Bogotá

22 Mar 2018 - 3:00 a. m.

La planta Tibitoc vuelve a manos del Acueducto de Bogotá

Con su entrega terminan 20 años de la concesión, que le habría generado millonarias pérdidas al Distrito. Dentro de los planes está mejorar su capacidad, para surtir a tres millones de personas de la región.

Mónica Rivera Rueda / mrivera@elespectador.com - @Yomonriver

A partir de esta semana, la planta de tratamiento de Tibitoc regresa a manos de la Empresa de Acueducto de Bogotá. Es una de las cinco potabilizadoras de la capital y la segunda en importancia, ya que está en capacidad de procesar agua para seis millones de personas. Actualmente, de ella se surten municipios como Gachancipá, Cajicá, Chía, Soacha, Funza, Mosquera, Madrid y las localidades de Suba, Fontibón, Kennedy y Bosa, en el occidente de Bogotá. Su recuperación llega en un momento clave, de cara a la expansión urbana de la ciudad.

Tibitoc históricamente fue una planta importante para la capital, pero luego de la construcción de la planta de Wiesner, para tratar el agua de la represa de Chingaza, pasó a un segundo plano, pues gastaba más energía y el líquido que trataba lo captaban de la cuenca media del río Bogotá.

Al pasar los años y por el abandono, los problemas llegaron a la planta. Para finales de los años 90 empezó a presentar altos riesgos técnicos, así como irregularidades en las tuberías, lo que incidía en la calidad del líquido que producía. Sin recursos y con la intensión de salvarla, el Acueducto firmó un contrato de concesión por 20 años con la empresa Tibitoc S.A. E.S.P., conformada por la Corporación Financiera del Valle, Fanalca y la francesa Compagnie Générale des Eaux.

De acuerdo con la concesión, inicialmente invirtieron US$20 millones en la modernización de las máquinas de bombeo, que llevan el agua hasta las sedimentadoras; en el cambio de los filtros, en los que se inyectan los químicos de purificación, y en la actualización del centro de control, desde donde se revisa la calidad y se determina la cantidad de agua que se procesa a diario. Luego gastaron US$32 millones en la renovación de la línea de conducción hacia Bogotá, con una tubería de 32 km de distancia y dos metros de diámetro.

Los problemas

El contrato de concesión estipulaba que el consorcio se encargaría de la modernización, mientras que la empresa de Acueducto pagaría una cuota mínima por el procesamiento del agua. Es decir, que la empresa distrital compraría una cantidad determinada de litros, teniendo en cuenta las proyecciones de consumo en Bogotá.

No obstante, tras una interventoría que la Contraloría realizó en 2005, se advirtió que el negocio no era equitativo ni justo entre las partes ya que, a pesar de que el consumo de agua había disminuido un 9,7 %, entre 1998 y 2003, la empresa distrital habría pagado $38.712 millones por agua que no se procesó ni se consumió.

Esto desembocó en una pelea jurídica entre el consorcio y la Empresa de Acueducto. El pleito llegó a un tribunal de arbitramento, que al final rechazó la solicitud del Distrito de terminar anticipadamente el contrato de concesión.

En 2015, faltando tres años para cumplirse el contrato de concesión, los sindicatos del acueducto (Sintraemsdes y Sintraserpucol), en medio de una negociación con la Alcaldía de Bogotá, llegaron a un acuerdo para que no se renovara la concesión ni se cerrara la planta. El Acueducto se haría cargo de Tibitoc en marzo de 2018.

En cumplimiento de esta medida, hoy el consorcio hará la devolución de la planta al Acueducto, proceso que se viene adelantando desde enero de 2017, cuando comenzó el empalme, la revisión de instalaciones y la capacitación al nuevo personal.

De acuerdo con el concejal Manuel Sarmiento, este proceso beneficiará a la ciudad, pues “se reducirán los costos de potabilización, lo que implicaría menores costos en la tarifa. Además, la administración dejará de pagar por el agua que no se consume, lo que ha generado millonarias pérdidas para el Acueducto. No habrá que responder por ese porcentaje de ganancia de la concesión”.

Una vez la planta quede por completo bajo el control del Acueducto, la idea de la administración es invertir alrededor de $372.000 millones para optimizar y modernizar las instalaciones en siete años. El objetivo es ampliar la capacidad de tratamiento, pasando de 10,5 m³ por segundo a 12 m³, con lo que se podría atender a casi un millón de personas más.

Con este paso, la ciudad recupera un importante activo en un momento clave, ya que, teniendo en cuenta los planes de expansión urbana y las proyecciones que apuntan a que en 2050 la capital tendrá casi tres millones de ciudadanos más, se hace necesario ampliar todos los puntos de producción para mejorar la calidad del suministro de agua para en Bogotá y la región.

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