En dos horas llovió el equivalente a dos piscinas olímpicas. Así midió el Instituto Distrital de Gestión del Riesgo (IDIGER) el fuerte aguacero que cayó en la tarde del lunes 9 de marzo sobre el norte de Bogotá que provocó, una vez más, la inundación del deprimido de la calle 94, una glorieta subterránea que conecta la NQS con otras 18 rutas. Este sector se ha convertido en un dolor de cabeza para la ciudad cada que arranca la temporada invernal.
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Y marzo, como es tradición, llega cargado de lluvias, como lo notificó el Ideam. En lo corrido del mes, solo en Bogotá, ya se han presentado 40 emergencias, en su mayoría encharcamientos y daño en el alcantarillado, afectando a 41 familias. Una de estas emergencias fue la del deprimido donde, de acuerdo con el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, dos vehículos quedaron atrapados. En uno iba una familia con una bebé de 19 meses y en el otro un conductor, que narró cómo el agua le llegó hasta el pecho y su vehículo, prácticamente, fue declarado en pérdida total.
¿Por qué se inunda?
No es la primera vez que se registra este tipo de emergencias en este paso a desnivel. Vale recordar que, con un retraso de 10 años y sobrecostos, esta obra se inauguró en marzo de 2017 y apenas un mes después de su inauguración, con el primer aguacero, se inundó y varios vehículos quedaron atrapados. En su momento, la explicación fue “un error humano”, pues la persona encargada de prender las estaciones de bombeo, para evacuar el agua, no lo hizo a tiempo.
La escena se repitió en 2018, 2019, 2022, 2024 y 2025. ¿La constante? Lluvias por fuera del promedio. Según los expertos, esa es la principal causa que se debe tener en cuenta al momento de responder por qué esta infraestructura termina bajo el agua. Rafael Ortiz es docente de la Universidad Nacional y experto en instalaciones hidráulicas y equipos de bombeo. Ese lunes evidenció de primera mano las inundaciones y argumentó que una primera razón de la emergencia se da por el taponamiento de los sistemas de drenaje, a causa de trozos de madera, tierra o basura.
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La segunda causa ya pasa por las variaciones climáticas. “Cuando las precipitaciones superan los cálculos que se hicieron durante el diseño del equipo de bombeo, los sistemas son insuficientes para evacuar el agua. No podemos decir que el sistema estuvo mal estructurado, pues nunca podemos diseñar para estar 100% seguros. Para evacuar grandes cantidades de agua necesitaríamos unos sistemas enormes”, sentenció Ortiz.
Pero, ¿se pueden mejorar los sistemas? Ortiz responde que sí. “Se tendría que entrar a repotenciar ese sistema colocando, por ejemplo, unos equipos que soporten una precipitación más alta, pero siempre hay probabilidad de que fallen. No solo pasa acá, pasa en otros deprimidos del mundo”.
A su planteamiento se suma Héctor Matamoros, profesor emérito de la Universidad Escuela Colombiana de Ingeniería y experto en recursos hidráulicos. “Preventivamente, debemos darle un adecuado mantenimiento a los sumideros. Y eventualmente, que el Acueducto revise si hay que hacer intervenciones a las estructuras ya construidas, para mejorar su desempeño”.
¿Qué hace el Distrito?
El Acueducto, ante la contingencia del lunes, emitió un comunicado informando que en el deprimido funcionan tres bombas instaladas desde su construcción. En ese sentido, recordó que las estaciones de bombeo se diseñaron teniendo en cuenta el posible aumento extremo de lluvia en los siguientes 25 años (es decir, eventos intensos en ese tiempo de recurrencia). Además, el diseño de los sumideros y las redes menores de alcantarillado también tiene en cuenta esas eventualidades. El tema es que, según el IDU, las lluvias del pasado lunes superaron la capacidad del sistema, “que operó de manera continua para controlar la situación”.
Igualmente, el Acueducto enfatizó que, ante los aguaceros cada vez más intensos, desde el año pasado reforzaron el drenaje del sector aledaño al deprimido y del corredor de la calle 94, con la instalación de 49 sumideros adicionales, “con el fin de que las aguas se evacuen antes de ingresar a la infraestructura vial”. Aun así, su gerente, Natasha Avendaño, pidió el apoyo de la ciudadanía evitando arrojar basuras en las vías, que generan el taponamiento de las alcantarillas y redes pluviales.
Desde las voces de expertos, es claro que este tipo de infraestructuras son vulnerables ante eventos climáticos extremos y aunque no se puedan evitar 100 %, recalcan que con medidas a tiempo y la ayuda de la gente, se pueden disminuir los daños y el riesgo para las familias que transitan por allí.
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