Bogotá

21 Jun 2015 - 2:00 a. m.

El privilegio de un bosque en la ciudad

En el extremo norte de la capital, donde comienza la reserva forestal de los cerros orientales, el colectivo Asofloresta lidera un plan para recuperar y conservar este territorio. Les dijeron no a las nuevas construcciones y han participado en investigaciones como la que encontró un tigrillo lanudo que se creía extinto en la zona.

Verónica Téllez Oliveros

Pocos reconocerían a simple vista que la foto de este artículo es de Bogotá. Esta ciudad, que es más reconocida por el Transmilenio, la ciclovía, la congestión de sus vías o hasta por un restaurante bar llamado Andrés Carnes de Res, sorprendentemente aún conserva rincones de bosque virgen donde el único ruido que se escucha es el que producen las aves. Parte de esa hermosa cara silvestre está en el extremo norte de los cerros orientales. Allí incluso fue encontrado un tigrillo lanudo, del que no se tenía rastro en este ecosistema. Esa es una de las historias que tienen para contar algunos habitantes de la zona, que hace una década comenzaron su propio plan para proteger y recuperar el territorio. La decisión de adaptar su vida urbana a las necesidades del espacio, en lugar de imponer las suyas únicamente.
 
-Asumo que no vivo gratis en este privilegio, sino que tengo una responsabilidad.
 
La voz es de Estefanía Cabo, una de las habitantes de la urbanización Floresta de La Sabana. El conjunto de casas está en la vereda Torca Rural (calle 235, arriba de la carrera 7ª), y es justamente donde comienza la Reserva Forestal Bosque Oriental de Bogotá. 
 
Como ella, muchos de los vecinos que tienen sus viviendas allí sólo supieron que pisaban suelo de protección ambiental luego de que en 2005 el Ministerio de Ambiente expidió una norma para redefinir los límites del área de reserva forestal y poner nuevas reglas de juego en ella. Eso implicó que un día de ese año llegaran las autoridades con la orden de demoler algunas casas en proceso de construcción. Los vecinos se alarmaron y fue así como empezaron a averiguar y comprender qué retos representaba el hecho de vivir en ese territorio.
 
Retos en lo legal, porque su urbanización, como muchas de los cerros orientales, surgió como un asentamiento de origen informal. Por la década de los 70 se empezaron a desprender lotes y lotes de lo que había sido una gran hacienda y también hubo mucha compra de terreno para uso agropecuario. Así nació la Floresta de La Sabana. Y retos en lo ambiental, por las nuevas condiciones que había ordenado el Ministerio al reconocer oficialmente una reserva que había estado en el papel desde 1977. 
 
Lo primero que hicieron los vecinos (la mayoría de los que viven en la urbanización), de la Asociación Floresta de La Sabana (Asofloresta) fue reunir a su asamblea y crear un propio plan de manejo ambiental. Uno de los puntos claves de esa iniciativa fue el decirle no a la construcción de nuevas viviendas. “En eso todos fuimos firmes y lo apoyamos, pese a que muchos de nuestros asociados tienen lotes allí en los que no van a poder construir jamás. Lo aceptaron y se quedaron con lo que tenían construido hasta ese momento y nada más”, cuenta Estefanía. 
 
Entonces, Asofloresta se propuso objetivos en términos de conservación del agua, la flora y la fauna. 
 
Comenzaron con el agua. Definieron planes para recuperar las fuentes hídricas y legalizar los abastecimientos. Se unieron para tener acueducto y no depender de las aguas lluvias. Era una forma de dejar atrás las peleas por las mangueras o los tanques de agua.
 
El siguiente paso fue la recuperación de la quebrada El Gallinazo. A finales de 2011 tuvieron en sus manos el diagnóstico de un ambientalista experto en el tema que les indicó en qué estado estaba la vegetación nativa y cuáles eran las recomendaciones a seguir para restaurar la ronda eliminando basuras y desechos de animales y sembrando especies silvestres. Asofloresta habló con los dueños de los predios, los convenció de la idea y a mediados de 2012 hubo resultados: jornadas de limpieza y plantación de árboles como cedro, arrayán y mano de oso. “La comunidad aceptó que se excluyera de su predio una parte para la recuperación de la quebrada y no todo el mundo está dispuesto a que le quiten 14 metros para recuperar una quebrada. Eso fue muy importante”, dice otro de los habitantes.
 
Asofloresta también comenzó investigaciones sobre regeneración de bosques primarios y secundarios, para conocer qué tan rápido se recupera el bosque. También tienen un proyecto de monitoreo acústico automatizado para identificar aves por sus sonidos y no sólo captarlas fotográficamente. 
 
El tigrillo lanudo en los cerros
 
Uno de los resultados más agradables para los vecinos de Asofloresta resultó de la unión que hicieron con habitantes de Bosques de Torca y Bosques de Fusca para sumarse al programa “Bogotá Biodiversa”, de la Fundación Procat Colombia y The sierra to Sea Institute. Instalaron cámaras en el bosque alrededor de las urbanizaciones y haciendo la investigación “detectamos cada tres kilómetros un tigrillo lanudo, una especie que se creía extinta. Es el felino más pequeño de Colombia y no se tenía registro en los cerros orientales de él, lo cual también nos indica que tenemos un territorio privilegiado y muy conservado. Este tigrillo se mueve de bosque en bosque por la interconectividad del territorio”, anota Estefanía Cabo.
 
Hubo otros hallazgos durante la investigación. “Se obtuvieron más de 8.000 registros fotográficos, confirmando la presencia de siete especies de mamíferos. En nuestra segunda fase de muestreo obtuvimos fotografías del zorro perro, especie de zorro que es muy adaptable, capaz de sobrevivir en una variedad de ambientes que incluyen bosques, matorrales y sabanas”, destaca un documento de la iniciativa “Bogotá Biodiversa”.
 
Para permitir que especies como el tigrillo y aves como la pava de monte, que era muy escasa hacia los años 80, sigan viviendo en este ecosistema, los vecinos de Asofloresta están convencidos de continuar con el trabajo de conservación. Más ahora que las autoridades distritales están acompañando su proceso luego del fallo del Consejo de Estado, que en noviembre de 2013 definió acciones puntuales para la protección de los cerros orientales. También hay presiones de ocupación en este mismo sector por licencias de construcción que ha autorizado el municipio de La Calera.
 
Por estas razones ahora Asofloresta busca unir sus iniciativas ambientales a los habitantes de la zona, tener apoyo de las autoridades para la recuperación de fuentes hídricas y continuar cooperando con la investigación científica. Todo con la idea de preservar este lugar privilegiado en medio de la ciudad. 
 
 
vtellez@elespectador.com
 

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