Bogotá

19 Apr 2016 - 10:56 p. m.

Los propietarios en la Van der Hammen también están divididos

Los dueños de los predios llevan más de una década en la discusión sobre la urbanización o la conservación del suelo protegido.

Redacción Bogotá

El futuro de la reserva Thomas Van der Hammen está marcado por la incertidumbre. El debate, que se mueve entre la idea de urbanizar gran parte de sus 1.400 hectáreas y la idea de conservar la zona de protección, no nació con la propuesta del alcalde Enrique Peñalosa, que se decanta por la alternativa de convertir esas tierras en una zona de expansión para la ciudad. La polémica lleva al menos 16 años y la han sostenido los mismos propietarios de la zona, que en decenas de reuniones han cruzado opiniones y hasta estudios para debatir el futuro de sus predios.

La historia arranca en las décadas del 40 y 50, cuando se fragmentaron las haciendas La Conejera y Las Mercedes, las más importantes en la zona. Después de su parcelación, comenzó la venta de tierra en pequeñas porciones. Allí llegaron algunas familias y campesinos a construir sus viviendas y a explotar agrícolamente los terrenos. En los 70 se dio un proceso de transformación de los propietarios, de quienes se dedicaban a actividades agropecuarias hacia otras como la floricultura. También aparecieron empresas inmobiliarias que compraron suelo con la expectativa que produjo la inevitable expansión de la ciudad. A finales de siglo llegaron bancos y empresas de inversión a la zona, lo que indicaba que esas tierras empezaban a hacerse interesantes frente a los potenciales incrementos del precio de su suelo.

En el 2000, el Ministerio de Ambiente declaró la zona de reserva, aunque no la reglamentó. En la década siguiente, cuando el norte de la ciudad fue señalado como zona de expansión, la reserva ganó protagonismo. Los constructores se asentaron con fuerza ante las expectativas de urbanizar esas tierras. Las familias, que fueron las primeras propietarias, empezaron a abandonar la zona. Con la declaración de la reserva ambiental y los claros intereses económicos de por medio, el destino de esas tierras parecía sellado.

Choque

Sin embargo, entre los dueños de la reserva surgieron con fuerza los que promueven la idea de urbanizar. Asodessco, por ejemplo, es una de esas organizaciones. Se trata de una asociación que agrupa a propietarios de predios en la reserva y en su zona de influencia, que creen que se puede construir y, a la vez, conservar. Es tal su convencimiento, que desde antes de que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) reglamentara en 2011 la zona de protección, había presentado una iniciativa para urbanizar conservando los corredores que conectan los cerros orientales con el río Bogotá. Curiosamente, su propuesta es similar al plan que hoy presenta el alcalde Peñalosa cada que tiene que explicar su proyecto en el norte de la ciudad.

Para Patricia Gómez Castellanos, representante de Asodessco, “la reserva solo existe en el papel”. Además, sostiene, que si el Distrito va a comprar predios para proteger la reserva, la pregunta es ¿cuánto va a pagar por cada metro cuadrado? “Los propietarios, como colegios, universidades e industriales están hace años. Antes había planes para construir, ahora es reserva. Todo ha cambiado y es más complicado”.

Del otro lado hay propietarios como María Elena Anaya Maya, quien vive en la reserva hace más de 50 años. Ella es una de las voces que se han alzado contra la urbanización y que quieren que siga siendo área protegida, por su valor ambiental. Se ha enfrentado a Asodessco durante años en las decenas de reuniones de propietarios, en las que se ha discutido el futuro de la Van der Hammen.

¿Irregularidades?

El caso de María Elena Anaya, además de demostrar que hay propietarios que también le apuestan a la conservación, da cuenta de cómo las dudas que aún hay frente al uso de suelo en la zona, han dado pie a posibles irregularidades. Por ejemplo, en 2015 ella recibió el cobro del impuesto predial con sorpresa, pues el destino catastral del predio del que es copropietaria había cambiado de suelo protegido a comercio puntual. La razón: uno de los copropietarios había montado un negocio en su porción de terreno. Este cambio estaba prohibido a la luz de las normas que rigen la reserva. Después de las gestiones de Anaya Maya, Catastro finalmente corrigió la clasificación.

Pero este episodio, cree Anaya, es muestra de las irregularidades que posiblemente se han cometido en la reserva para cambiar usos de suelo, sobre todo, en medio de la incertidumbre que hay alrededor del futuro de la zona de protección. Entretanto, todos los interesados están a la expectativa de que se reafirme la protección o exista una propuesta oficial para levantar la restricción para construir.

“Estamos esperando a que el Distrito presente su propuesta. Se ha especulado mucho, pero no se ha visto ni ha conocido”, concluye Patricia Gómez de Asodessco. La incertidumbre sobre la Van der Hammen, que recién aparece en el debate público, realmente se viene sosteniendo desde hace décadas entre sus propios pobladores.

 

 

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