Bogotá

27 Feb 2012 - 11:09 p. m.

La vida de la Séptima a pie

Comerciantes insisten en que la medida aumentará la inseguridad en la zona.

Viviana Londoño Calle

“No voy a negar que sin carros la 7ª se siente más tranquila, pero la verdad es que los más afectados seremos los comerciantes”. Con estas palabras José Romero, un vendedor de la zona, resume su opinión acerca de la peatonalización temporal de la concurrida vía, desde el pasado sábado, entre la calle 19 y la 26, como una medida temporal luego de la demolición del puente de la 26.

Sin los 1.500 vehículos que en promedio circulaban en hora pico por la zona, ayer al mediodía cerca de 10 mil peatones —los más favorecidos con el cierre— caminaban a sus anchas por la vía, en la que también quedaron prohibidas las ventas ambulantes por orden del Consejo de Estado, medida para recuperar el espacio público.

El fin de semana el cierre no presentó mayores contratiempos, según un balance de la Secretaría de Movilidad. Sin embargo, la primera prueba de fuego se vivió ayer, cuando la ciudad volvió a su dinámica habitual. En la mañana el cierre de la 7ª se hizo sentir en las vías aledañas, en las que algunos conductores tuvieron que esperar por más de una hora para salir de los trancones.

Para Juan Carlos Abreo, asesor de la Secretaría Distrital de Movilidad, la congestión se irá superando en la medida que los conductores conozcan y utilicen los desvíos. “En la calle 17 tenemos tres carriles desocupados, en la 13 hay dos más y si se suman los tres de la 19, contamos con ocho carriles a comparación de los tres que podían usar por la 7ª”.

Aunque la secretaria de Movilidad, Ana Luisa Flechas, había anunciado la semana pasada que por la vía circularía una ruta eléctrica de manera gratuita, hasta ayer era un alimentador de Transmilenio el que estaba prestando el servicio. Según Abreo, todavía no se conoce la fecha en la que los vehículos eléctricos empezarán a hacer la ruta.

Pero la movilidad no es el único factor en el ojo del huracán, ahora que el alcalde Gustavo Petro decidió poner en marcha el cierre de la 7ª —después de más de 10 años de propuestas al respecto por parte de exalcaldes como Enrique Peñalosa—.

Según José Stalin, director del Observatorio de Logística, Movilidad y Territorio de la Universidad Nacional, para medir el real impacto de la medida se deben tener en cuenta varios elementos. En primer lugar hay que analizar los efectos en la actividad comercial y si aumenta o disminuye la seguridad sumados a la transformación de la zona en términos de movilidad.

Los comerciantes siguen rechazando la peatonalización. De acuerdo con Juan Esteban Orrego, director de Fenalco, temen que aumenten las ventas informales en el espacio público y la inseguridad. Además, que sus ventas se vean afectadas en 50% como ocurría durante la realización del ‘Septimazo’.

Por eso, por medio de una carta le pedirán al alcalde Petro que se reúna con ellos para que les explique todos los pormenores de la medida que por el momento durará por los menos cinco meses, porque según Orrego “nunca se reunió con los comerciantes ni la comunidad de la zona para discutir el tema”.

Por ahora la 7ª a pie seguirá siendo un hecho por lo menos mientras terminan las obras de reestructuración del puente de la calle 26. De sus resultados, que se podrán medir sólo en el mediano plazo, dependerá el futuro de la emblemática carrera. Al respecto Marta López, una visitante asidua del lugar asegura: “Sólo llevamos un día de cierre y ya uno se siente menos estresado, este era un proyecto que algún día tenían que hacer y ese día ya llegó”.

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