Bogotá

27 Sep 2013 - 10:00 p. m.

'Made in' el Restrepo

Expertos italianos que forman a los diseñadores de marcas como Salvatore Ferragamo y Versace llegaron para ayudar a los zapateros bogotanos a crear una marca propia.

Jhon Palomino

Si algo tienen muy claro los comerciantes de calzado del Restrepo es que el contrabando no se va a acabar. Los productos procedentes de China son tan baratos que ninguno de los zapateros, muchos de los cuales han heredado una tradición de hasta 60 años, puede competir. La tecnología en las pequeñas empresas es casi nula y así como se trabajaba hace 30 años, se está trabajando ahora: a mano, con moldes y bisturí.

Sólo las ‘grandes empresas’ del sector —que tienen unos 30 empleados— tienen la suficiente tecnología para producir más y mejores zapatos. Sin embargo, esa tecnología está lejos de darles la talla a las grandes fábricas automatizadas y las maquilas asiáticas.

Algunos se resisten a dejar de lado la producción manual. Creen que con el bisturí les va mejor, porque piensan que una máquina desaprovecha materiales. Además, como lo afirma Edixon Solano, dueño de una fábrica de calzado deportivo, tendrían que buscar una bodega más grande, pagar más servicios y producir más, “¿y para qué producir más, si la gente no compra el producto colombiano?”, se pregunta.

Para otros comerciantes, la crisis de los zapateros del Restrepo no es de plata. Víctor Bedoya, un fabricante que lleva 38 años en la industria del calzado, dice que “el principal problema que tiene nuestro sector es mental”. Afirma que los zapateros hacen parte de “una cultura de quejosos que no saben manejar el negocio”. Víctor se ha quebrado en cuatro ocasiones y en todas ha logrado levantarse haciendo lo mismo: fabricando zapatos. Sin embargo, cree que para salir de la crisis tienen que innovar: “no tenemos diseño, copiamos”, comenta.

Por ese motivo la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico (SDDE) trajo esta semana desde Italia a la firma Ars Suttoria, una escuela de diseño donde se forman los diseñadores que trabajan en las fábricas de Salvatore Ferragamo, Hermès y Versace.

El secretario de Desarrollo Económico de Bogotá, Carlos Simancas, dice que la idea es “penetrar nuevos mercados a partir de la diferenciación de los productos. El mercado internacional está muy competido, especialmente con el calzado, no por la calidad sino por el precio”.

La idea que tiene la SDDE es ayudar a los empresarios de calzado del Restrepo a crear sus propias marcas y a explorar nuevos diseños, que no se queden en copiar. “En colaboración con ONU Hábitat estamos desarrollando el programa. Queremos que los empresarios entren a nuevos mercados y logren que el Restrepo se consolide como una marca”, afirma el secretario.

La industria de calzado italiana cuenta con la suficiente capacidad tecnológica, económica y estratégica como para impulsar el desarrollo de productos nuevos. Milena Buttarello, representante de la escuela europea, cuenta que en su país “las marcas se identifican más por la ciudad”. Uno de tantos objetivos es, entonces, que las marcas de los zapateros sean conocidas y posicionadas con el sello del Restrepo. Buttarello expresa que quieren impulsar en los jóvenes zapateros (que son muchos) y los que llevan hasta 40 años, el desarrollo de colecciones, la innovación en el diseño, la implementación del marketing y la ilustración de las tendencias.

El secretario Simancas destaca que al no poder competir por cantidad ante los productos extranjeros, se piensa competir con calidad, creatividad e innovación.

Hay quienes no creen mucho que el problema sean esos tres aspectos. Óscar Muñoz, un diseñador de zapatos de la marca Vélez, comenta que “las personas más creativas en el mundo somos los colombianos. Lo que pasa es que hay muy pocas oportunidades para crecer en el país”. Lamenta que culturalmente el colombiano no prefiera sus propios productos. “Yo por un diseño cobro $300 mil, pero viene un español o un brasileño y cobra $600 mil y ahí sí se lo compran, porque es extranjero”, afirma.

Muñoz cataloga a la industria del calzado en Colombia como problemática “desde la vaca hasta su comercialización”. Cuenta que usar alambre de púas en las fincas ganaderas y montañas colombianas es el primer problema, “el ganado se raya y la calidad del cuero no es la misma. Mientras en Argentina se usa malla, aquí seguimos en la década de los setenta”.

El segundo problema, según Muñoz, es que los hatos no están en manos de los dueños, sino de terceros, según él, porque los ganaderos están presionados por la subversión, “están secuestrados o fuera del país porque los van a secuestrar”, comenta.

En Colombia no es posible fabricar un zapato de dos mil pesos, cuentan algunos fabricantes del Restrepo, porque la mano de obra es más cara, es en su mayoría artesanal y no se cuenta con la suficiente tecnología de punta. Edixon, el dueño de la fábrica de tenis, por ejemplo, no cambia a sus cuatro empleados por máquinas, pero por lo menos anhela tener una troqueladora —una máquina para cortar y moldear el cuero—. “Lo que pasa es que es muy cara y toca a mano”, dice.

El secretario de Desarrollo Económico anunció que los proyectos de crecimiento, no sólo para el sector del calzado, sino para los sectores catalogados como impulsores de la economía bogotana —confecciones, calzado y alimentos—, tendrán un apoyo especial. “El banco Muisca va a financiar con crédito a todos los pequeños empresarios y negocios que están vinculados”, expresa.

El 25 de septiembre fue inaugurado el centro empresarial Zasca en el Restrepo, un complejo de tres plantas en el que estarán ubicadas salas educativas, de producción y capacitación para los comerciantes y fabricantes de la zona.

Simancas hace referencia a lo sucedido con el sombrero vueltiao a comienzos de 2013. “Los sombreros, por muy chinos que sean, no lograrán la calidad del sombrero vueltiao. Es tan original que no es fácilmente compatible”. Por ese motivo, los diseños de los fabricantes de calzado del Restrepo apuntan a que su calidad no tenga competencia con los mercados extranjeros, que amenazan con quebrar una tradición que ha enmarcado el éxito de la industria textil bogotana.

 

 

jpalomino@elespectador.com

@jhonpalomino

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