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El Niño pone a prueba las cuencas sin embalses en medio de una creciente sequía

Aunque el sistema Chingaza está al 94.6% de agua, la CAR advierte que ese panorama positivo no llega a las provincias que dependen solo de la lluvia, en donde las cuencas presentan niveles por debajo del 10 %. 

Aunque el sistema Chingaza está al 94.6% de agua, la CAR advierte que ese panorama positivo no llega a las provincias que dependen solo de la lluvia, en donde las cuencas presentan niveles por debajo del 10 %.
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Al término de septiembre, autoridades ambientales han emitido alertas críticas por la severa escasez de lluvias que afronta el departamento por el fenómeno de El Niño, el cual amenaza el abastecimiento hídrico en diversas regiones. Mientras que los embalses principales garantizan cierta estabilidad para la capital, numerosas cuencas no reguladas registran niveles alarmantemente bajos, poniendo en riesgo a decenas de municipios.

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En vista de la dramática reducción en las precipitaciones, al menos 107 municipios de 116 de Cundinamarca han presentado sus planes para contener los efectos de El Niño, informó la Gobernación este viernes. Y es que el departamento no la tiene fácil, a pesar de en Bogotá las alarmas por escasez de agua son nulas en vista del buen estado de los embalses, en algunos municipios las cuencas que dependen de las lluvias presentan índices preocupantes.

Secos

La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) advirtió sobre un déficit grave de precipitaciones y una alta vulnerabilidad en las cuencas del territorio que no cuentan con estructuras de regulación. Según proyecciones del IDEAM y la NOAA, el fenómeno de El Niño tiene más del 90 % de probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027, tras una drástica disminución de las lluvias registrada desde la primera quincena de septiembre.

El aspecto más crítico del informe de la CAR se centra en los niveles alarmantemente bajos de caudal en cuencas que no tienen conexiones con embalses y por ende dependen únicamente de los niveles de lluvias, lo que ha generado índices de llenado en estas cuencas muy por debajo de sus promedios históricos:

  • Río Negro (que nace en Pacho y atraviesa 24 municipios hasta el río Magdalena): registra tan solo el 2 % de su caudal histórico.
  • Río Sumapaz: se encuentra al 10 % de su nivel habitual.
  • Río Suárez: presenta caudales del 9 % en su cuenca alta y 14 % en su cuenca media.
  • Río Bogotá: registra un 15 % en su cuenca media y un 19 % en su cuenca baja.

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La corporación aclaró que este panorama contrasta radicalmente con los sistemas como Chingaza, que registra niveles sobre el 94,6 %; el el Agregado Norte (Neusa, Sisga y Tominé) con 67,8 % y El Hato con 78 %. La preocupación radica, en gran medida, en que estas estructuras solo amortiguan las cuencas del río Bogotá y de Ubaté – Suárez. En contraste, provincias completas como Rionegro o Sumapaz carecen de embalses y dependen únicamente de las lluvias y escorrentía superficial, lo que las deja expuestas a un riesgo directo e inminente de desabastecimiento.

Juan Simón Rodríguez, ingeniero ambiental de la Universidad Manuela Beltrán, con máster en cambio climático y desarrollo sostenible, analizó el fenómeno e indicó que las proyecciones señalan que la fase más aguda del fenómeno de El Niño se concentrará entre noviembre y enero. “El escenario para Colombia será sumamente complejo. Ya observamos racionamientos en ciudades como Medellín y en varios municipios de la Sabana de Bogotá, por lo que anticipo que es altamente probable que hacia fin de año nos enfrentemos a racionamientos de agua y de energía eléctrica”, indicó a El Espectador.

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Sobre la situación hídrica actual, el experto manifestó preocupación: “que las autoridades envíen un mensaje generalizado de tranquilidad al público apoyándose únicamente en el buen nivel del sistema Chingaza, cuando ese suministro beneficia de manera directa solo a Bogotá. Esa narrativa invisibiliza a por lo menos 24 municipios que sufren una amenaza seria y latente de desabastecimiento. Por ello, sostengo que debemos dirigir un discurso franco, directo y realista sobre la verdadera vulnerabilidad de cada territorio”, señaló.

Ante esta situación, el director general de la CAR, Alfred Ballesteros, hizo un llamado a alcaldes, empresas de servicios públicos y comunidades para que activen de inmediato comités de gestión del riesgo y planes de contingencia. Entre las acciones obligatorias se destacan el blindaje y protección de las bocatomas de acueductos, la prohibición total de quemas a cielo abierto y la adopción de medidas estrictas para optimizar y reducir el consumo de agua en toda la región.

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No obstante, los expertos piden ir más allá: “Si bien la activación de comités de gestión del riesgo es necesaria para atender la emergencia, afirmo que resulta completamente insuficiente si las autoridades se quedan únicamente en reuniones y discursos sin ejecutar acciones reales en el territorio”.

Desde el diagnóstico de Rodríguez, el sistema está fallando en tres pilares fundamentales: la falta de planeación a largo plazo, la precariedad en la infraestructura y una débil gestión territorial. “Pedir el ahorro voluntario a la ciudadanía no va a resolver el problema de fondo si el agua se agota sin que hayamos construido las obras que el territorio exige”, agregó.

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¿Qué hacer? Planes y estrategias

Para hacer frente a la crisis climática, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca ha implementado un programa orientado a garantizar la reserva hídrica de la región frente al fenómeno de El Niño. Este proyecto se centra en el análisis de los sistemas acuíferos mediante la formulación de una nueva estrategia de manejo ambiental que evalúa tanto la disponibilidad como la calidad del recurso subterráneo.

“Iniciamos la formulación del Plan de Manejo Ambiental de Acuíferos para conocer sus reservas, identificar sus zonas de recarga, detectar riesgos y establecer medidas para protegerlas”, indicó Alfred Ballesteros, director de la CAR.

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Desde la Gobernación de Cundinamarca, informaron que se han adelantado reuniones con alcaldes, equipos municipales, entidades departamentales y cuerpos operativos donde se examinan los planes.

“Socializamos las acciones de nuestro plan de contingencia y los procedimientos para apoyar la atención de incendios forestales y situaciones de desabastecimiento hídrico”, explicó William Eduardo Rozo, director de la Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Desastres de Cundinamarca (UAEGRD).

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En estos encuentros, Empresas Públicas de Cundinamarca indicó que dispone de contratos para el suministro de agua por carrotanques y del sistema SAESA para registrar las solicitudes y atenciones. “Entre las medidas propuestas están la habilitación de bocatomas temporales y pozos subterráneos, la recuperación de pozos inactivos y la instalación de tanques de reserva cerca de los acueductos”, señalaron.

Pero los expertos piden ir más allá: “Para transformar esta realidad, debemos anticiparnos y analizar las demandas hídricas futuras de la región a largo plazo. Necesitamos intervenir el territorio mediante la construcción de nuevos embalses y la protección estricta de las cuencas y subcuencas de los ríos principales. Asimismo, debemos buscar fuentes alternativas como la explotación regulada del agua del subsuelo”, señaló Rodríguez.

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Incendios forestales y la realidad del campesinado

La combinación de altas temperaturas y el severo déficit de precipitaciones durante el fenómeno de El Niño eleva drásticamente la vulnerabilidad del territorio frente a incendios forestales de gran intensidad.

Según los balances de Bomberos Cundinamarca con corte al 21 de septiembre, Cundinamarca había registrado 899 incendios forestales que dejan 3.814,5 hectáreas afectadas y 85 municipios impactados este 2026. Solo en septiembre se presentaron149 incendios, con cerca de 1.078 hectáreas afectadas en 43 municipios, cifras fueron reveladas en un conversatorio convocado por el gobernador Jorge Rey para revisar la preparación municipal frente al fenómeno de El Niño.

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Para contener esta contingencia, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ordenó la prohibición total de las quemas a cielo abierto y exigió a los alcaldes activar de inmediato los comités de gestión del riesgo y sus planes de respuesta en cada municipio. De forma paralela, Bogotá adelanta labores de cerramiento, vigilancia e intervención física sobre más de 32.400 m² de retamo espinoso para remover este material vegetal inflamable de sus humedales.

Los meses que vienen y las decisiones que se temen desde una perspectiva regional, serán decisivos para mitigar los inminentes efectos de El Niño en una de sus temporadas más fuertes que ha atravesado la región de Cundinamarca.

Por Juan Camilo Parra

Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá. jparra@elespectador.com
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