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21 Sep 2021 - 2:00 a. m.

El emprendedor bogotano que hace computadores con materiales biodegradables

A pesar de las complejas pruebas que le ha puesto la vida, Ángel Rodríguez sueña con que su empresa se convierta en un referente de sostenibilidad ambiental, además de proveer empleo a personas con discapacidad.
Diego Ojeda

Diego Ojeda

Periodista
Ángel Rodríguez - Emprendedor - Realiza equipos de computo con material reciclado
Ángel Rodríguez - Emprendedor - Realiza equipos de computo con material reciclado
Foto: Mauricio Alvarado / El... - Mauricio Alvarado

Ángel Rodríguez, ingeniero de sistemas bogotano, es fiel ejemplo de que la palabra discapacidad no tiene por qué asociarse con incapacidad, ya que a pesar de las más de 40 cirugías de reconstrucción facial que le han practicado (producto de su labio y paladar hendidos) batalla diariamente por cumplir un sueño: consolidar su empresa como referente en el país.

Y es que la apuesta de este joven emprendedor es interesante, porque su compañía, Ingecolmax, se caracteriza por hacer computadores utilizando materiales biodegradables. Básicamente, parte de lo que hace es ensamblar las piezas de los equipos (disco duro, tarjeta gráfica, puertos USB y demás) en un chasis de un plástico especial, que puede degradarse al cabo de 10 a 15 años. Sus creaciones las hace a medida, porque integran las características que les solicitan sus clientes, como capacidad de almacenamiento, procesador y memoria RAM.

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“Por lo general, los chasis los fabrican en aluminio, que aunque es un material reciclable, también es bastante corrosivo, lo que a la larga genera daños al ambiente. En cambio el plástico que nosotros usamos puede reutilizarse, con el plus de que los fragmentos que se van degradando los destruimos de una forma responsable”, menciona, al agregar que su producto es más económico, pues mientras en el mercado dichos armazones se consiguen por el orden de los $250.000 y $300.000, él los comercializa a $150.000.

Pero el componente ambiental va más allá de la elaboración del chasis, pues Ingecolmax también desarrolla bases para computadores portátiles y monitores con el mismo material. Sumado a esto, les pide a sus clientes que cuando los equipos cumplan su vida útil los traigan de vuelta, para intentar extender el uso de las piezas en el ensamble de otros equipos, con características más limitadas. Si definitivamente las mismas no dan para más, estas son entregadas a un aliado, el cual se encarga de su destrucción responsable, mitigando lo máximo posible el impacto ambiental.

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Haciendo memoria, recuerda que este sueño empresarial nació en la universidad, hace más de seis años, cuando creó su empresa como trabajo de grado. Ángel asegura que por aquellos días sufrió discriminación y eran pocos los que creían que sus capacidades le iban a permitir alcanzar tal desarrollo. No obstante, esa valentía y empuje que lo caracterizan lo llevaron a hacerse de oídos sordos y a continuar con su investigación, pues aunque la idea que tenía era buena, también enfrentaba diversos retos.

Parte de esos peros fue el tema de la refrigeración, el cual es un detalle bastante importante, cuando se habla de equipos de cómputo. No obstante, con trabajo logró conseguir un material delgado (de apenas cinco milímetros de espesor y resistente) que, en conjunto con un diseño de orificios, logró una temperatura de entre 34 y 40 grados centígrados, cuando la misma prueba, en un computador convencional, arrojaba resultados de más de cinco grados por encima.

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Ángel se graduó y decidió seguir impulsando ese hijito que nació en sus años de estudio. De hecho, su empresa estaba registrando crecimientos, pero como a muchos otros la pandemia llegó y su coletazo económico lo afectó significativamente. Pero su carácter decidido no le permitió darse por vencido. De hecho, la noticia de haber sido elegido como uno de los “Valientes de RCN”’ (evento que muestra las historias de personas que logran superar sus adversidades) le dio un nuevo aliento para seguir adelante.

A la gala de premiación asistió acompañado de sus padres. “Era el hombre más feliz del mundo, porque fui galardonado. Pero tres meses después la vida me dio un golpe bastante duro, que aún estoy tratando de asimilar, que fue la muerte de mi papá. Murió a causa del COVID-19. Se contagió en Corabastos, lugar en el que trabajaba con mi mamá, pero desafortunadamente fue uno de los primeros 700 en fallecer en el país”, relata.

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No obstante, Ángel asegura ser un apasionado por sus sueños, y eso es lo que lo lleva a levantarse cuando siente que las fuerzas no le alcanzan. De momento su empresa se encuentra en una fase en la que sigue perfeccionando su producto y a la espera de que llegue otro ángel, pero que sea inversionista.

En su mente está el invertir más de $1.000 millones en una bodega con adecuación técnica, que haga las veces de centro de acopio de los materiales reciclables y químicos que se utilizan para la elaboración de sus productos. Un lugar en el que pueda producir ese plástico que promete ser tan beneficioso para el medioambiente, además de emplear a personas con discapacidad, pues reconoce la discriminación y los obstáculos que sufre esta población en el ámbito laboral.

Más allá de su empresa, Ángel es ejemplo de que de las adversidades se puede levantar, de hecho, entre sus planes está escribir un libro y dar conferencias en diversas partes del mundo, llevando un mensaje de superación y enseñándole a la gente que las limitaciones son obstáculos que se pueden superar.

Nota del editor: Este artículo fue modificado posteriormente a su publicación. Esto debido a una observación presentada por quien aparecía en el original como socia de Ingecolmax, quien manifestó a este medio que dicha relación no existe.

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