Bogotá

14 Feb 2012 - 10:00 p. m.

La novela del contralor

Los ruidos a su alrededor no frenaron la elección y el Concejo le dio 31 votos de 45.

Laura Ardila Arrieta

Las cartas ya habían sido destapadas por cada una de las bancadas y, a eso del mediodía, era claro que el nombre del nuevo contralor de la ciudad era el del abogado Diego Ardila Medina, cuando el concejal liberal Jorge Durán Silva, uno de los más antiguos del Cabildo, se levantó de su curul para acercarse a su colega Juan Carlos Flórez, de la Alianza Social Independiente (ASI):

- Me estoy mamando de esas cosas suyas, yo no calumnio y usted sí lo hace.

Dijo en voz muy bajita Durán a Flórez, apenas momentos después de que este último hubiese pedido públicamente que los 11 concejales que fueron llamados a interrogatorio por la Fiscalía, en el escándalo de la contratación distrital, se declararan impedidos para votar. Jorge Durán Silva es uno de ellos.

La escena es la ilustración perfecta de lo que fue ayer en la corporación la elección del nuevo contralor distrital: un Concejo casi unificado alrededor de un nombre, muchos cuestionamientos y la pretendida indignación de los cuestionados.

De 45 cabildantes, apenas cuatro (dos de la bancada del Mira, la liberal María Victoria Vargas y Juan Carlos Flórez) sufragaron en blanco. La bancada de los ocho Progresistas se apartó de la elección y dos concejales de la U (Marta Ordóñez y Clara Sandoval) no asistieron a la sesión.

El resto de la corporación (31 concejales verdes, conservadores, de la U, liberales, del Polo, del PIN y de Cambio Radical) apoyó en pleno al abogado liberal Ardila.

De poco les valieron los ruidos alrededor de este candidato, a quien señalan de tener una particular cercanía con el magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, Ovidio Claros, quien fue recientemente llamado a rendir versión libre en la Cámara dentro del proceso por el carrusel de las pensiones, denunciado por la Contraloría General de la República. Tampoco tuvieron en cuenta que dos bancadas (Mira y ASI) hayan pedido devolver la terna por considerarla inviable. Y mucho menos consideraron las recientes declaraciones del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, quien advirtió que hay un “manto de duda” sobre la elección de varios contralores en el país. El Concejo tomó su decisión responsabilizando en casi todos los casos a los tribunales que postularon a los ternados.

Dicen que esta elección estaba tan cantada, que uno de los miembros de la terna (Carlos José Bitar) ni siquiera se presentó ayer en el Concejo. La otra ternada, Soraya Vargas, no tuvo más remedio que sentarse a ver cómo ningún concejal se atrevía a nominarla.

Eso sí, la pelea en contra del uniformismo la quiso dar el concejal Juan Carlos Flórez cuando pidió que los 11 interrogados por la Fiscalía se declararan impedidos, por considerar que varias de esas investigaciones podrían eventualmente terminar en manos del contralor que ayer fue elegido. En seguida, casi todos los concejales (especialmente los cuestionados) se fueron lanza en ristre contra Flórez, acusándolo de querer hacer un show mediático.

Lo cierto es que Ardila se posesionó y con su triunfo ganó también la coalición llamada “independiente” del Concejo y, sobre todo, la suerte de supracoalición que conforman cacaos como Jorge Durán Silva, Jorge Ernesto Salamanca y Orlando Parada, de quienes se asegura que logran imponer muchas directrices en la corporación.

Entre los perdedores podría contarse al alcalde Gustavo Petro, cuya bancada no participó en la elección. Sin embargo, en concepto del analista Nicolás Uribe, para la ciudad es un punto a favor que la administración no vaya a contar con un contralor de bolsillo.

El nuevo contralor tendrá en sus manos, nada menos y nada más, que la investigación del carrusel de la salud, en la que al menos dos concejales han sido mencionados. Una prueba de fuego en la que tendrá que demostrar independencia frente al Concejo que lo eligió. También, Ardila tendrá que poner la lupa a los contratos del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), de basuras, comedores comunitarios, ambulancias, carrera 7ª y alcaldías locales. El reto durará cuatro años. Y apenas empieza.

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