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17 Aug 2020 - 4:07 p. m.

En busca del arte que vive en la capital

Idartes, a través de la línea Memoria y Arte, busca fortalecer círculos artísticos, los laboratorios de creación colectiva y los diálogos entre pares. La idea es reactivar prácticas en las localidades y descentralizar el arte de las tres zonas donde hoy se desarrolla la mayor parte de la oferta de la ciudad.
El Distrito busca fortalecer expresiones artísticas en diferentes puntos de la ciudad. AFP/Luis Acosta
El Distrito busca fortalecer expresiones artísticas en diferentes puntos de la ciudad. AFP/Luis Acosta
Foto: AFP - LUIS ACOSTA

Bogotá está llena de arte. Además de 56 salas de teatro, hay 63 museos y una variada programación anual de actividades que van desde el Iberoamericano de Teatro hasta los festivales al parque, en los que se condensa solo una parte de la cultura que se ha creado y ha llegado a la capital.

Muchas otras expresiones han encontrado cabida en los barrios, donde las propuestas pasan de ser meros encuentros entre jóvenes o artistas de una misma corriente a ser manifestaciones que integran comunidades y logran perdurar en el tiempo, pese a no ser masivas.

Tan solo hay que ver lo que pasa en Potosí, en la localidad de Ciudad Bolívar, donde desde hace veinte años se realiza Poto También es Rap, a la Mera Humildad, con fondos propios, o la Potocine, una sala que fue construida con bambú y materiales reciclables, con esfuerzo de los vecinos, artistas y un grupo de arquitectos.

Asimismo, está lo que ocurrió en el barrio Armenia, en Teusaquillo, donde varias casas han sido convertidas en galerías de arte, que ya hacen parte de un circuito, o las historias detrás de los festivales de metal por localidades, entre los que resaltan Súbase al Metal, Metal en las Montañas, Usmetal o Metal Cuarta.

“Nuestra apuesta territorial es reactivar, sensibilizar y reconocer las prácticas que hay en los territorios y, sobre todo, su diversidad política, social y cultural”, indica Daniel Bejarano, coordinador de a línea de Arte y Memoria Sin Fronteras de Idartes, a través de la cual no solo se busca visibilizar y fortalecer este tipo de expresiones, sino además descentralizar el arte, pues “alrededor del 75 % de la oferta cultural de la ciudad se concentra en cinco localidades. La idea es que el porcentaje se invierta y se escuche más a las otras localidades”.

Para lograrlo hay tres estrategias. La primera es la visibilización de los circuitos artísticos, pues, fuera de la oferta que puedan tener la Cinemateca o el Planetario, hay otras programaciones como las que se han ido conformando alrededor del Transmicable o los esfuerzos que han hecho las comunidades en el sur, sobre los cerros, para hacer más atractivas las visitas ecológicas.

Con la segunda, buscan crear diálogos entre pares con el fin de que grandes invitados nacionales e internacionales hagan parte de los laboratorios de creación colectiva, en los que esperan converjan diferentes comunidades para generar impacto sobre hechos y problemáticas, como ocurrió con la obra teatral creada entre el Teatro de La Candelaria y las Madres de Soacha, en la que además participaron abogados, para visibilizar su trabajo en los últimos años.

“A Bogotá, sobre todo en las periferias, llegan muchas comunidades de diferentes regiones que, por las condiciones del desplazamiento, deben dejar en un segundo plano sus costumbres y culturas, pero asimismo intentan sobrevivir a través de grupos de baile, literatura y agrícolas, como las comunidades indígenas emberás, que en el centro intentan rescatar esas experiencias de resistencia, resiliencia y memoria”, agregó Bejarano.

Es por ello que gran parte de la estrategia se desarrollará en la ruralidad de Sumapaz y Usme, así como en el borde entre las localidades de Bosa y Ciudad Bolívar con Soacha, zonas donde se implementarán los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). “Esto se hará específicamente con el Centro de Memoria Paz y Reconciliación, porque cuando sacan a las comunidades de sus tierras no solo las desplazan, sino que las despojan de su cultura y al llegar a la ciudad sus prácticas dejan de ser prioridad”.

Durante la cuarentena, de acuerdo con la directora de Idartes, Catalina Valencia, se han implementado estrategias de fomento y circulación, con el fin de reactivar la cadena de valor; “es decir, que hemos propiciado redes colaborativas y estamos diseñando un ecosistema digital que incluye el mapeo de artistas culturales, organizaciones y comunidades del campo artístico, para la activación gradual de las artes”.

Su importancia radica en que, ante las circunstancias de la cuarentena, se busca a los artistas que están en condiciones precarias y alta vulnerabilidad con el fin de atenderlos. “Hemos hecho un prediagnóstico y encontramos artistas mayores de cincuenta que antes eran cirqueros o mariachis y ahora viven en condiciones extremas”, dijo Bejarano.

Además, pretenden identificar los enfoques territoriales y diferenciales, para la reparación simbólica y creación de la memoria de la ciudad, así como para actualizar los mapeos culturales que, como señala Valencia, no se hacen desde hace veinte años (se actualizaron hace diez) y por consiguiente no incluyen nuevos campos de las artes, en especial los relacionados con la virtualidad.

Si bien, para este año se espera terminar el mapeo, lo que se haga de allí en adelante será fundamental, pues no solo se trata de una apuesta ambiciosa del sector, sino que va de la mano con la intención del Distrito de implementar el Acuerdo de Paz que, en este caso, incluye la construcción de memoria y la preservación de la cultura que se ha arraigado en Bogotá.

Redacción Bogotá

Por Redacción Bogotá

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