Bogotá

22 Aug 2013 - 8:22 p. m.

"Grafiteros deben ser reconocidos"

El concejal Roberto Sáenz hace una defensa de los artistas urbanos.

Roberto Sáenz*

Pasando angustias se le vio al general Francisco Patiño antes de lograr su ascenso. Su presunta participación en la alteración de la escena del crimen contra el grafitero Diego Felipe Becerra lo tiene en la picota pública. Por cuenta de esto se reaviva el debate sobre los grafiteros en Bogota y también, lamentablemente, por la muerte en Miami de Israel Hernández, un joven artista colombiano víctima de abuso policial con armas taser, las mismas que Francisco Santos propuso para reprimir con electrochoques a los estudiantes.

Afirmar que los grafiteros son delincuentes es una salida no solo mediocre a la problemática sino, a todas luces, peligrosa. Esta es una comunidad con identidades muy arraigadas que debe ser reconocida y no perseguida. Yo me pregunto ¿Qué pudo motivar a un uniformado para asesinar a un joven que no estaba cometiendo un delito sino máximo una contravención? Ante estos hechos lamentables debo poner en evidencia que estos son los resultados de una sociedad en crisis que justifica la intolerancia y estigmatiza a sus jóvenes. Estas nuevas expresiones ciudadanas que generan identidades entre los muchachos son producto de una sociedad que no les ofrece oportunidades y los invisibiliza. No podemos ignorar la realidad de nuestros tiempos, los grafiteros se han convertido en una comunidad juvenil muy numerosa. Como diría Vogel, que es uno de ellos, "una expresión desbordada de una ciudad desbordada", sobre la que nos corresponde encontrar el enfoque más adecuado para construir políticas públicas.

Los colectivos de grafiteros ya superaron el debate que ahora sostienen los medios de comunicación a propósito de si el mural es arte y el rayón es vandalismo. Ahora ellos debaten cómo el grafiti puede avanzar hacia una forma de democratización del arte, y al tiempo qué hacer con esas expresiones desbordadas para no tener respuestas desbordadas, como ocurrió en el caso del joven Diego Felipe.

De igual manera ocurre con los skaters, quienes no cuentan con espacios adecuados en la ciudad y terminan ocupando lugares que no son aptos para desarrollar sus prácticas. El resultado es que se convierten en objeto de represión policial. Estas situaciones son consecuencia de la ausencia de una política estructurada sobre juventud y nuevas ciudadanías que observe sus realidades y reconozca espacios reales para su desarrollo.

Debo reconocer que la Administración Distrital de la Bogotá Humana ha sabido adoptar algunos de nuestros enfoques a propósito de cómo abordar estas problemáticas. Un caso exitoso ocurrió cuando algunos colectivos de grafiteros, que estaban enfrentados entre sí, se sentaron con el Idartes y construyeron de manera conjunta el Decreto 75 de 2013 que reglamentó el Acuerdo 482 de 2011. Este fue el origen de la mesa distrital de graffti donde surgieron iniciativas como la que terminó plasmada en los murales de la calle 26 por artistas urbanos como Vértigo, Guache, Toxicómano y Lesivo. El Distrito debe capitalizar esta experiencia y avanzar en procesos de inclusión formando entre los grafiteros equipos de sensibilizadores del Decreto hacia sus comunidades. También el Instituto Distrital de Patrimonio podría hacer procesos de resignificación del patrimonio junto con ellos, avanzando hacia un enfoque de la protección que convierte en acción los resultados de las investigaciones académicas.

El graffiti no es un simple asunto de paredes pintadas o culatas rayadas, comprende una visión amplia de cómo se construyen las sociedades, de cómo se perciben y se tramitan sus conflictos y disensos.

*Concejal por el Movimiento Progresistas

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