19 Dec 2020 - 2:03 a. m.

Las puntadas para tejer una red cultural en Bogotá

La capital quiere fortalecer sus procesos culturales en los barrios. La idea es saber dónde hay colectivos artísticos, qué hacen y cómo se pueden entrelazar las iniciativas para crear grandes proyectos.
Felipe García Altamar

Felipe García Altamar

Periodista Política
Las puntadas para tejer una red cultural en Bogotá

Bogotá es una ciudad heterogénea y, aunque en eso radica parte de su magia, es algo que también hace ardua la misión de entrelazar ideas o proyectos. Y más, si se trata de saberes culturales, debido a la cantidad de tradiciones y artes que se pueden concentrar en una capital. Por ejemplo, ¿qué puede tener en común un grupo de baile de Kennedy con unos costureros de Engativá? En principio, nada, pero ambas pueden coincidir en la red de creadores que se teje en la ciudad.

Detrás de la idea está la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte que, con la premisa de fortalecer la cultura a partir de las creaciones en las localidades, quiere acercarlas para crear un engranaje con mayor impacto en los barrios. Este acercamiento, para indagar cómo se comportan los colectivos culturales, apunta a construir un gran tejido denominado Red de Creadores, proyecto que se puso en marcha a comienzo de año, pero que enfrentó el reto del confinamiento. En el centro de la iniciativa está el ciudadano, pues la entidad se refiere con “creadores” no solo a lo artístico, sino también a oficios como bordado, artesanías, costura o carpintería, entre otros.

La red, basada en la colaboración y la solidaridad, quiere conectar las iniciativas sin importar qué tan grandes sean, cuánto tiempo lleven, en qué sector se realicen o, incluso, si no son equivalentes entre sí. Por ejemplo, un colectivo de danza y uno de moda pueden entrelazarse a través del vestuario, o un colectivo de malabarismo y uno musical pueden colaborar en un show circense. “Queremos tejer una red de apoyo y colaboración entre creadores”, explica Nicolás Montero, secretario de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD).

Según dice, la esencia de su administración será hilar la cultura entre localidades. “Los ciudadanos somos promotores del cambio. Esta es una red voluntaria y la idea es que entre creadores surja la conexión y una comunidad que demande oferta cultural”. Esta capacidad, basadas en la unión de lo cotidiano y los vínculos del territorio, considera, es el ADN de la forma de crear en la capital y de aportar a las economías creativas, que son de gran impacto, al generar empleo y robustecer la dinámica de la ciudad.

En desarrollo

Hacer realidad la primera etapa de este proyecto depende de dos componentes, que se ejecutan en siete localidades: Suba, Teusaquillo, Engativá, Chapinero, Barrios Unidos, Fontibón y Usaquén. Lo primero es un mapeo en los barrios, para construir un directorio de creadores culturales, saber dónde están y qué hacen, seguido de un testeo de material a partir del contacto entre creadores. El plan es que el voz a voz sea una caja de resonancia en cada barrio.

Este segundo paso, según Silvana Vargas, dinamizadora de la red, busca sensibilizar a la gente sobre su poder de creación. “La apuesta es cómo hacer para sacar la cultura de los escenarios típicos y ponerlos en la calle. Queremos entender qué está pasando en términos de cultura en lo barrial”. Mediante estos espacios se han descubierto iniciativas interesantes y ecosistemas culturales de los que no había registro, pues muchos hacen arte incluso sin saberlo. “Es difícil preguntar a la gente cuál es su primera creación. Muchos no son conscientes de su capacidad creadora y en ese contexto queremos visibilizar cada iniciativa para dirigir mejor los esfuerzos”, dice.

Entre esos colectivos que plantean espacios interesantes está Nido, una innovadora casa de la localidad de Barrios Unidos, que compagina tres tipos de creación: bioconstrucción, agroecología y arte. Nació como una huerta hace cinco años, pero hace tres opera en la casa que hoy es una propuesta de vivienda alternativa entre coworking y coliving.

“En el primer piso hay un espacio de circo y talleres de madera, ilustración y pintura, un lugar de materialización de ideas. En el segundo vivimos los artistas. El tercero es un espacio de encuentro en una terraza, donde está la huerta. Allí hacemos compostaje, agroecología y agricultura urbana”, describe Julián Ruiz, cofundador del proyecto. Nido prestaba sus espacios a algunos amigos, pero desde hace unos meses empezó a realizar talleres sobre las creaciones que ofrece. A futuro, con la red, espera forjar alianzas estratégicas y proponer proyectos más grandes para la localidad.

Otra iniciativa que se enlazó a la red es Barbukana, colectivo de autogestión que desarrolla el concepto de percusión y coreografía, fusionando varios ritmos latinos. Santiago Grajales, cofundador y productor, detalla que los participantes “buscan la evolución de la corporeidad de cada persona, transmitida a través del tambor”.

Funciona en una sede que alquilan en la localidad de Teusaquillo, donde practican los más de treinta integrantes de la batucada. Se dividen en un grupo raíz (los doce de más experiencia) y el grupo de escuela (proyecto pedagógico donde cada persona hace su propio proceso). Para Grajales, esta red de creadores plantea muchas alternativas que no tenían en mente y fortalece la idea de construir un tejido de batucadas. “La idea es tener apoyo en cuanto a tambores, percusionistas, talleres sobre expresión corporal y música”.

Aunque inició este año, ya tiene experiencia en empalmar sus proyectos con otros espacios y por eso les sonó hacer parte de la red de creadores. “Estamos aliados con un estudio de ensayo y grabación, con el que hay apoyo en la parte de producción. Todo esto lo definimos como un ‘parche’ de comunicación y colaboración”, resume Grajales.

La red de creadores ya se teje por algunas localidades y espera captar pronto las iniciativas culturales de toda la ciudad. Como este año surgieron nuevos espacios, la invitación está abierta para buscar a otros con los que exista la posibilidad de entrecruzar saberes.

Diagnóstico de la red, el siguiente paso

Una vez se surtan los pasos de la primera etapa del proyecto (el directorio y la caja de resonancia), el paso a seguir será realizar un diagnóstico del estado de las iniciativas descubiertas en las localidades. Para esto, y en los recorridos, se usará una base conceptual que, si bien no se trata de llegar con una bibliografía, sí será el soporte para indagar por los procesos reconociendo sus dimensiones y contribución al territorio. Al final se obtendrá el saldo pedagógico, que será la enseñanza del proceso de creación de cada persona o colectivo.

Como este año cambiaron muchas dinámicas, también se rastrearán proyectos que se adaptaron a la realidad de la pandemia. “Los creadores de Bogotá han trabajado siempre en pequeñas y muchas veces grandes redes de colegaje. Esta esencia es la gran riqueza que nos permitirá tanto fortalecer la confianza y cooperación entre los agentes culturales cómo impulsar con más fuerza el vínculo entre los creadores y sus entornos, vecinos, comunidades”, dice Nicolás Montero, secretario de Cultura, Recreación y Deporte.

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