Bogotá

15 Nov 2014 - 1:02 a. m.

¿Discriminado por los colegios privados?

Según la fundación Ecosueños, encargada de la protección de Carlos- un niño de 8 años- colegios privados se han negado a darle un cupo. Instituciones se defienden y desde la Secretaría de Educación señalan que este sería un caso de exclusión.

Laura Dulce Romero

Carlos Perilla tiene ocho años y dice que cuando sea grande quiere ser artista. Su vida no ha sido fácil. Nació en un hogar pobre y el margen de oportunidades era mínimo. A los dos años, Ecosueños, una fundación que acoge a niños cuyos padres viven en la pobreza extrema, están en la cárcel o son adictos al alcohol o las drogas, lo rescató de una casa de lata al lado de un caño en Prado Veraniego, en el norte de la ciudad. Aunque han sido múltiples los esfuerzos para que Carlitos, como le dicen cariñosamente, tenga una mejor educación, parece que otros lo quieren evitar. Desde mitad de año sus acudientes intentan matricularlo en un colegio privado, pero en la mayoría le han negado la entrada por “ser niño de una fundación”.

“Recuerdo que cuando llegamos hace seis años a conocer su casa no tenían ni colchón. Dormían sobre su ropa. Vi a los niños apenas llegué y que Luna, la hermanita de Carlitos, lloraba con un plato vacío. Lo que hacía la mamá era poner un plato para todos y que cada uno cogiera lo que pudiera”, narró Paulo Sánchez, representante de Ecosueños. Desde entonces, Carlos vive en una casa de la fundación, en Colina Campestre, junto a sus hermanos. Su mamá les dijo a los fundadores de Ecosueños que iría al campo a trabajar y desde entonces sólo va esporádicamente. Así que ahora los responsables de su crianza, sus estudios, su comida, sus clases de deporte y hasta viajes son los miembros de la fundación, que son como sus padres.

Para Sonia Camacho, directora de Ecosueños, Carlitos siempre ha sido un niño muy inquieto con el conocimiento. De hecho, la profesora de su colegio distrital les recomendó cambiarlo a una institución privada, donde pudiera tener una educación de mejor calidad. Así que la fundación se puso a la tarea de buscar un nuevo colegio. Pensaron que sería fácil, pues tenían el dinero y creían que Carlos iba a pasar los filtros de este tipo de planteles. Sin embargo, eso no ocurrió.

Primero llamaron a instituciones como el Gimnasio Los Andes y el José Celestino Mutis. Esperanza Castro, fundadora de Ecosueños, explicó el caso. La respuesta negativa era casi inmediata. “Aquí no aceptamos niños de fundaciones”, le dijeron. Sorprendida, llamó a un colegio que ya conocía, porque sus hijos habían estudiado allí y porque, según ella, no dudaba de su excelencia académica: el Liceo Cervantes del Norte.

Esperanza fue hasta esta institución católica a preguntar si era posible que el niño empezara cuanto antes su proceso de admisión. La secretaria le dijo que antes debía enviar una carta al rector del colegio, quien determinaba si estos casos eran viables. “El 20 de octubre hicieron las pruebas académicas y psicológicas. Siete días después llamaron. Pensamos que le iban a dar el cupo, pero no fue así”. A esa reunión asistieron Paulo y Esperanza. Ellos sabían que la posibilidad no era alta. Quizás era necesario nivelar a Carlos. Pero, para su desagrado, esa no fue la única razón.

La psicóloga habló de tres parámetros. El primero, su desempeño académico, que para ellos es bajo. También habló de las directrices del padre rector sobre el concepto de la familia: “Núcleo familiar con la imagen de papá y mamá, que el niño no tiene actualmente”. Adicionalmente, que, de acuerdo con la institución, la fundación no era estable para un menor. Y aunque los integrantes de Ecosueños reiteraron que llevaban seis años con el pequeño y que su acompañamiento ha sido permanente, la respuesta siguió siendo no.

“También nos hablaron de un conflicto socioeconómico, que podría hacer que Carlitos sufriera una desadaptación que lo iba a perjudicar. Pero nosotros creemos que él tiene qué aportar”, aseguró Paulo. Sin embargo, esto no los convenció. En la reunión hubo varios comentarios que para Ecosueños demuestran que en Colombia hay una educación excluyente: “Es que nuestros niños trabajan con tabletas y computadores” o “pero ¿ustedes son una fundación de alto nivel? Es decir, tienen con qué pagar”, fueron algunos de ellos. Al final el colegio les recomendó un nuevo plantel que “tiene un nivel un poco más bajo, pero en el que podría encajar mejor”, contó Esperanza.

Ante esta denuncia, el colegio Liceo de Cervantes del Norte afirmó que no se trata de un caso de discriminación y que realizar el proceso de admisión no asegura la entrada a la institución. “No todos son cervantinos. No todos son para un tipo de educación. Hay instituciones que ofrecen el estilo en el cual el niño puede salir adelante sin inconveniente”, manifestó su rector, el sacerdote Nelson Gallego Orozco, quien agregó que, al asignar un cupo, el colegio tiene en cuenta la prueba académica y la formación integral (la parte social y afectiva), requisitos que Carlitos no cumplía. Fue reiterativo en que el niño no se sentiría bien y que en su plantel tendría un proceso abrupto de adaptación.

“El niño, lógicamente, al venir de un ambiente donde son poquitos niños y pasar a un colegio grande, se impacta. Y la parte familiar también importa. Que el niño tenga familia y que ésta esté pendiente de ese proceso”, añadió. Por último manifestó que “si el estudiante responde a ese perfil íntegro que exige la institución, podría entrar. Hay que ser honestos con las personas. Nosotros jamás les creamos falsas expectativas”, precisó Gallego.

Colegios privados, sin control

Para la Secretaría de Educación, este podría ser un caso claro de discriminación. “Aquí lo que hay es un niño en presunto estado de desprotección, pero con una fundación que se ha encargado de darle todo el amparo. En ese orden de ideas, el colegio privado no tiene por qué insistir con esta discriminación disfrazada”, dijo María Francy Zalamea, directora de Inspección y Vigilancia de la Secretaría.

Para ella, la institución debió llamar a las personas responsables del menor y socializar cuál iba a ser su cuidado, además de sus compromisos y el posible modelo pedagógico de acuerdo con las condiciones del niño. Zalamea tampoco está de acuerdo con que Carlos tenga que presentar exámenes de admisión, porque lleva sus boletines y tiene un buen rendimiento académico, así que sencillamente hay que procurar su continuidad académica.

Lo cierto para la Secretaría es que existe una dificultad muy grande con los colegios privados, pues conseguir un cupo es cinco veces más difíciles que en uno distrital. “Es una lucha de titanes, porque ellos sólo reciben a gente de su clase, de su estrato y su círculo”, manifestó. Por eso, según Zalamea, se atreven a cobrar bonos, que ellos llaman “donaciones”, pero que en realidad no son legales. Y como nadie denuncia este tipo de arbitrariedades, siguen existiendo. El Distrito tiene una lista de colegios que están constituidos como “sin ánimo de lucro”, que reciben unas ganancias de hasta $7.000 millones y no pagan impuestos. Por ahora, el Distrito espera la denuncia formal de la fundación para empezar el proceso de inspección del colegio Liceo de Cervantes y los otros que le cerraron a Carlitos las puertas a la educación.

 

 

lauradulce2@hotmail.com

@lauradulcero

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