Bogotá

26 Sep 2009 - 9:00 p. m.

La catástrofe de un río muerto

El plan cuesta casi lo mismo que el metro y contempla unos interceptores llamados “Transmilenios subterráneos” que, según denuncias, podrían convertirse en un “elefante blanco”.

Laura Ardila Arrieta

Casi cinco años después del histórico fallo que condenó a la Nación, al Distrito Capital, a Cundinamarca y a otras entidades de funciones disímiles como responsables de la catástrofe ambiental del río Bogotá, el futuro de este cuerpo de agua parece estar tan negro como la bazofia que yace en su interior.

La cifra todavía aterra: Novecientas toneladas de basuras se vierten ahí todos los días desde hace tantos años que ya nadie precisa cuántos son. Los planes para recuperarlo arrancan parcialmente. Sin embargo, hay dudas acerca de su efectividad. Aunque no las hubiera, un dato de los expertos resulta aún más desesperanzador. Con suerte, y mucha dedicación, la descontaminación total del río se podrá ver en un siglo.

Los entes obligados en primera instancia por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca a resucitar ese muerto tendrán que cumplir su tarea: Limpiar tanto como sea posible el cuerpo de agua, el principal de la capital del país, cuya cuenca alberga a cerca de nueve millones de personas de 25 municipios, y asegurarse de que no haya reversas en el proceso. Para eso, se idearon el Megaproyecto Río Bogotá. Un plan que incluye tres pasos claves por valor aproximado de $4 billones. Casi lo mismo que costará el metro.

El proyecto, cuyas cabezas responsables son, principalmente, la Alcaldía, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, la Contraloría, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), contempla primero la ampliación y mejoramiento de la planta El Salitre, la única que hasta ahora trata las aguas servidas que van al río. Asimismo, la adecuación hidráulica del cuerpo de agua con obras de dragado. Por último, la construcción y puesta en funcionamiento de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas en Soacha, artificio que será determinante en el proceso de descontaminación con unos interceptores que los ingenieros bautizaron como los “Transmilenios subterráneos”.

La idea es que estos nuevos “Transmilenios” —dos de 10 kilómetros de largo y tres metros de diámetro cada uno, construidos unos 12 metros bajo tierra—, tan caros como los de verdad, reciban las aguas negras de los ríos Fucha y Tunjuelo, afluentes del Bogotá, y las transporten hasta la nueva megaplanta que teóricamente tratará 14 metros cúbicos de agua por segundo, mientras que El Salitre limpia apenas cuatro metros cúbicos en el mismo período.

Desde el mismo día en que empiecen a andar todos los componentes del macroproyecto, se podrán ver los resultados de un río algo más limpio, algo más vivo. Al menos así lo aseguró a El Espectador el ingeniero Humberto Triana, gerente ambiental del Acueducto, empresa encargada de las licitaciones para los interceptores. No obstante, dos detalles del plan tienen pensando a más de un experto sobre la viabilidad del mismo y, más allá, sobre la conveniencia de éste en el bolsillo de los bogotanos: el río prácticamente se “entubará” en un trayecto de 20 kilómetros, de los 56 que recorre en la ciudad, y los “Transmilenios” no podrán funcionar mientras no esté construida la PTAR Canoas.

¿Elefante blanco?

La multimillonaria PTAR Canoas se estudió como alternativa para recuperar el río Bogotá desde 1983. La falta de recursos que se argumentó en aquel momento hizo que se abortara el plan por uno nuevo: tres plantas más pequeñas, construidas por fases. La poca capacidad de la planta El Salitre generó un debate que en 2000 llevó a los expertos, nuevamente, a considerar la megaplanta.

Hoy, mientras los interceptores son casi una realidad, pues uno de ellos ya está construido y sobre el otro se abrirá próximamente una licitación, la Canoas está en veremos debido a que los entes responsables no se han podido poner de acuerdo acerca de su financiación.

¿Quién va a poner los $3 billones aproximados que cuesta su construcción? “El tema se trancó, hay que reconocerlo”, explica el contralor del Distrito, Miguel Ángel Moralesrussi. Mientras tanto, el gerente ambiental del Acueducto es más contundente: La PTAR Canoas está “parcialmente desfinanciada”. Aparentemente, no se ha concretado cuál será el aporte del Distrito.

Pero aparte de lo fiscal, hay expertos que también cuestionan la conveniencia ambiental del proyecto. Si por los “Transmilenios” se va el agua, ¿qué va a pasar con el caudal del río a esa altura? ¿Qué va a pasar con las poblaciones, incluyendo Bogotá, bañadas por el cuerpo de agua?

El interrogante acompañó la denuncia durante la más reciente audiencia pública que realizó el Consejo de Estado al respecto, por el ex alcalde Jaime Castro, quien señala: “Me temo que los interceptores, que no sirven mientras no se haga la planta, se convertirán en un elefante blanco”. Castro reveló también que esos túneles se están construyendo sin licencia ambiental.

“Estamos en pañales”

Las entidades involucradas defienden el macroproyecto argumentando que, de lejos, es la única solución para el río. “Reconozco que en muchas cosas estamos en pañales, hay acuerdos que están en stand by. Sin embargo, no hay alternativas para mejores resultados a largo plazo”, dijo el contralor Moraesrussi.

Con respecto a la licencia  ambiental, el Acueducto aseguró que “se ha interpretado” que los interceptores no la necesitan. La posición fue apoyada oficialmente por la CAR.

“En cuanto a lo de la financiación de la planta, si no somos capaces en este país de llegar a los acuerdos justos que permitan sacar adelante el proyecto, entonces apague y vámonos”, sentenció el ingeniero Triana, gerente ambiental del Acueducto.

Mientras tanto, una noticia de tierras lejanas que podría ser referente para el pobre río Bogotá: luego de un proceso de limpieza de muchas décadas, el río Támesis, en Londres, registró su mejor estado en 200 años.

Historia de una tragedia ecológica

1983 El Plan Maestro del Acueducto contempló, por primera vez, una megaplanta como alternativa para descontaminar el río Bogotá.

1992 El río estaba, según expertos, sobreestudiado. Al menos 20 se habían realizado para su recuperación.

1994 Durante la administración de Jaime Castro se ideó un plan que incluía tres plantas pequeñas, construidas de manera escalonada.

2000 Entró a funcionar la planta Ptar El Salitre, con capacidad para tratar 4 metros cúbicos de agua por minuto.

2003 Empezaron a acumularse en los juzgados acciones populares ciudadanas tendientes a exigir la recuperación del río Bogotá.

2005 La magistrada del Tribunal Administrativo de Cundinamarca Nelly Villamizar falló en primera instancia que más de 20 entidades son responsables del río.

Vea con detalle el megaproyecto para la recuperación del Río Bogotá haciendo clic AQUÍ.

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