Bogotá es una ciudad que envejece rápidamente. Mientras que en la actualidad más del 15 % de la población tiene 60 años o más, para 2050 el porcentaje será del 27 %, una cifra que se suma a la tasa de fecundidad que pasó de 1,8 hijos en 2000 a solo 0,8 en 2024. Pero mientras la capital se prepara para un futuro escenario con más canas, el presente inmediato de 1.874.583 jóvenes bogotanos avanza rápidamente entre dos fronteras contrarias que requieren mayor atención: la brecha de acceso a las oportunidades y lo que verdaderamente busca o quiere hacer la juventud.
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Entre los 14 y 28 años se considera una persona joven en Colombia. Es un período de transición y proyección que suele estar atravesado por importantes tomas de decisión: qué hacer, dónde y qué estudiar y cómo costearlo son algunas de las preguntas que rodean a la juventud, cuando no hay brechas de acceso que impidan, como realmente sucede, soñar con estudios o un camino seguro a una porción de jóvenes capitalinos.
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Las brechas de acceso persisten
Este es el panorama que midió un estudio de la Secretaría de Integración Social titulado “Más allá del acceso: desajustes entre oferta formativa e intereses juveniles en Bogotá”. Hoy día, del total de la población de Bogotá, el 23,6 % son jóvenes. Aunque el estudio describe un panorama variado, las brechas de acceso siguen siendo preocupantes. Por ejemplo que el 15,4 % de jóvenes se encuentra desempleado o que la informalidad juvenil alcanzó el 36,6 %, y otro 46 % está en “situación de exclusión productiva”.
El panorama de trayectorias educativas truncadas se mantiene: en 2024, 96.560 jóvenes culminaron la secundaria sin continuar hacia la educación media, y cinco de cada diez no logran acceder de forma inmediata a la educación superior.
Cabe destacar que solo cuatro localidades juntan el 50 % de los jóvenes en Bogotá: Suba (15,9 %), Kennedy (13,4 %), Bosa (10,1 %) y Engativá (10 %). En conjunto, estas localidades concentran alrededor de 900.000 jóvenes.
Nuevos intereses
Uno de los principales hallazgos del estudio es que los intereses están cambiando más rápido que la oferta institucional. El crecimiento de matrículas en artes, humanidades, TIC y cursos de formación aplicada contrasta con la caída en matrículas de programas tradicionales que, aunque concentran aún el grueso de estudiantes, va en caída.
Por ejemplo, las disciplinas relacionadas con las bellas artes registraron un crecimiento del 60,6 %, al pasar de 34.882 matriculados en 2023 a 57.548 en 2024. En contraste, áreas tradicionalmente asociadas a mayor estabilidad laboral, como ciencias sociales, ingeniería, industria y construcción, y periodismo muestran una tendencia decreciente. Incluso campos históricamente acudidos por los jóvenes, como economía, administración y contaduría, pasaron de 308.729 matriculados en 2021 a 262.126 en 2024, mientras que ciencias sociales y humanas cayó de 137.665 a 126.241 estudiantes en el mismo período.
A este panorama se suma otra brecha significativa: el total de jóvenes que se matriculan es casi cuatro veces mayor a la que efectivamente logra graduarse. Mientras que el promedio de jóvenes matriculados durante los últimos cuatro años (2021 a 2024) es de 846.647, el promedio de jóvenes que se graduaron en ese mismo período fue de 196.801.
El estudio arroja que el fomento de la formación de mano de obra calificada para oficios tradicionales tiende a estar enfocado en las demandas del mercado laboral, “donde se prioriza el fortalecimiento de las competencias requeridas por las empresas, sin priorizar los intereses y las motivaciones de la juventud”. “Esta desconexión”, concluye, “genera limitaciones que dificultan, o incluso impiden, que los jóvenes afronten con éxito los retos laborales en la ciudad. El principal problema radica en que, cuando los jóvenes no se sienten motivados por lo que están estudiando o aprendiendo, aumenta la probabilidad de abandono”.
Ocupación laboral: hacia otros mercados
Los cambios en las preferencias educativas también tienen un reflejo en la ocupación laboral. Los jóvenes no solo están ocupando cargos nuevos en oficios no tradicionales, sino que propenden por ofertas a las que puedan acceder fácilmente y en donde usualmente hay altas rotaciones o contratos cortos. Aunque más jóvenes encuentran empleo, para la población juvenil creció un 1,9 % entre 2023 y 2024, el aumento se concentra casi exclusivamente en actividades de servicios.
Los servicios de alojamiento y comida aumentaron en empleabilidad 3,5 %, con más de 33.000 jóvenes ocupados, y las actividades artísticas crecieron 1,8 %, con más de 16.000; transporte y almacenamiento e información y comunicaciones también destacan, con 15.000 y 12.000 empleos para jóvenes respectivamente.
Lo anterior se explica porque estas actividades tienen menores barreras de entrada, alta rotación y, en muchos casos, “mayor precariedad laboral”, describe el informe de la Secretaría. Por otro lado, ayuda a entender por qué llama la atención que las mayores pérdidas de empleo juvenil se registraron en sectores tradicionales y del sector público, a pesar de que siguen siendo las que ocupan a mayor cantidad de jóvenes.
Por ejemplo, la administración pública, educación y atención de la salud humana redujo su planta juvenil en 25.000 personas; el comercio y la reparación de vehículos es la que más emplea jóvenes (más de 160.000) perdió 19.000; las industrias manufactureras, la construcción y las actividades profesionales, científicas, técnicas y administrativas perdieron, entre todas, más de 37.000 jóvenes.
Con base en estos resultados, dice la Secretaría de Integración Social, es clave que la formación para el trabajo siga fortaleciendo la diversificación y actualización de programas en áreas con alta demanda futura (arte y humanidades, educación y TIC).
Así, aumentar la oferta de programas de formación técnica y tecnológica en TIC que no solo cubran el ámbito de la programación, sino también áreas como ciberseguridad, inteligencia artificial y datos son temas que tendrán que añadirse a la formulación de programas y a la conversación necesaria para garantizar una transición que se ajuste a sus necesidades y a las nuevas tendencias globales de los jóvenes.
La juventud en Bogotá del ahora reescribe las formas de emplearse y los datos empiezan a dibujar otras tendencias. Si bien las grandes industrias permanecen siendo las más captadoras de obra juvenil, tanto las artes como otras formas de emplearse ganan terrero en una ciudad que, sin duda, tiene la tarea de seguir adaptándose a los cambios no únicamente a partir de la demanda, sino también de los intereses de los jóvenes.
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