales. La atención a los habitantes de calle se está haciendo bien y a los migrantes finalmente los estamos cubriendo. El lío grande ahora es la población como mujeres con trabajo sexual pago, porque tenemos como cinco veces más solicitudes; y temas como violencia intrafamiliar, pues hay cinco veces mas llamadas a la Línea Púrpura. Hay que hacer lo que funcione y adaptarnos a las necesidades de la gente. Vamos relativamente bien, pero debemos saber que tendremos un bajón económico; que tenemos que aplanar esa curva de muerte masiva, al igual que la del desempleo, y en ambas vamos a trabajar.

¿Qué va a pasar con el POT?

Bogotá no se va a acabar, va a seguir y tendremos construcción. Seguiremos trabajando para sacar el Plan de Desarrollo y el POT este año. Nadie ha dejado de trabajar en las demás tareas que tenemos.

Comparte: