Bogotá, Cali, Medellín, Popayán, Villavicencio, Pasto y Barranquilla son hasta ahora las siete ciudades que hacen parte del programa de Ciudades Seguras y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas de la ONU, que cumple 15 años. Como parte de la conmemoración, entregaron un balance sobre cómo cada territorio ha desarrollado planes intersectoriales con turismo, transporte y justicia para erradicar el acoso sexual mediante intervenciones participativas con la ciudadanía.
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El panorama es complejo. A pesar de las distancias geográficas y las particularidades de estos territorios, este delito es común en los entornos urbanos, con prácticas altamente normalizadas como miradas o comentarios lascivos, tocamientos, persecución, exhibicionismo y masturbación.
Los buses articulados, paraderos y estaciones se registran como zonas de alta vulnerabilidad. Las mujeres jóvenes son las principales afectadas en estos escenarios. Por ejemplo, la línea base del sistema Transmilenio reveló que el 47,2 % de las víctimas directas son jóvenes, entre 18 y 24 años, seguidas por un 29,8 % de mujeres, entre los 25 y 34 años.
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Para hacerle frente, y a pesar de las particularidades de cada ciudad, existen metodologías y herramientas que se han convertido en un estándar común del programa mediante procesos de réplica y aprendizaje entre pares. Estos abarcan intervenciones en el sector transporte, formación gremial, herramientas pedagógicas, dispositivos itinerantes, un anclaje normativo en las políticas públicas y mejoras en el entorno físico.
La estrategia de Bogotá
Desde su adhesión en 2017 al programa global de ONU Mujeres, Bogotá se fijó la meta de garantizar que las mujeres y las niñas puedan usar, disfrutar y transitar de manera segura por el espacio público. La población más afectada (90 %) de acuerdo con cifras de la Veeduría Distrital.
Su trayectoria urbana se divide en cuatro momentos clave: el primero (2017-2019) arrancó con el estudio exploratorio Safety Pin para identificar vías y factores de riesgo físico, seguido de la estructuración del Plan de Acción y la línea base de la localidad de Kennedy, elegida por concentrar las tasas más altas de acoso callejero en el transporte público.
El segundo (2020-2021) adaptó la respuesta a la pandemia de COVID-19 mediante la red de “Espacios Seguros” con marcas comerciales aliadas para descentralizar la atención, y el tercero (2022-2023) promulgó el Protocolo Distrital contra el Acoso Sexual Callejero e impulsó el uso de la bicicleta de las mujeres, declarándola patrimonio cultural inmaterial de la ciudad.
El cuarto momento (2024-2026) ocurre en la actual alcaldía de Carlos Fernando Galán, donde se institucionalizaron estas iniciativas como política distrital, mediante el Artículo 31 del Plan de Desarrollo “Bogotá Camina Segura”, blindando el programa frente a cambios de administración.
El pilar investigativo de la ciudad, liderado por su Observatorio de Mujeres, alcanzó su punto más robusto con la publicación en diciembre de 2025 de la Línea Base sobre violencia sexual en Transmilenio. Realizado sobre una muestra de 3.969 usuarios, en 86 estaciones y 10 portales del sistema troncal, el estudio reveló que el 23,8% de los pasajeros experimentó violencia sexual en los últimos seis meses, una problemática que golpea de forma desproporcionada a las mujeres: el 33,4% de las encuestadas reportó haber sido víctima directa, concentrándose drásticamente en jóvenes de 18 a 24 años (47,2%) y de 25 a 34 años (29,8%).
Para hacer frente a este panorama, Bogotá consolidó el Protocolo de Prevención, Atención y Sanción de 2018, que coordina transversalmente a ocho sectores del distrito a través de la Mesa de Trabajo del Sistema SOFÍA. A nivel normativo, la ciudad impulsó la iniciativa “Me Muevo Segura”, para formular sanciones administrativas complementarias a la vía penal que son escasas cuando de acoso callejero se trata.
A nivel territorial, el principal avance físico y social ha estado en los Planes Locales de Seguridad para las Mujeres. Estos planes territoriales involucraron en 2022 a 13.627 mujeres de las 20 localidades en diagnósticos, iluminación, recorridos de seguridad y limpieza del entorno. Experiencias como el ‘Pacto Multiactor’, en el sector Suba Bilbao (2026), extienden esta acción comunitaria de prevención de violencias directamente en los barrios periféricos.
El cambio de normas sociales
Entre 2020 y 2023 la Secretaría de Cultura ejecutó 489 actividades en 13 localidades, beneficiando a 5.708 de ellas, a lo cual se sumó un sello de equidad de género, para capacitar a conductores de transporte público como agentes activos de prevención. El sector privado también se ha sumado decisivamente: la alianza con Asobares ha desplegado estrategias preventivas en zonas de ocio nocturno y la red de locales comerciales como OXXO, la Red de Centros Comerciales de la Calle 13, D1 y Terpel funcionan como refugios de respuesta inmediata ante riesgos de acoso sexual callejero.
Durante este año, la estrategia estrella se concentró en los Puntos Seguros para las Mujeres en Festivales y Fiestas —articulada con IDARTES, FUGA y promotores privados—, proyectando sensibilizar a 10.000 ciudadanas en eventos masivos.
Pero aún falta mucho por hacer. Persisten retos en la percepción y sanción del delito: entre hombres y mujeres existe una diferencia de más del 21 % sobre cómo se naturaliza este tipo de violencia, lo que demanda focalizar las campañas hacia los hombres.
De igual forma, la llegada del Metro de Bogotá plantea la oportunidad de reforzar la coordinación técnica y operativa, así como aumentar la confianza institucional para interponer denuncias, cuyas principales barreras son el desconocimiento del proceso (23 %), el miedo (6 %), la normalización de la agresión (6 %) y la vergüenza (3 %), según datos de la Veeduría Distrital.
El ejemplo de Bogotá para las otras ciudades
Los sistemas de transporte masivo e infraestructura urbana se han convertido en los principales laboratorios de innovación física y operativa en las demás ciudades. En Medellín, se destaca el protocolo que elevó el acoso sexual a nivel de “emergencia” mediante el botón rojo de pánico en los vagones del Metro. Por su parte, Cali innovó con la implementación de las “Zonas MIO Mujer” en 158 buses articulados y la célebre “Brigada Rosa”, un grupo de mujeres dedicadas a la reparación vial con adoquines fabricados con residuos de la construcción.
Popayán, a través de la estrategia “Movilízate Segura” y la alianza con Movilidad Futura, consolidó un histórico protocolo de prevención junto al Ministerio de Transporte en 2025; mientras que Barranquilla desarrolló el “Código Violeta” en el sistema Transmetro y lideró la recuperación de puntos críticos de residuos cercanos a colegios femeninos mediante el programa “Barranquilla limpia y linda”.
En Pasto, la campaña “Guay que sí, Guay que No” adaptó la música tradicional del Carnaval de Negros y Blancos como herramienta preventiva, lo cual se complementa con la “Línea Rosa” de taxis nocturnos conducidos por mujeres. Villavicencio ha sobresalido con sus “Puntos Naranja” itinerantes en el estadio de fútbol y festivales, junto con la obra de teatro-forum en plazas de mercado y la icónica campaña del “Día Naranja”.
A esto se suma que Bogotá ha ofrecido también un abanico de experiencias y herramientas técnicas que hoy sirven de réplica. Las manzanas de cuidado y el sello para conductores de transporte público han sido adaptados y replicados con éxito en los sistemas de transporte de Cali, Medellín y Popayán.
Bogotá ha logrado consolidar un modelo integral frente al acoso sexual callejero, transitando desde diagnósticos exploratorios hasta la institucionalización de políticas de Estado como el Artículo 31 del Plan de Desarrollo “Bogotá Camina Segura”, marcando una pauta técnica y pedagógica que hoy sirve de réplica para otras ciudades del país.
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Sin embargo, los desafíos estructurales aún son profundos. El reciente estudio del Observatorio de Mujeres revela una alarmante cifra de impunidad, donde pocas mujeres denuncian denuncia debido a la desconfianza institucional, el desconocimiento de los canales y la complejidad de los trámites. A esto se suma la persistencia de una brecha de género superior al 21 % en la percepción del problema y una arraigada normalización del acoso —reflejada en que casi un 40 % de las afectadas no reconoce inicialmente la agresión—.
El principal reto de la ciudad radica en transformar estas dinámicas culturales, focalizar la pedagogía hacia los hombres y aprovechar infraestructuras clave como el nuevo Metro de Bogotá para garantizar un entorno verdaderamente libre y seguro para ellas.
Si usted es víctima de acoso sexual u otro tipo de violencia de género, puede comunicarse a la Línea Púrpura Distrital 01 8000 112 137 o, en caso de emergencia, llamar a la Línea 123.
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