2 Jan 2021 - 1:00 a. m.

Inseguridad: la otra emergencia por atender en Bogotá

El 2020 transformó todas las prioridades de la ciudad por el COVID-19. Dejó atrás algunas proyecciones con las que venía el Distrito e impuso nuevos desafíos para este año. El principal: entender las nuevas dinámicas de la criminalidad en Bogotá.

Medir lo ocurrido durante 2020 en materia de seguridad en Bogotá es complejo. Aunque, según la última encuesta de Bogotá Cómo Vamos, el 93 % de los ciudadanos se siente inseguro en las calles, casi todos los delitos de alto impacto mostraron una reducción al comparar las cifras con las de 2019. Claro, en cierta medida esto respondió a que hubo más de seis meses de confinamiento obligatorio y las calles estuvieron vacías, por lo que no hubo muchas opciones para los delincuentes; pero ¿qué pasó después?

Según expertos, primero es importante reconocer que para las autoridades fue todo un reto velar por la seguridad de los bogotanos, porque a medida que cambiaban las condiciones de la ciudad, se modificaban los comportamientos de los delitos y sus modalidades.

Y es que la pandemia marcó un antes y un después en todos los sentidos. A principios de 2020, el desafío era disminuir las cifras que venían en crecimiento. Preocupaba que en enero la mayoría de delitos siguieron aumentando (sobre todo el hurto a personas, que pasó de 8.583 casos en 2019 a 11.481 durante el mismo mes de 2020). Luego la prioridad fue atender los casos de violencia intrafamiliar, que llegaron a su mayor número de denuncias en febrero (3.629 casos) y en mayo con 3.392. Más tarde, con la reapertura gradual de la ciudad, se disparó un nuevo flagelo que hasta hoy sigue siendo el principal foco de inseguridad: el hurto de bicicletas. Durante 2020 este delito tuvo un incremento acumulado del 33 % comparado con 2019, siendo mayo el mes en que más casos se registraron, con 1.181 denuncias.

La razón es que la bici se convirtió en el principal medio de transporte de los bogotanos, debido al temor a contagiarse de coronavirus en el transporte público. Por ende, este medio de transporte se convirtió en uno de los blancos para los ladrones. Según la Secretaría de Movilidad, al finalizar el 2020 se estaban realizando alrededor de 680.000 viajes diarios en bicicleta. Entre el primer pico de la pandemia (mitad de año) y octubre, la cifra variaba entre 500.000 y 550.000.

Pero no solo preocupa que, en promedio, al día roban su medio de transporte a 29 biciusuarios, sino que la forma en que los delincuentes atacan es cada vez más violenta. De hecho, en lo corrido del año, cinco personas fueron asesinadas por robarles su bicicleta. La última víctima fue un domiciliario que cumplía años el día en el que lo mataron.

Para Andrés Nieto, experto en seguridad, este tipo de situaciones responden a que, tal como todos los bogotanos, las bandas delincuenciales también se vieron afectadas por la pandemia y cuando vieron la oportunidad de volver a delinquir, tenían en su cabeza hacer hasta lo imposible por lograrlo. “Lastimosamente, como las bandas también están en pérdidas, ya no miden las consecuencias para llevarse el botín. Se quieren recuperar a como dé lugar y por eso son cada vez más violentas”, argumentó.

Y es que no solo ocurre con el hurto de bicicletas. En 2020, por primera vez se registraron dos asesinatos en buses del sistema de transporte público. A un joven lo mataron por robarle la gorra y así sigue el historial de homicidios: hasta el 15 de diciembre fueron registrados 962 casos.

Por esta razón, para el secretario de Seguridad, Hugo Acero, la prioridad para este año es seguir disminuyendo las tasas de homicidio. “Hemos presentado una reducción, pero todavía nos falta mucho para llegar a lo que queremos. La vida es lo primero”, dijo.

Según las cifras, este delito presentó durante 2020 una reducción mínima (1 %) frente a 2019, por lo que se requieren más esfuerzos para que haya una disminución real.

Año nuevo, retos nuevos

Más allá de las proyecciones, para los expertos la prioridad es entender el comportamiento de los delitos. Por ejemplo, Nieto insiste en que se debe trabajar para incentivar la denuncia. “No podemos medir la delincuencia como hace un año porque las bandas se mueven distinto. Pero saber cómo se reconfiguraron y cómo se mueven ahora requiere de cada uno de los relatos y reportes de los ciudadanos, para que las autoridades empiecen a esclarecer ese panorama”, explicó. Por su parte, John Anzola, experto en seguridad y convivencia, planteó que lo primordial es tejer la confianza de la comunidad hacia las autoridades, puntualmente hacia la Policía, la cual se rompió tras las violentas jornadas de protestas. “El movimiento de una nueva cúpula es buena oportunidad para que la Alcaldía restablezca relaciones entre Policía y ciudadanía, porque ese lazo está roto. Si no hay confianza, no hay denuncias y la percepción de inseguridad seguirá creciendo”.

Además de esto, el secretario de Seguridad se planteó otros propósitos para este año. Entre ellos está fortalecer el proceso de atención a la violencia contra las mujeres, tener listos los diseños de la nueva cárcel distrital para mitigar la situación de hacinamiento en estaciones y CAI de la ciudad, poner en funcionamiento el nuevo comando de la Policía de Bogotá y seguir reduciendo los hurtos, en particular el de bicicletas. Para lograrlo, el funcionario espera habilitar más cicloparqueaderos, al asegurar que “casi en el 50 % de los casos es un delito de oportunidad”. Por otro lado, concentrará los esfuerzos en sitios donde más se presentan los hurtos, trabajará en la desarticulación de bandas delincuenciales y ejercerá mayor control a establecimientos que venden bicicletas robadas.

El funcionario reconoce que hay otras tareas pendientes, pero, por ahora, atacar los principales flagelos de la ciudad es lo que primará, al menos en este nuevo año.

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