El fenómeno de El Niño no solo pone en riesgo la seguridad hídrica, sino a los ecosistemas urbanos. Las altas temperaturas amenazan especies arbóreas que no soportan el estrés térmico, justo cuando la ciudad más necesita de su cobertura vegetal. Así lo determina una investigación del Departamento de Biología de la U. Nacional, que analizó ocho especies de los árboles más abundantes en Bogotá y evaluó qué tan resilientes son al calor extremo, de las cuales, dos no pasaron la prueba. El tema tiene relevancia al conocer que en los próximos meses el país podría vivir, según el Ministerio de Ambiente, “uno de los fenómenos de El Niño más intensos desde 1950”, con pocas lluvias y altas temperaturas.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
El detrás del estudio
La bióloga Geisa Faerito, integrante del grupo de Fisiología del Estrés y Biodiversidad en Plantas y Microorganismos, fue la investigadora principal. El estudio, para establecer la tolerancia térmica en hojas de árboles urbanos de Bogotá, lo inició en 2023, con el apoyo de la Agencia Atenea y la Secretaría de Salud.
La recolección de las muestras de especies como Eugenia, Laurel huesito, Holly liso, Cerezo, Aliso, Roble, Nogal y Ficus sabanero la realizaron en dos condiciones contrastantes: el campus de la Universidad, cubierto 80% por áreas verdes como jardines y parques arbolados, y la Avenida Carrera 30, sentido sur-norte, donde la polución y el cemento marcan el paisaje.
Lea más: Enmascaradas, mujeres que reescriben el futuro de la lucha libre en Bogotá
Recogieron ramas de muestra entre las 5:00 y las 8:00 a. m. y las llevaron al laboratorio, donde las expusieron por 15 minutos a temperaturas entre 38 y 60 °C, y las rehidrataron, en condiciones de oscuridad, durante 30 minutos. Aquí, el lenguaje puede ponerse un poco técnico, pero es necesario para entender. En la fisiología vegetal (rama de la biología que estudia cómo las plantas reaccionan ante ambientes difíciles), es necesario acudir al método de la fluorescencia de la clorofila, para evaluar, de manera no invasiva, cómo responden a los cambios ambientales.
“Las altas temperaturas pueden alterar procesos básicos del funcionamiento de las plantas, como la fotosíntesis, la transpiración, el crecimiento y desarrollo. A medida que las hojas atraviesan por el calor, el aparato fotosintético es más susceptible al daño”, explica la investigadora, Geisa Faerito.
Aliso y Eugenia no pasaron la prueba
De las ocho especies que sometieron a pruebas de laboratorio, el Roble Andino, El Nogal y El Cerezo fueron los que más toleran el calor extremo. En contraste, El Aliso y La Eugenia no pasaron la prueba, al ser las más sensibles. Al estar expuestas a temperaturas de 45°, sus hojas empezaron a registrar daños.
Paradójicamente, en el caso de La Eugenia, árbol nativo de Australia que crece en zonas áridas hasta 10 metros y es característico por tener frutos de color morado que pueden ser consumidos (con efectos antioxidantes), fue el que registró menor tolerancia térmica. Por su parte, El Aliso, especie característica de los bosques altoandinos, registró una tolerancia intermedia, pero no se está ajustando a las condiciones climáticas más severas.
Es importante notar que dichas especies fueron sometidas a temperaturas de hasta 60 °C, nada palpable con la realidad de Bogotá, donde la media de la temperatura normal alcanza los 14°C y una humedad relativa del 73 %. ¿Cómo explicar entonces que el aliso y la eugenia no resisten el calor? Beatriz Salgado, codirectora de la investigación, explica que “aunque el aire de Bogotá no llegue a esa temperatura, una hoja de aliso o de eugenia expuesta al sol del mediodía, con poco viento y con los estomas parcialmente cerrados, sí podría acercarse a temperaturas foliares críticas para su tejido”.
Ahora bien, Salgado resalta que la capacidad de un árbol para enfriar su entorno depende, sobre todo, de la estructura de su copa y de su follaje. Sin embargo, insiste en que eso no significa que sea una planta que tolere altas temperaturas sin sufrir daños en sus tejidos.
“Nuestros estudios sugieren que las plantas con hojas gruesas y alta inversión en cutícula y epidermis ayudan a aislar a los tejidos fotosintéticos de las altas temperaturas, y que especies con alta transpiración son capaces de regular mejor la temperatura foliar”, concluyó.
Entonces, ¿hay que reemplazarlos?
Bogotá cuenta con cerca de 1.4 millones de árboles sembrados en vías, parques, rondas de ríos y aceras, pero su distribución es desigual: mientras Suba concentra casi 320.000 individuos, en Bosa apenas hay 46.000. Esta brecha impacta en la calidad de vida, pues su función va más allá de lo paisajístico: son clave para la captura de contaminantes como dióxidos de nitrógeno, azufre y material particulado; almacena CO2 y libera oxígeno, y contribuyen a mitigar el cambio climático, al regular la temperatura, reduciéndola entre 2 y 8 °C, gracias a la sombra.
Le puede interesar: Punto final al Sendero de las Mariposas
Entonces, en una ciudad como Bogotá, donde se esperan sequías severas y con mayor frecuencia e intensidad, no solo se necesitan más árboles, sino especies con la capacidad de adaptarse y amortiguar el calor. Entonces ¿la solución está en reemplazarlos? La docente Beatriz Salgado dice que ese no es el camino.
“La idea no es homogeneizar el arbolado pensando solo en las altas temperaturas. El arbolado enfrenta varios retos climáticos y la clave es buscar respuestas integrales y no soluciones basadas en una sola especie”.
De acuerdo con datos del Jardín Botánico conocidos por este diario, son 9 entre más de 150 especies nativas y exóticas en Bogotá las que son más susceptibles a aumentos de temperatura, pues están ubicadas en localidades donde hay mayores precipitaciones y están acostumbradas a ese riego natural: Amarrabollo, Usaquén; Yarumo, Suba; Sietecueros, Suba; Sangregado, Engativá; Palma boba cyathea, Fontibón; Nogal, Suba y Cedro, Puente Aranda.
Aun así, su directora, María Claudia García, también coincide en que la solución no es reemplazarlos por especies que sí soporten más las altas temperaturas. “Todos los árboles, no importa la especie, dan sombra y ayudan a regular el clima. Que se puedan morir por una sequía, claro. Pero eso no quiere decir que no sirva esa especie”. Con todo ello, aún queda la pregunta: ¿tenemos entonces los árboles suficientes y capaces para soportar este tipo de fenómenos? García responde.
“Este fenómeno de El Niño es muy parecido al del 2015. Si hubiera especies que no resistieran esas temperaturas, pues estarían ya muertas. Ahora, ¿tenemos el número de árboles ideal para hacer todo un control climático? No. Por eso seguimos avanzando en todas estas soluciones basadas en la naturaleza”, sentenció la directora del Jardín Botánico.
¿Cómo cuidar a los árboles en El Niño?
Mientras la ciudad avanza en medidas de compensación para mitigar el impacto ambiental por obras y cerrar brechas entre localidades, para esta temporada de sequía el Jardín Botánico destacó el desarrollo de una estrategia que empieza por identificar los árboles más vulnerables, así como a las plagas y enfermedades que se exacerban en sequía. Luego, astillar maderas a su alrededor, para proteger las raíces de la radiación directa; suspender la poda de pasto en algunas zonas, para evitar que el suelo pierda agua, y optimizar el riego en la noche o madrugada con agua lluvia recogida.
“Vamos a estar haciendo permanente monitoreo, para registrar en tiempo real qué árboles están secos o afectados, para ir ajustando nuestra respuesta y de esta manera mitigar los impactos que tenga el fenómeno del niño que ya estamos viviendo en las coberturas y en el arbolado urbano”, concluyó María Claudia García, directora del Jardín Botánico.
Conozca más: La tragedia de Yulixa y la epidemia de las cirugías estéticas ilegales
Gracias a la academia, El Aliso y La Eugenia se suman a las nueve especies de árboles identificadas por el Jardín Botánico como las más susceptibles a las altas temperaturas. Con esta información, se espera que hagan parte del monitoreo distrital para protegerles en esta época de sequía, con la claridad de que el reemplazo no es la solución.
Así, el trabajo de los próximos meses será crucial para garantizarle a la ciudad un arbolado urbano que no solo mejore la calidad del aire, sino que provea sombra y regulación térmica cuando más se necesitan. Un esfuerzo que podría ser referente para los proyectos de reforestación que Bogotá necesita para blindarse ante el cambio climático.
Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.