Bogotá

15 Dec 2015 - 8:12 p. m.

Los mensajes del nuevo gabinete distrital

Los colaboradores de Enrique Peñalosa son, en su mayoría, conocedores de los sectores que dirigirán.

Carlos Hernández Osorio

Enrique Peñalosa ya dejó ver la esencia de su gabinete. Aún no define cargos claves, como la Secretaría de Gobierno o la Dirección del IDU, pero las cartas que ha sacado envían claros mensajes. Por ejemplo, que el espíritu técnico que él quiere proyectar se combina con dosis de política y que, sobre todo, marca una diferencia radical con el grupo de colaboradores de Gustavo Petro, algo previsible, pero interesante para el análisis.

Están definidos los secretarios de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo; Seguridad, Daniel Mejía; Planeación, Andrés Ortiz; Educación, María Victoria Angulo; Salud, Luis Gonzalo Morales; Hábitat, María Carolina Castillo; Hacienda, Beatriz Arbeláez; Integración Social, María Consuelo Araújo, y Mujer, Cristina Vélez.

La gerente de Transmilenio será Alexandra Rojas; la del Acueducto, Evamaría Uribe; el de la ETB, Jorge Castellanos, y el de Canal Capital, Darío Montenegro. La directora de la UAESP será Beatriz Cárdenas; del IDPAC, Antonio Hernández, del IDRD, Orlando Molano; de Idartes, Juan Ángel, y del Idiprón, Wilfredo Grajales. En comunicaciones tendrá a los periodistas Luz María Sierra y Yesid Lancheros.

Algunos trabajaron con Peñalosa en su primer mandato (Salud, Integración Social, Transmilenio, IDRD) o en la campaña (Seguridad). La de Hacienda, de hecho, fue alumna suya. Pero hay otros factores para tener en cuenta. El nuevo alcalde ha dicho que los criterios de selección son técnicos, lo que se evidencia en que la mayoría proviene de cargos afines a los sectores donde se moverán. En eso está de acuerdo Carlos Arias, consultor en comunicación política y profesor del Externado: “Peñalosa busca mostrar su capacidad gerencial y hacer la diferencia con su antecesor”. Añade que, no obstante, también hay un mensaje político: “Sin importar su filiación ideológica, busca tener gente de experiencia para cada cargo y encontrar un consenso que le facilite trámites y procesos en el Concejo”. Pone como ejemplo a “María Consuelo Araújo, de la entraña del uribismo, y María Carolina Castillo, de Cambio Radical”.

También se confirma la posibilidad de entablar un diálogo fluido con la Nación. Primero, porque buena parte ha trabajado en dependencias de ese nivel (Planeación Nacional, ministerios, Bancóldex, superintendencias o comisiones de regulación); segundo, porque producto de lo anterior, quienes han estado en esos cargos hacen parte de una suerte de tecnocracia que, antes que chocar, tiende a compaginar con las líneas de acción que marcan las políticas nacionales. Petro y sus colaboradores, al contrario, mantuvieron roces con el Gobierno central debido a concepciones dispares sobre la aplicación de algunas políticas.

Ejemplos de esto son aseo y vivienda. Petro y sus directores de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) siempre consideraron que las normas nacionales del sistema de aseo impedían el reconocimiento real del trabajo de los recicladores, al punto de afirmar que, en tales condiciones, no podían estructurar una licitación para la recolección de basuras. El choque fue, particularmente, con la Comisión de Regulación de Agua Potable (CRA), que debe darles el visto bueno a los términos de la licitación y siempre consideró que no se requerían todos los cambios que pedía el Distrito. Pues bien: Beatriz Cárdenas, quien será la directora de la Uaesp con Peñalosa, no sólo ha sido asesora jurídica de esa entidad (en gobiernos distintos al de Petro), sino de la propia CRA.

En Hábitat el punto de quiebre es más notorio. Castillo, la nueva secretaria, llega del Ministerio de Vivienda, cartera de Cambio Radical que dirige Luis Felipe Henao, con quien Petro mantuvo fuertes encontrones por el modelo de la política de vivienda. Desde enero, no obstante, habrá un probable engranaje entre ambas partes.

Peñalosa, por otra parte, no tiene en su equipo, por ahora, a un político puro, como lo tuvo Petro al comienzo con Antonio Navarro. Está por verse si el concejal liberal Miguel Uribe termina, como se ha especulado, en la Secretaría de Gobierno. Pero el punto es que, en esto, también marca una diferencia enorme con su antecesor.

La razón: aunque además de las cuotas políticas Petro contó al comienzo con académicos, a varios los caracterizaba (sin que esto sea malo ni bueno) un pasado militante. Junto con Navarro, por ejemplo, estaban el abogado y docente Guillermo Asprilla, ex M-19, en la Uaesp; el consultor y docente Óscar Sánchez, exmilitante del Polo y de Progresistas, en Educación; el economista Ricardo Bonilla, quien alguna vez estuvo en las Ligas Socialistas, en Hacienda. En general, su círculo estaba muy vinculado a la Universidad Nacional.

María Mercedes Maldonado, la primera secretaria de Planeación, precisa: “Representábamos de forma más clara un proyecto político; hacíamos activismo político, aunque no necesariamente partidista”. Del lado del nuevo alcalde es claro que la palabra “política” no cae del todo bien, y por eso le contrapone lo “técnico” y lo “gerencial”.

Maldonado considera, sin embargo, que el nuevo gabinete “no es tan homogéneamente técnico”, algo que, reconoce, es difícil. Prefiere entenderlo como una representación de “los diferentes intereses que confluyeron en la campaña de Peñalosa”. Están “los empresarios, con Educación (María Victoria Angulo es directora de Empresarios por la Educación); los constructores, con Planeación (Andrés Ortiz gerencia una empresa de diseño ligada al sector inmobiliario); y los técnicos, con Movilidad y Seguridad”.

En lo político, reitera la influencia de Vargas Lleras con el nombramiento en Hábitat, y la raíz uribista de Araújo, de la que recuerda que “no tiene experiencia en el manejo de política social”.

Independientemente de la procedencia de los escogidos, la clave de cualquier nombramiento es que sea funcional a la apuesta de ciudad del mandatario. Peñalosa ha dejado claro, con sus declaraciones sobre el metro y el Acueducto, por ejemplo, que le interesa la eficiencia. Y confía mucho en la gente de la que se está rodeando, al punto de admitir que varios de ellos ni siquiera votaron por él.

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