Bogotá

19 Nov 2008 - 6:57 a. m.

La Minga llegó a Soacha

Unos 12.000 indígenas de todo el país llegaron este martes al municipio cundinamarquense. El miércoles arribarán a la capital del país.

Enrique Rivas G. / Enviado Especial

Y echaron la palabra a andar a lo largo y ancho de por lo menos 700 kilómetros para seguir reclamando su derecho a la tierra. Comenzaron el 10 de octubre  con una modesta concentración en la finca La María de Piendamó (Cauca), esperando dialogar con el Gobierno sobre el incumplimiento en la entrega de tierras, pero éste no llegó alegando una supuesta injerencia de las Farc.

Con el transcurrir de los días y después de lograr unir a todas las organizaciones indígenas y asociaciones campesinas del país, los paeces del Cauca convirtieron su problema en un movimiento agrario nacional que vuelve a estar en ebullición, como en la década del 60 y comienzos de los 70.

La marcha, que llegó a este miércoles al municipio de Soacha, se originó luego de que según los aborígenes, el presidente Álvaro Uribe Vélez les incumpliera las citas en el Cauca y Cali para dialogar sobre los pactos firmados con el Gobierno desde 2005. Esto provocó la reacción de los indígenas, que se lanzaron nuevamente sobre la carretera Panamericana, después de los incidentes que se generaron durante los días 14 y 15 de octubre, en los cuales un indígena resultó muerto y más de cien heridos.

A lo anterior ya se habían sumado  hechos como el desalojo de los predios de ocho familias guambianas de Piendamó, la presencia de la Fuerza Pública en el “Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de La María Piendamó”, y la sindicación que se les hiciera por el atentado contra el Ejército en predios de la finca La Emperatriz de Caloto, donde murieron dos soldados profesionales.

Todos estos episodios desencadenaron la “Minga de resistencia social y comunitaria”, que no sólo plantea  el derecho de  los campesinos a la tierra, la seguridad de las comunidades asediadas por los actores del conflicto, la autonomía y soberanía nacional, sino también la expulsión de sus territorios de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana.

Una protesta que pasó desde el Valle del Cauca y el Eje Cafetero hasta Chicoral (Tolima), donde se planteó desconocer el pacto firmado en este corregimiento del Espinal a comienzos de enero de 1972 entre el gobierno del presidente Misael Pastrana, los campesinos y los dueños de las tierras que en ese momento estaban siendo compradas para entregárselas a los labriegos.

“El arribo a Chicoral no fue casual. Allí se enterraron las esperanzas de indígenas y campesinos sin tierra. Por eso es que estamos proponiendo desde este corregimiento la liberación de la madre tierra y un nuevo Pacto de Chicoral para la reforma agraria social de los pueblos”, dijo Feliciano Valencia, líder indígena.

La cuenta de cobro

La llegada al Tolima puso de presente que el descontento indígena no era un problema de las comunidades del Cauca. Allí se le pasó una cuenta de cobro al Estado no sólo por el incumplimiento de los pactos firmados desde 1991, después de la masacre de 20 paeces en la hacienda El Nilo de Caloto, sino que se desempolvaron temas como una nueva reforma agraria, la distribución equitativa de la tierra, solución a problemas como el desplazamiento y los recursos naturales.

Por eso es que Luis Evelis Andrade, consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), sostiene que hoy el centro del debate no son únicamente las reivindicaciones indígenas. “El problema es de quiénes son los recursos naturales. El Gobierno en los últimos años viene planteando que el suelo y el subsuelo son del Estado, pero para entregárselo a las multinacionales”, dijo.

La marcha ya está en las goteras de la capital de la República, donde sus líderes aspiran a demostrarle al Gobierno que “la palabra está caminando”, y que lejos de pensar en que éste sea un movimiento coyuntural, lograron unir a todos los sectores sociales del país en torno a problemas comunes. Hasta mañana estarán en Soacha, en el coliseo León XIII, esperando la llegada de otras delegaciones indígenas que se unirán a la Minga. Luego partirán a la capital.

Gerardo Jumí, consejero de la ONIC, cree que esta movilización puede llegar a consolidarse en un movimiento similar a los de Bolivia y Ecuador. Pero aún faltan caminos por recorrer y este es apenas uno de tantos capítulos de la puja entre los indígenas y el presidente Álvaro Uribe.

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