8 Aug 2020 - 4:24 a. m.

Los dos escenarios de Iván Duque con Bogotá

En los dos años de mandato las relaciones con la capital han estado mediadas por dos alcaldes con temples diferentes. Pese a ello ha primado el diálogo fluido, aun en medio de los choques por la pandemia. Algunos creen que se le debe dar más protagonismo a la ciudad.

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá

Felipe García Altamar

Periodista Política
Los mandatarios, además de la pandemia, han atendido temas como seguridad y el paro nacional.
Los mandatarios, además de la pandemia, han atendido temas como seguridad y el paro nacional.

Bogotá es una plataforma clave para el futuro político de cualquier partido. De ahí que la relación entre la nación y el Distrito sea toda una partida de ajedrez, en la que los mandatarios calculan el efecto de cada decisión. Saben que de los resultados, las alianzas o los protagonismos depende el rumbo de su movimiento. Y eso parece tenerlo claro el presidente Iván Duque, quien desde que asumió hace dos años ha tratado de cultivar una relación cordial con Bogotá y de mostrarse atento a sus solicitudes.

Sin embargo, la partida la ha librado en dos momentos con marcadas diferencias. Por un lado, la fluida relación por año y medio con el gobierno del exalcalde Enrique Peñalosa, la cual se tradujo en el respaldo a iniciativas como el metro y las troncales alimentadoras, y por el otro, la ácida relación con la alcaldesa Claudia López, con quien, pese a los choques por el manejo de la pandemia, mantiene un diálogo abierto, en especial en los temas de la ciudad-región. Si bien es pronto para pronosticar cómo evolucionará esta relación, para algunos expertos el trabajo pospandemia será clave.

A diferencia del expresidente Juan Manuel Santos, que coincidió con alcaldes de partidos de oposición, la llegada de Iván Duque y el primer acercamiento con el Distrito fue tranquilo, por su afinidad política con Peñalosa. “De una u otra forma, en términos políticos, no tenía una contraposición ideológica, como venía ocurriendo en las últimas relaciones alcalde-presidente”, resalta Nadia Pérez, docente del Instituto de Estudios Políticos de la U. Autónoma de Bucaramanga.

Esto, según Patricia Muñoz Yi, directora de la maestría en política social de la U. Javeriana, también se evidenció en los proyectos de alto alcance que respaldó, como la revitalización del Bronx. “No solo fue en movilidad, con Transmilenio o el metro, sino también apoyó temas de seguridad”. En esto coincide Ómar Oróstegui, investigador urbano y exdirector de Bogotá Cómo Vamos, quien agrega que había agendas y líneas comunes, pues, de todas formas, cabe resaltar que el secretario de Seguridad de Peñalosa, Jairo García, hoy es viceministro de defensa.

El partido de gobierno (Centro Democrático) le apostó a mantener esa relación, cuando apoyó en las elecciones de alcalde a Miguel Uribe (la continuidad de Peñalosa). No obstante, el plan fracasó con el triunfo de Claudia López, quien no solo llegó con el respaldo de fuerzas políticas opuestas al presidente Duque, sino por los antecedentes: López se ha caracterizado por sus diferencias con el partido del presidente en temas como la consulta anticorrupción o el plebiscito y por los fuertes choques con algunas de sus figuras.

A pesar de que semanas después de ser electa López se reunió con Duque e incluso hicieron anuncios sobre trabajar hombro a hombro por Bogotá, la primera grieta se vio con el manejo del paro nacional en contra del Gobierno y el papel del Esmad en las marchas. Así transcurrieron los primeros meses, hasta que la pandemia cambió el escenario. Ya no se trató de un asunto de ideologías, sino de eficiencia administrativa, gestión y manejo frente a un virus que llegó para amenazar a todo el país.

Según Muñoz Yi, de esta etapa que está viviendo Colombia y, en especial Bogotá, se podrían destacar dos cosas: “Primera, la personalidad tranquila y conciliadora del presidente Duque”, que se refleja en el compromiso de la nación para entregar 480 ventiladores para las UCI de Bogotá, a pesar de los choques con la alcaldesa, y, “segunda, que la pandemia ha mostrado situaciones que han acentuado esas diferencias entre los dos estilos de gobierno”. Todo esto, porque les ha tocado tomar decisiones en medio de la incertidumbre.

Para Nadia Pérez es evidente que “las cosas fueron cambiando con los meses. Hubo tensiones y una lucha de liderazgos, pues era evidente la confrontación política”. La docente ejemplifica esto en aspectos como la solicitud de la alcaldesa de cerrar el aeropuerto El Dorado, para evitar la llegada del virus, y el simulacro de aislamiento en la capital, con el que la alcaldesa tomó la delantera al Gobierno. “Ahí se veía a un Duque rezagado”, agrega.

Esto ha venido perfilando la actual relación entre la Casa de Nariño y el Palacio Liévano que, en palabras del analista político Aurelio Suárez, se podría describir como “tormentosa y poco fluida”, debido a que el presidente ha querido imponer un nivel de superioridad sobre la alcaldesa. “El Gobierno Nacional debe ser complementario y no competidor ni sustitutivo”. Esto mismo opina la congresista Katherine Miranda (Alianza Verde), al decir que las relaciones están en un momento tenso. “Bogotá siempre debería tener un papel muy protagónico en los gobiernos nacionales, ya que es la región que a años luz le aporta a la economía nacional, junto con Cundinamarca”.

A pesar de esto, otra es la opinión del representante a la Cámara Gabriel Santos (Centro Democrático). Para él, más allá de las diferencias, la Presidencia y la Alcaldía sí han podido trabajar juntos. “Y en gran parte se debe a que el presidente no le compró la disputa mezquina y politiquera a (Claudia) López, con lo que la ciudad hubiera sufrido mucho. Al contrario, ha mostrado su interés de escuchar a la alcaldesa y por encima de la ideología del Gobierno, apoyar a la ciudad”.

Es por ello por lo que Santos considera que el tono conciliador se debe mantener, en especial si se tiene en cuenta que tanto los planes de la nación como del Distrito cambiaron por la emergencia y todo debería apuntar a atender la pospandemia. “Creo que lo mejor es no ideologizar. No veo que, en lo que le queda de mandato a Duque, vaya a dejar de lado a la ciudad. No veo cabida a revanchas”.

La reflexión no se aleja de la claridad que todos (sin importar la orilla ideológica) tienen frente al reto que representa la emergencia para los mandatarios: ambos tendrán que trabajar para afrontar la pospandemia. Ómar Oróstegui asegura que será clave que ambas administraciones hagan un ejercicio de planeación financiera, en especial en el transporte, en mantener los logros de la movilidad sostenible y en enfrentar la pobreza. “Además, se debe tener en cuenta que los bares, restaurantes y hoteles generan el 30 % de los empleos y nadie les está prestando atención”.

Para garantizar el éxito de ese trabajo entre las partes, Oróstegui sugiere no seguir politizando temas técnicos y que los análisis de perspectiva para Bogotá se hagan en conjunto. “La pandemia evidenció que mal o bien Bogotá tiene una mejor red de seguridad social que otras ciudades y puede absorber ese choque, pero me afana es que se está agotando esa red”.

Le restan dos años de mandato a Iván Duque, en los que la relación con Bogotá será fundamental. En la lista de grandes desafíos están la reactivación económica y la recuperación a largo plazo del país, planes que no podrá sacar adelante si descuida a la capital. Por tal razón, sumado a compromisos como el metro, el Regiotram o los planes para consolidar el área metropolitana, Duque debe seguir estrechando lazos con Bogotá.

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