Bogotá

22 Sep 2009 - 10:10 p. m.

Historia de una toma estudiantil

El martes se levantó la ocupación de la institución José Félix Restrepo por parte de colegiales que alegan maltrato y humillaciones.

Laura Ardila Arrieta

El muchacho de 17 años, piel muy blanca y argolla en la oreja izquierda, no paraba de hablar en plena formación de estudiantes de la mañana. Las caras aletargadas y los bostezos que a esa hora se perdían entre las filas integradas por cerca de mil alumnos chocaban con la energía que, desde un rincón del patio, emanaba del joven que se encontraba junto a un grupo de tres o cuatro oyentes. La algarabía era tal que, incluso, logró imponerse al micrófono del coordinador de disciplina y convivencia y sus consabidos llamados al orden, al estudio y al respeto. Absolutamente desatendido, el docente sólo atinó a gritar por el altavoz: “Oiga usted, estoy cansado de tener que estarlo viendo ahí reír como una loca”.

La escena ocurrió este año en la sede A del colegio distrital José Félix Restrepo, localidad de San Cristóbal, al suroriente de la ciudad. No se precisa cuántas imágenes similares tuvieron que presenciar, y padecer, algunos de los estudiantes de ese plantel mixto para que unos cien de ellos de los grados 10 y 11 de bachillerato hayan decidido el pasado lunes, y durante dos días, tomarse las instalaciones de la institución demandando atención urgente y soluciones por parte de las autoridades.

Denuncian maltrato y humillación. Los casos que describen al detalle hablan también de acoso sexual. Puntualmente, señalan a cuatro profesores —la docente de filosofía y derechos humanos, el maestro de química y los coordinadores académico y de disciplina y convivencia— quienes, según relatan, no dudan en calificarlos públicamente como “ñeros”, “viciosos” y “delincuentes”.

Aparentemente, les dicen ñeros, viciosos y delincuentes a un grupo de estudiantes menores de edad que, en su mayoría, se forma en las calles de necesitadas barriadas de los extramuros, en donde todo hace falta. Muchachos cuyo lugar común en la vida es casi siempre la violencia intrafamiliar, las drogas y la exclusión, como lo explica su docente de humanidades, Juan Carlos Barrera, quien los ha apoyado en su protesta pacífica. “Doy fe de estas quejas. En reiteradas ocasiones les he dicho a esos profesores que la solución ante la indisciplina no es maltratar a los muchachos. Por decir esto, apenas dos maestros de la institución me dirigen la palabra”.

A la sede A del José Félix Restrepo acuden diariamente unos cinco mil alumnos en tres jornadas, cuyas clases hasta el día de ayer estuvieron paralizadas por cuenta de la ocupación de los colegiales rebeldes que estudian en el horario de la mañana.

Liderados por 10 de sus compañeros, llegaron a las 5 de la mañana del lunes pasado al colegio y convencieron a los celadores de dejarlos pasar. Cuatro candados grandes, con sus respectivos juegos de llave, les bastaron para anunciar la particular toma. Como si fueran expertos en estas lides, redactaron un comunicado relatando los hechos y citaron a la concejal Martha Ordóñez y a tres de sus docentes para que hicieran las veces de veedores en el proceso. “Queremos que tengan claro que no somos vándalos. No vamos a rayar las paredes ni a partir los vidrios. Deseamos ser escuchados”, explicó Lisa*, de 16 años, la encargada de las llaves.

Su petición fue atendida desde el mismo lunes por funcionarios de la Personería, la Defensoría del Pueblo y la Secretaría de Educación, quienes ese día acudieron al lugar para atender las quejas. Y no sólo tuvieron que escuchar a los alumnos. También se manifestó la rectora del colegio, Clara Aurora Rojas, quien le dijo a El Espectador que ve “mucha justicia en las denuncias” de sus estudiantes.

Ante esto, la Secretaría de Educación anunció que inició una investigación para aclarar los hechos. “Vamos a instalar una mesa de trabajo con las partes involucradas para ver lo que sucede. No podemos tomar medidas hasta entonces”, aseguró Isidoro López, funcionario de esa entidad.

Mientras tanto, los muchachos rebeldes informaron que regresarán a sus clases. En uno de los salones, entre pasillos de poca luz, los espera la siguiente frase sobre un tablero: “Somos parte de este mundo que está por construirse”.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

‘Maltrato es común’: Defensoría

El defensor del Pueblo, Vólmar Pérez, se refirió a la inusual toma, lamentando el hecho y asegurando que su organismo elaborará un informe defensorial con recomendaciones para preservar los derechos humanos en los planteles públicos de la ciudad. En concepto de Pérez, la situación de maltrato y humillación “lamentablemente se presenta más de lo que creemos”. El Defensor dijo que “los docentes que incurran en estos comportamientos deberían ser sometidos a capacitación en derechos humanos. No puede ser que estén afectando la dignidad y el derecho a la honra de los alumnos”.

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