Cristian Camilo Rojas es ‘profe’ hace 10 años. Enseña matemáticas y estadísticas, en los grados sexto, séptimo y noveno, del colegio distrital Alfredo Iriarte, en la localidad Rafael Uribe Uribe. Allí, en sus tres sedes, estudian 2.350 estudiantes de estratos 1 y 2. Algunos tienen bajo rendimiento escolar o se ven obligados a dejar la escuela, para aportar en su hogar.
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Esta cruda realidad se refleja en las cifras globales de la ciudad. Para 2024, la Secretaría de Educación dio datos alarmantes, entre ellos, que el 43% de los estudiantes termina el bachillerato sin la capacidad para hacer operaciones matemáticas básicas, o que el 33% no comprende un texto. Eso sí, en estos tres años, la situación ha cambiado, según la última Prueba Saber 11 (2025).
No obstante, mientras persista una brecha escolar, la tarea de profesores como Camilo es esencial, desde una mirada donde el aula pueda transformarse a modelos cercanos, intuitivos, explorando más la curiosidad y menos, como dice él, “esa figura de ver al maestro inalcanzable”. Y ahí, entra sin lugar a dudas la inteligencia artificial.
Él fue uno de los 268 docentes que se formaron para el buen uso de esta herramienta tecnológica, con el fin de mejorar la enseñanza, específicamente de las matemáticas, e impactar a más de 20.000 alumnos de grado sexto a noveno, en 58 colegios distritales, del suroccidente de la ciudad. Estos son los resultados.
Los profes quieren aprender sobre IA
El primer acercamiento que tuvo el profesor Camilo con la IA fue en 2023 con ChatGPT. Ese asistente virtual con el que se puede conversar como si fuera una persona y parece saber de todo en tan solo segundos. Sus estudiantes lo usaban para resolver tareas, compartiendo solo una foto. “Al principio evité usarla, por ese deseo de querer hacer las cosas yo mismo”, recuerda en entrevista con El Espectador.
Un escepticismo que poco a poco se fue transformando para él y otros docentes, a tal punto que tres años después, el Estado ha tenido que regularlo. Según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), en Colombia existen 865 programas académicos activos con temas asociados a IA e, incluso, se crearon dos facultades especializadas en Caldas y Magdalena.
La demanda generó que el mismo Gobierno Nacional radicara el 28 de julio de 2025 el Proyecto de Ley de Inteligencia Artificial, que busca regular el uso y desarrollo de esta herramienta bajo principios éticos, democráticos y de respeto a los derechos humanos, y contempla un capítulo fundamental en educación, para su incorporación en todos los niveles del sistema educativo, el fortalecimiento de la formación docente y la inclusión activa de poblaciones históricamente excluidas. El texto aún está en discusión.
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Este punto es importante, pues ante un contexto global donde seis de cada diez menores utilizan la inteligencia artificial para hacer tareas, sobre todo para buscar información o traducir, se necesita de un cuerpo docente preparado y con conocimiento suficiente, pues esta tecnología, per se, no es sinónimo de mejora en el aprendizaje. Así lo advirtió la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Y esto lo sabe muy bien la Secretaría de Educación en Bogotá. Con el propósito de mejorar los aprendizajes en matemáticas y transformar las prácticas pedagógicas, acudió bajo un convenio de colaboración con la empresa MentuLabs y la Fundación Shaia. Durante 5 meses, entre enero y agosto de 2025, estas organizaciones intervinieron con los docentes por medio de la plataforma de inteligencia artificial ShaIA, que ya ha mostrado resultados positivos en 190 instituciones educativas en Colombia, República Dominicana y Perú. Los resultados preliminares, fueron publicados recientemente.
Las matemáticas sí son para todos
El objetivo de este experimento no fue solo enseñarles a los docentes sobre inteligencia artificial también buscó reducir la carga administrativa de los profesores y fomentar una enseñanza diferenciada que se adapte a la diversidad de habilidades de cada estudiante, sobre todo en contextos de colegios como Alfredo Iriarte (Rafael Uribe Uribe), donde hay alta vulnerabilidad.
Los datos preliminares de la investigación muestran que la intervención con ShaIA tuvo un impacto académico positivo y significativo en los estudiantes, quienes lograron mejorar su rendimiento en matemáticas entre 0,2 y 0,4 desviaciones estándar, especialmente en las competencias de resolución de problemas y en el componente de probabilidad y estadística. Para poner esto en perspectiva, “este avance equivale a recortar a la mitad la brecha que separa actualmente a Colombia del promedio de los países de la OCDE en las pruebas PISA”, dijo José Rafael Espinosa, director ejecutivo de la Fundación Shaia.
Pero la clave no solo estuvo en la herramienta, sino en la mezcla de un acompañamiento humano y un sólido modelo pedagógico denominado “piso bajo y techo alto”. En lugar de dar una clase estandarizada para 30 o 40 niños con ritmos distintos, la plataforma permitió al maestro diseñar este tipo de actividad que permite que todos los alumnos participen inicialmente, pero con la profundidad necesaria para retar a los estudiantes más avanzados.
Eso fue precisamente lo que logró el profe, Cristian Camilo Rojas. Él destacó que la herramienta terminó por incentivar una mayor participación de alumnos que normalmente permanecen callados o desenganchados de la clase, eliminando el estigma de que “las matemáticas no son para mí”, dijo.
Finalmente, en términos de costos, mientras este tipo de intervenciones educativas en países desarrollados cuestan miles de dólares por alumno, este programa logró resultados sustanciales con un costo de apenas $9,14 USD por estudiante. Esto equivale a entre $2,30 y $4,60 USD por cada 0,1 desviaciones estándar ganadas.
Desafíos y lo que viene para este año
A pesar del éxito, el camino hacia la adopción masiva de la IA enfrenta obstáculos considerables, principalmente en la gestión del cambio con los docentes. Durante el experimento, se evidenció que algunos maestros aún sienten miedo o recelo hacia la tecnología; algunos incluso carecen de herramientas básicas o utilizan correos electrónicos obsoletos. Otros, con décadas de experiencia, presentan resistencia ideológica. “Hay profesores que tienen planeadas sus clases hace 15 o 20 años y no ven la innovación como una posibilidad”, señala el profesor Rojas.
Los datos también muestran que el éxito del programa depende críticamente de la participación: los mejores resultados los obtuvieron los docentes que asistieron activamente a las capacitaciones. Sin embargo, la tasa general de asistencia a los talleres fue de solo el 51%, y menos de un tercio de los maestros alcanzó el umbral del 70% necesario para un uso óptimo.
Por ahora, los investigadores continuarán el estudio con una segunda medición durante el segundo semestre de 2026, que permitirá analizar la persistencia de los efectos encontrados y seguir aportando evidencia a la conversación global sobre el uso efectivo de inteligencia artificial en educación pública.
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Con estos resultados, el proyecto subraya que la tecnología sí actúa como un aliado pedagógico para cerrar brechas educativas, especialmente en poblaciones vulnerables y migrantes, pero siempre acompañando de un proceso humano y pedagógico. Sin duda, este experimento posicionó a Bogotá como un laboratorio de vanguardia educativa de IA a nivel mundial.
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