25 Nov 2021 - 2:00 a. m.

Impunidad y más víctimas, así está Bogotá en temas de violencia contra la mujer

Pese a que el Distrito tiene mecanismos para orientar y recibir denuncias, no paran las agresiones. En el primer semestre, Medicina Legal valoró a 524 mujeres por riesgo de feminicidio -50 de ellas fueron asesinadas-.
Angie Serna, hermana de Ana María Serna, es la persona que ha estado detrás de la investigación del feminicidio. / Gustavo Torrijos
Angie Serna, hermana de Ana María Serna, es la persona que ha estado detrás de la investigación del feminicidio. / Gustavo Torrijos

Indignante. Mes y medio después del asesinato de Ana María Serna Tique a manos de su pareja sentimental, el Estado le otorgó la medida de protección que ella había pedido en vida. “¿Ya para qué?”, fue lo único que dijeron sus familiares, pues, aunque la alerta fue oportuna y las pruebas demostraban el peligro que corría, las autoridades tardaron más de dos meses en estudiar su caso. En ese lapso hubo tres golpizas más, la última mortal.

Hoy el señalado feminicida de esta joven, de 19 años, está libre. La razón: pese a que lo capturaron el día del hecho, no fue sorprendido en flagrancia. Aunque sigue vinculado a la investigación, hace diez días, en una audiencia, se notificó que nadie, ni siquiera su abogado, sabe de su paradero.

Ana María es apenas uno de los rostros que ha dejado la violencia de género y la impunidad este año, pues fue asesinada el pasado 1° de agosto en una vivienda del barrio Puerta al Llano, en Usme. A la fecha su agresor no ha colaborado con la justicia, a pesar de que en primer momento le dijo a la Policía que la había golpeado y que ella perdió la conciencia.

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Su caso se suma al de Carmen Janeth Arrieta, estrangulada el pasado 12 de noviembre, presuntamente por su expareja sentimental en Suba, y el de Sandra Perilla atacada el pasado 9 de noviembre con arma blanca, también por su expareja, en Kennedy.

Cifras del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de Bogotá muestran que el feminicidio no cede terreno. Con 97 casos en 2019, 96 en 2020 y 50 en el primer semestre de 2021, se tiene que, en promedio, se registran ocho crímenes de este tipo al mes en la ciudad. Cuatro de cada 10 casos ocurridos en los últimos tres años se han concentrado en las localidades de Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar y Usme.

Los datos de feminicidios, a pesar de la pandemia y de que muchas mujeres se quedaron encerradas con sus agresores, no variaron. No obstante, la amenaza para las mujeres sí creció en la cuarentena, como lo muestran las estadísticas del Instituto de Medicina Legal, sobre la valoración de mujeres por riesgo de feminicidio. Mientras en 2020, año en el que la ciudad estuvo 10 meses confinada, se atendieron 1.476 casos (123 en promedio al mes), entre enero y julio de este año tras la reactivación la cifra llegó a 524 (87 al mes).

A esto se suman los llamados de auxilio a la Línea Púrpura Distrital, especializada en orientar en casos de violencia de género. Solo en el primer semestre del año atendió 85.503 llamadas de mujeres, de las cuales 31.266 fueron por agresiones psicológicas y 16.375 por violencia física. Las localidades en donde más se presentaron estos hechos fueron Kennedy (1.396), Suba (1.374) y Bosa (1.342).

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¿Falta de celeridad?

Si bien en Bogotá existen varios canales de atención para reportar violencia de género como la Línea Púrpura y espacios como las Casas de Justicia, ¿qué pasó con el caso de Ana María, quien fue asesinada esperando protección? Sus familiares aseguran que hace falta celeridad de los funcionarios al priorizar los casos.

“El pasado 17 de julio ella puso una denuncia. Ese día nos dijo que creía que estaba embarazada, pero la prueba salió negativa. Se devolvió para donde ese tipo y de allá volvió golpeada casi una semana antes de que la matara”, relató Angie Serna, hermana de la víctima.

Según la denuncia, y en palabras de Ana María, por esos días de julio había sido golpeada, a tal punto de que la había hecho perder el bebé que estaban esperando. Su testimonio advierte, además, que el sujeto la obligaba a robar y la había hecho adicta a los estupefacientes. La necropsia certificó que Ana María murió por un golpe contundente y asfixia. Además, presentaba rastros de golpes anteriores y de abuso sexual.

Historias como la de Ana María demuestran que la violencia de género es un problema que se mantiene latente. Para evidenciar la cantidad de casos en Bogotá, basta con ver los grupos en redes sociales con denuncias anónimas de mujeres que han sido golpeadas por sus parejas, acosadas sexualmente en el transporte público y hasta intimidadas en sus sitios de trabajo. Diferentes sectores coinciden en que la solución es la prevención y la educación, dos áreas en las que se debe trabajar intensamente para reducir los índices y hacer del respeto por la mujer una costumbre y no una opción.

Este panorama, según María José Ortiz, catedrática en género de la Universidad Cooperativa de Colombia, nos lleva a plantear que, si bien es claro que el machismo existe como sistema estructural de comportamiento cultural, es hora de debatir más sobre el hogar como espacio seguro para las mujeres. Pero ¿cómo hacer que los hogares sean seguros?

La pandemia lo que hizo fue volver el hogar en oficina, así como el sitio de todas las relaciones interpersonales, incluidas sus tensiones. Esto, posiblemente derivó, no solo una sensación de sobre carga de responsabilidades para las mujeres, sino en el aumento de los casos de violencia. Para cambiar este panorama, según Ortiz, los hombres deben “asumir su responsabilidad y una postura crítica frente a sus acciones en el hogar”.

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