Bogotá atraviesa un cambio demográfico sin retorno y a ritmos más acelerados que a nivel nacional. De acuerdo con el Informe de Calidad de Vida 2024, liderado por el programa Bogotá Cómo Vamos, en 25 años Bogotá sería la ciudad del país con mayor porcentaje de personas de 60 años o más. Pero mientras la pirámide poblacional se invierte, la ciudad todavía tiene retos en dejar de ver el envejecimiento como una carga y sí como un motor de empleabilidad y producción.
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Jennifer Francis tiene 51 años y es dueña del emprendimiento al que bautizó ‘Beguinna’. Una marca que confecciona ropa y accesorios para adultos mayores con movilidad reducida desde 2023. Tras pensionarse a su corta edad, cuenta que no concebía la vida sin trabajar y decidió plantearse un proyecto de vida.
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Al investigar qué población podría impactar, se encontró con esta realidad: la población adulta está en crecimiento, entre otros, por la baja natalidad que registra el país. Fue entonces que decidió lanzarse y ofrecer sus cinco productos a una población que, a pesar de sus dificultades motrices, busca ser independiente. “Sostenerse es toda una tarea, pero voy para un camino donde evidentemente el mercado va a crecer. Además, sí creo que la fuerza laboral de las personas adultas es desaprovechada con toda esa experiencia adquirida”, cuenta en conversación con El Espectador.
A su visión se suma Ricardo Mora, CEO de RUAH60+, una plataforma que nació en 2020 y busca llevar servicios de acompañamiento a citas médicas, gestión de trámites, clases de tecnología y toderos, directamente a las personas adultas mayores, sin salir de sus hogares. Una apuesta que reconoce tiene un impacto social, pero también, en un futuro no tan lejano, a nivel laboral.
“Nosotros sabemos que cada vez va a haber menos fuerza de trabajo joven. Y aunque en este momento solo tenemos a una persona empleada por encima de los 60 años, sí tenemos implementado que, a partir del 2030, incorporaremos más personas de esta edad para la prestación de servicios”.
Más experiencia, pero más informalidad
Aunque las personas mayores son reconocidas en el mercado laboral como una fuente de experiencia y compromiso, las empresas todavía no confían en estos valores. De acuerdo con la Agencia Distrital de Empleo (ADE), a pesar de que las personas por encima de 50 años reciben más remisiones a vacantes, la contratación está muy por debajo (5,6 %), frente a los jóvenes (26 %). Esta brecha ignora una realidad productiva: en 2024 la ocupación de esta población creció un 11,2%, con más de un millón de personas ocupadas.
Entre tanto, la Secretaría de Desarrollo Económico encontró que el sector de comercio y la reparación de vehículos se consolidaron como los principales empleadores de personas mayores de 50 años en Bogotá. También, las actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos se destacaron por su creciente inclusión de trabajadores de este grupo poblacional.
“La inclusión laboral de las personas mayores de 50 años no solo beneficia a este grupo etario; también impulsa el crecimiento económico y el desarrollo social de Bogotá, en tanto que su participación genera un impacto positivo en la productividad, el consumo y la innovación, al aportar experiencia y conocimiento de alto valor”, destaca la entidad distrital.
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Para el Observatorio de Empleabilidad y Emprendimiento del Adulto Mayor (OEEA) de la Universidad del Rosario, las dificultades tecnológicas (75,44 %), la adaptación al cambio (49,12 %), problemas de salud (40,35 %) y la capacitación profesional (26,32 %), expresadas por los mismos empleadores, son factores que impiden ofrecer más oportunidades laborales.
Y aunque las empresas muestran una buena disposición por cambiar este panorama, “las cifras reflejan que el cambio requiere más que buena voluntad, pues un 87,5 % de las organizaciones están dispuestas a publicar vacantes para adultos mayores, pero solo el 12,5 % ha implementado políticas específicas y apenas el 26,8 % cuenta con programas internos para fomentar su participación y permanencia”, destacó Andrés García-Suaza, investigador del observatorio y decano de la Facultad de Economía de la U. Rosario.
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El problema es que estas y otras barreras, sumadas a una cobertura pensional que solo alcanza al 21,8 % de los 7,6 millones de adultos en Colombia, terminan por empujar a una población adulta al mercado informal, afectando principalmente a las mujeres, donde las brechas se hacen más amplias año a año e impacta directamente en una vejez digna ante su delicada vulneración económica.
Las cifras del IPES ponen rostro a esta precariedad: de las 5.895 personas caracterizadas en las ventas informales, más de 2.500 superan los 46 años, incluyendo a casi mil que ya han pasado los 60.
Según el análisis del Observatorio de la Universidad del Rosario, dentro de las razones por las que optan ser independientes, el 38,2 % manifestó querer más independencia y el 25,3 % lo hizo por tener una autopercepción negativa de su edad. Solo el 10 % declaró que lo hace por buscar emprender.
“Esto implica que se requiere avanzar en mejorar el bienestar de la población adulta mayor para garantizar calidad de vida y el desarrollo de actividades productivas, pero además se requiere un enfoque de género, ya que las brechas que se observan y se han visibilizado son igualmente prevalentes entre las personas mayores”, destacó Julieth Ríos, autora del informe Desafíos y oportunidades de empleo y emprendimiento en los adultos mayores.
Los nuevos retos de la longevidad
“Esta discrepancia entre una disposición clara a contratar personas mayores y la falta de implementación de ajustes en los procesos muestra la importancia de implementar acciones que conecten las empresas con el talento senior”, manifestó Diana Mena, investigadora del Observatorio de Empleabilidad y Emprendimiento del Adulto Mayor (OEEA).
Para transformar esta realidad, la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) lanzó este 11 de marzo el 20.º espacio del Clúster de Economía Plateada, en el Teatro Cafam. Una iniciativa no menor —pues el 23,8 % de los propietarios de empresas con registro mercantil tiene 60 años o más, superando a otros grupos etarios— que busca articular a empresarios, emprendedores, academia, sector público, organizaciones sociales y personas mayores, para promover soluciones empresariales orientadas a la nueva longevidad.
La meta del CCB es clara para 2026: generar más de 1.100 empresas, acompañar al menos 200 modelos de negocio orientados a la población mayor, realizar 200 diagnósticos de madurez empresarial con planes de intervención y fortalecer centros de cuidado y promover proyectos de alto impacto.
“Los clústeres nos permiten entender que hay un sector de la economía que, bien organizado, nos puede dar un crecimiento empresarial importante y una buena oferta también. Además, es claro que la longevidad entra a transformar los mercados, por eso buscamos cómo abrir más oportunidades en sectores con mayor potencial: salud y bienestar, con todo lo que tiene que ver con cuidado y atención domiciliaria; el turismo y la recreación; viviendas con entornos amigables y tecnología para que sean más autónomos”, detalló Ovidio Claros Polanco, presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá, a El Espectador.
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Por su parte, desde la Secretaría de Desarrollo Económico resaltan que están asumiendo el compromiso de garantizar la inclusión laboral de esta población a través de ferias de empleo exclusivas; incentivos económicos para las empresas que los contraten; y para los emprendedores, cursos cortos en redes, finanzas, habilidades comerciales y fortalecimiento empresarial.
En cuanto al cierre de brechas, el Observatorio de la entidad distrital destaca la urgente necesidad de implementar políticas públicas que promuevan la participación de las mujeres en el mercado laboral formal, facilitar el acceso a sistemas de ahorro para la vejez y promover la equidad en las responsabilidades de cuidado, “brindando a las mujeres una mayor estabilidad económica en su jubilación”, concluyen.
El reloj demográfico de Bogotá no para. Aunque la incertidumbre proyecte que en 2043 va a haber menos población en edad de trabajar (15 a 64 años) que la población dependiente (niños y adultos mayores), la pregunta es que qué tan rápido podrán las empresas y las instituciones adaptarse para no dejar atrás a quienes hoy sostienen gran parte de la economía informal.
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